... es decir, por naturaleza, “de todo el universo orgánico”. Pero mi pretensión no es —no puede ser— comprimir en 600 palabras semejante discurso, aunque antes de apearme de lo universal deje apuntada una nota etimológica: el verbo latino rumpere pasó al castellano hacia 1140 como “romper”, y unos ochenta años después lo hizo corrumpere. Ya dentro del desarrollo autóctono de la lengua aparecieron en 1444 “corruptible” y su antónimo.*
Es difícil, por no decir imposible, saber cuándo se produce el tránsito del fenómeno físico de romper(se) a la evaluación moral de corromper(se). Incluso cabe preguntarse si tiene sentido imaginar que hubo un tránsito. Tratar de sustanciar la respuesta en los ochenta años citados sería una tontería; véase, si no, la nota al pie. Puestos a argumentar “hacia atrás”, mitos y creencias nos ilustran en todas las lenguas y culturas de la temprana presencia de lo corruptible en el ser humano. Por ejemplo, las costumbres depravadas fueron señaladas muchas veces como causa de los cataclismos naturales. En las mentes rectoras del pasado remoto, el corrumpere antecedió o fue parejo con el desastroso rumpere del entorno físico. Hoy en día los gobiernos nacionales y las instituciones supranacionales destinan una parte de sus recursos económicos a la lucha contra la corrupción. Es normal que esa parte resulte insuficiente para combatir a un enemigo que se ha organizado a escala “global” y que obtiene inmensos beneficios de sus actividades. La desigual pelea se agrava sobremanera cuando los “malos” logran infiltrarse en el comparativamente pequeño ejército de los “buenos”. Sucede entonces que para sellar la infiltración antes de que lo contamine todo hacen falta hombres, funcionarios, “superbuenos”.
El cine, —en especial el norteamericano—, para que no menospreciemos la importancia del problema, lo ha explicado y lo explica recuperando sucesos, “casos reales”, que dejan atónito al ciudadano de a pie. Cito sólo dos películas significativas, distanciadas entre sí 34 años. Ambas retratan la obstinación infinita —sobrehumana, a mi juicio— que hace falta para enfrentarse a la corrupción cuando ésta ha mordido a los defensores de la Ley. En ambas películas se materializa el hombre por el que preguntaba Juvenal: el personaje capaz de “vigilar a los vigilantes” sin quedar contaminado en el empeño. **
Sydney Lumet lo retrató en SERPICO (1973). Es el policía despreciado por sus colegas porque no acepta sobornos; el que comprueba que la corrupción es la norma en su entorno y decide hacer pública la situación. Ridley Scott lo acaba de hacer en AMERICAN GANGSTER (dic. 2007), donde una pareja policial se enfrenta a la tentación de apropiarse de una gran suma de dinero ilegal que ha requisado en una operación sin testigos.
Se me han borrado los detalles precisos de la historia de Frank Serpico. Sólo recuerdo que terminaba con la identidad cambiada y protegido en alguna parte. La gesta más cercana, la del agente especial Richie Roberts, que arriesga su seguridad más allá de cualquier límite razonable, termina en cambio “abierta”, y permite abrigar la esperanza de que es posible acabar con la corrupción de los gobernantes.
He necesitado escribir estas líneas porque al salir del cine me acordé de Robespierre, “el Incorruptible” de la Historia. Los extremos a que lo arrastró su “virtud”, y su desenlace, me hicieron pensar que la película de Scott tiene algo de cuento de hadas.
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* Corominas, en la Introducción de su «Breve Diccionario Etimológico...», advierte que las fechas corresponden a la “aparición” de las palabras en textos escritos, lo cual significa que en el lenguaje hablado lo hicieron a veces muchos años antes.
** Juvenal, el poeta satírico del siglo I, al parecer dedicó su pregunta —Sed quis custodiet ipsos custodes?— a un amigo que iba a casarse.
Las imágenes:
—Denzel Washington (el gangster Frank Lucas) frente a Russell Crowe (el policía Richie Roberts) en el pulso dialéctico que sostienen al final de la película.
—Maximilien de Robespierre [1758 – 1794]
FAB
Nota a fecha 15 de JUNIO de 2010
Los veintisiete meses transcurridos desde que cerré las líneas anteriores (abrigando la esperanza del fin de la corrupción gubernamental) han estado salpicados en España, casi de continuo, por acusaciones emanadas de la oposición contra el gobierno, y contestadas por éste con otras de la misma factura. La multiplicación de "gobiernos" que derivó del estado de las Autonomías —'autonosuyas' recuerdo que las llamó un humorista— ha ampliado el campo de cultivo. Ya es raro que de los 'gobernantes' que lo fueron, no esté alguno en la cárcel o encausado. Los hay de todos los partidos y para todos los gustos. Lo positivo de la situación es que alguien paga sus culpas o 'deslices'; lo negativo son las operaciones de 'ingenería jurídica' o, más simple, 'fontanería del poder', que asoman la oreja cuando un periodista, más audaz de lo común, logra desvelar algo y ponerlo en conocimiento público.
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Este artículo cierra las incorporaciones a ANTELESPEJO de las notas que escribí
para «delSUR» desde mayo /2002 hasta diciembre/2008, [número 100 de la revista argentina]. Las siguientes duplican su presencia en fecha real, el primer día de cada mes. Otras 'duplicidades' son de naturaleza temática, como la que hoy me sugiere la fontanería del poder que cito con la referencia al Club Bilderberg que, precisamente, cierra el artículo "de la clepsidra..." en la pestaña «...alandar». Si el lector quiere entrar en el juego de estas divagaciones dúplices, le recomiendo que pulse AQUí.
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