La gran mayoría de los síntomas propios de las últimas etapas
de la enfermedad [de Alzheimer] se atribuyen a la pérdida
de conexiones sinápticas y a la muerte de células nerviosas.
Eric R. Kandel
[NOBEL de Medicina y Fisiología de 2000]
La versión del DRAE que tengo a mano define las sinapsis como la relación funcional de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas, —y la enciclopedia «Micronet»® añade—, que a la vez separa y une. Esta adición facilita bastante la comprensión del fenómeno.
El proceso arranca con la activación del potencial eléctrico (-70 mV) que polariza los espacios, interior y exterior, de cada membrana celular en reposo: pasa por cero voltios en menos de un milisegundo y alcanza el potencial positivo denominado "potencial de acción" (+40 mV), que se disipa inmediatamente después. Termina ahí la "sinapsis eléctrica", pero en ese tiempo infinitesimal se ha producido en la pared celular la apertura de los canales que posibilitan el volcado a la hendidura sináptica de los iones de sodio que captará la célula receptora o "postsináptica" y, de inmediato, en la emisora o "presináptica" la admisión de iones de potasio para que el potencial vuelva a su estado de reposo. Este flujo de iones es propiamente hablando la "sinapsis química". *
Por lo que atañe a las células nerviosas que se alojan en el córtex cerebral, —el medio millón de neuronas de que disponemos al alcanzar la edad adulta—, no me parece equivocado decir que la vida toda, como tal, no es sino el resultado de miles y miles de sinapsis reaccionando en cadena. El Dr. Kandel precisa:
De esta manera [como resultado de la reacción en cadena] se transmite de un extremo a otro de la neurona una señal que corresponde a una experiencia visual, a un movimiento, un pensamiento o un recuerdo. **
Si asumimos que el proceso de aprendizaje de los seres vivos y, por tanto, los avances en la formación de cada individuo en particular y de la sociedad en general se han ido produciendo porque la multiplicación de contactos sinápticos ha sido positiva, hay razón más que suficiente para afrontar con abrumadora urgencia su regresión, la amenaza del mal real —no metafísico— invasivo en este siglo XXI: la enfermedad de Alzheimer.
Por aquí, en Europa, la progresión del mal es evidente. Hace 25 años conocí a la primera persona que me dio noticia "directa" de la enfermedad. Ella, una profesional brillante, tuvo que abandonar su carrera en la Unión Europea para regresar a España a cuidar a su madre. Pasaron unos cinco años hasta que supe del segundo caso, el de una persona del círculo de mis amistades. Luego todo se aceleró. Raro fue el año sin (malas) noticias; y del pasado a éste dos personas de mi familia avanzan lenta pero inexorablemente hacia la desconexión final de todos sus contactos sinápticos. Ayer mismo, imagino que para aliviar su desesperación, me telefoneó un viejo amigo y me describió el cuadro surrealista de su esposa asomada al balcón, desnuda y gritando que él no era su marido...
Pienso que conviene mirarse atentamente al espejo cada mañana y preguntarse si empeñamos nuestro saber en las prácticas de higiene mental que intuimos pueden mantener nuestras sinapsis en funcionamiento. Porque, aunque los más afamados neurofisiólogos y especialistas del cerebro estén en ello, hoy por hoy la paradoja capital reside en que sólo disponemos de nuestras sinapsis para cuidar de sí mismas.
__________
Termino esta nota el día que dan por televisión la noticia de que se ha detectado —en las proteínas que ocupan los terminales sinápticos— una especial característica cuya presencia apunta a la mayor o menor propensión a padecer la enfermedad. Supongo que el "Portal del Alzheimer" www.alzheimer-online.org dará pronto información extensa sobre ello.
FAB.
* Por su claridad, reproduzco la imagen de un texto del 2º curso de bachillerato actual.
Los adolescentes de hoy están sin duda más preparados para entender la importancia
de lo que está en juego.
** "En busca de la memoria" —Katz Editores, 2007—
ISBN :: Argentina 987-1283-40-8 :: España 84-935432-8-0
|