Aunque a veces me he dejado influir por la agresiva propaganda de las películas, suelo guiarme por mi intuición, curtida desde los años en que la sesión doble era "la norma" de los cines de barrio.
Calculo que hasta la década de los sesenta no empecé a fijarme primero en el nombre del director para decidir qué programa ver. En caso de "empate", los intérpretes inclinaban la balanza. De las reseñas de prensa, irresponsables destripadoras de argumentos, siempre he huido como de la peste.
Sin embargo, reconozco que entrar en un cine guiado tan sólo por el nombre del director conlleva el riesgo de que, por esa vez, el genio la haya "pifiado". Aún así habrá valido la pena: inmerso en el infinito espacio oscuro, el seguimiento del torrente de imágenes me permitirá descubrir qué falló, y esa experiencia engordará un poco mis flacos "saberes" de cine.
Lo que antecede viene a cuento por «El lector» (1) de Stephen Daldry, director de «Las horas» y de «Billy Elliot», excelente bagaje para confiar en su oficio.
A estas alturas (oscarizada ya Kate Winslet), será muy difícil que alguien pueda aspirar a sentarse en la butaca sin saber de qué va el personaje que interpreta. Yo había tomado mis precauciones y pude disfrutar del privilegio de mi ignorancia para recorrer con Daldry los mismos pasos de su introspección, las muestras palpables del esfuerzo que tuvo que hacer para transformar en imágenes lo que había leído y quería contar: lo que estaba escrito desde hace casi tres lustros en «Der Vorleser». Cargado de premios y traducido a 30 idiomas, el libro de Bernhard Schlink hubo de esperar tan solo a 1997 para presentarse en español (2). Quienes lo hayan leído habrán salido disparados a ver la película en la primera semana de su estreno. Lo digo porque para ellos es irrelevante y de imposible cumplimiento lo que recomiendo a continuación.
La comparación de los libros y las versiones fílmicas que los desarrollan (más o menos fielmente) divide en dos a su audiencia potencial: quienes eligen primero ir al cine y luego leer el libro, y quienes proceden al contrario. Mi recomendación se inclina por apuntarse a la primera opción, siempre que sea posible. La razón reside en que la segunda (leer antes de ver) desbarata por completo el nivel de complicidad e intriga que haya creado el director, precisamente para "nosotros". Queda, por supuesto, el disfrute de todo lo demás, pero siempre "filtrado" por el juicio previo que arrastremos desde la lectura.
Daldry ha ensamblado la historia que contó Schlink en un juego de espejos y paréntesis que no están en el libro. Y lo ha hecho con maestría. Los "añadidos", el espléndido comienzo por ejemplo, no adulteran la historia en ningún caso; antes al contrario: densifican la cualificación de drama sobre el amor, el honor y la compasión que un crítico le endosó al libro; es más, elevan la incertidumbre sobre los motivos que rigen las conductas de sus protagonistas. El espectador queda atrapado por el "espectáculo" en sí y por el ejercicio de adivinación que le impone la rara conducta de Hanna, de quien ignora durante tiempo hasta el nombre. Las analepsis (flash backs) conforman el juego de espejos a que me he referido antes, y suman otra incógnita que acerca la narración al suspense policiaco.
Por señalar un par de "defectos" que no quede: la lengua y el suelo alemán cimentan la película; por tanto, mostrar en inglés las páginas de un libro que maneja Hanna carece por completo de sentido. También opino que sobran las fechas "empastadas" para fijar los sucesos. Es cierto que atender a la solución de las incertidumbres sin esa ayuda sería quizás excesivo. Pero luego, meditando en casa, uno se daría cuenta de que había presenciado una obra (casi) maestra, merecedora por lo menos, como todas las que lo son, de una segunda visita al cine.
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 (1) El lector (The Reader)
Director: Stephen Daldry
Reparto: Kate Winslet, Ralph Fiennes, David Kross, Alexandra Maria Lara, Bruno Ganz, Volker Bruch
On Pictures :: 123 minutos :: año 2008
Estados Unidos, Alemania __________
(2) Ed. ANAGRAMA, Barcelona, 1ª ed. 1997; 8ª ed. 2009 ISBN 978 84 339 0849 0 Traducción de Joan Parra Contreras
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FAB
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