... el poder se ejerce [...] en determinada dirección, con unos a un lado
y los otros en el otro; no sabemos quién lo tiene exactamente,
pero sabemos quién no lo tiene.
Michel Foucault
Es infrecuente que la decencia se apunte un éxito rotundo en la arena política. Nótese que cuestiono las posibilidades de triunfo de la honradez, así, sin paliativos, pero no la existencia de políticos honrados, de los que poco sabemos porque raras veces les dejan hablar o exhibirse.
Por eso, quizás, los periódicos han calificado de milagro el éxito reciente de un partido “construido” en seis meses y liderado por una mujer y un filósofo.
Ha sucedido en España, en las elecciones generales celebradas el pasado 9 de marzo. Estoy seguro de que algo parecido se habrá producido antes en otras democracias o se producirá más adelante, porque el caldo de cultivo para tan necesario alumbramiento es el bipartidismo, y en éste navegan casi todas las políticas del mundo que han dejado atrás el ominoso partido único.
Sesudos análisis se han escrito y escriben sobre los males y bienes que se derivan de la polarización del voto hacia dos partidos, en esencia hacia dos cabezas rectoras. Es cierto que, al menos en España, una cohorte de formaciones políticas coexiste con las dos que acaparan más del ochenta por ciento de los votos. Pero además, hoy ya, en número de votantes, es muy grande la distancia de la tercera formación a la “suma” de los votos de “las dos”. En esta última confrontación la tercera fuerza ha quedado en el entorno de un voto frente a 20; la cuarta en la de un voto frente a 30 y la quinta, el partido del “milagro”, en la de un voto frente a 70. En semejante proporción, pero con unos pocos votos menos, quedaron dos formaciones nacionalistas, dos más bastante peor, y desaparecido el resto de la cohorte inicial.
El número de votos no se traduce después en representación parlamentaria proporcional. Este aspecto de la cuestión atañe a las particularidades de las leyes electorales que rigen en cada democracia, por tanto —a pesar de su trascendencia— no es argumentable con carácter general. Sin embargo, la fuerza de la decencia sí lo es, y saber que alguien ha luchado denodadamente por disponer de un sitio para defenderla (¡y que lo ha conseguido!) es una excelente noticia para cualquiera que se sienta fatigado, acosado o manipulado, por los eslóganes y tretas del bipartidismo.
Imagino la pregunta capital que se hicieron la mujer y el filósofo al poner su proyecto en marcha, a seis meses de las elecciones y sin contar con ayuda institucional alguna:
¿Cómo convenceremos a los ciudadanos de que nuestro programa es una alternativa real al bipartidismo, y de que tiene futuro?
Fuera esa la pregunta u otra parecida, se respondieron a sí mismos saliendo “al ágora”, es decir, echándose a la calle a explicarlo. Contestaron cara a cara a todo lo que les fue planteado y, sobre todo, contestaron con la verdad, aun sabiendo en más de una ocasión que con la verdad podían perder el voto del interlocutor que les formulaba la pregunta.
Más de trescientos mil españoles les han creído. Un número que ha superado el de formaciones consolidadas hace decenios. Un arranque lo bastante brillante para que lo tengan en cuenta los dos partidos que les negaron el pan y la sal, y que hasta se valieron de sus aparatos de poder, de su “fontanería”, para desacreditarlos.
Ahora toca esperar a que, desde la atalaya conseguida, la decencia muestre su fuerza. Por ello es oportuno brindarle al filósofo las palabras de otro *:
«Nada tiene significación en un instante dado, todo la recibe de su desarrollo.»
Y así será.
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FAB.
* Emmanuel Levinas, «Los imprevistos de la Historia» :: ISBN 84-301-1603-6
En la foto de EFE, Mario Vargas Llosa acompaña a Rosa Díez y a Fernando Savater en el acto de presentación de UPyD [Unión, Progreso y Democracia] —29 Setiembre 2007—
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