Si la teoría de la cultura pudiera formular una pregunta al siglo XXI sería: cómo la Modernidad piensa mantener bajo control su experimento con la globalización de los celos (rivalidades, antagonismos). Peter Sloterdijk, «Esferas III» -p. 315-
VAYA en primer lugar, mi felicitación a Oswaldo Bayer por la crónica que firmó desde Bonn y publicó PÁGINA_12 en la contratapa del 1 de agosto.(•) Imagino a los integrantes de la mayoría silenciosa, que hayan leído la crónica, unidos a mi felicitación. Esa mayoría, –no huelga decirlo–, es la que aguanta y calla un día tras otro ante los cínicos abusos de ricos y poderosos, –atributos del ser humano, éstos, que no siempre, aunque casi siempre, van juntos–.
Bayer ha glosado in extenso "lo que se llama la fantasía de la realidad". Ha encabezado su glosa con la peripecia de los 80+50 millones de euros cobrados por Wendelin Wiedeking en un pispás. Las similares peripecias de los personajes que luego cita se resumen en indemnizaciones por despido que, de mayor a menor, empiezan en millones 350, siguen en 210, 200, 130... y que hacen de Wendelin un paria entre sus pares, porque de las dos cantidades de la suma que ha percibido, sólo la menor (50) le fue abonada por despido.
Al decir Bayer que para completar la lista tendría que llegar al final de la contratapa me devolvió a mi particular colisión con el manido tópico de la punta del iceberg, el cual –excusándome– no tuve reparo en utilizar en marzo de 2003 («delSUR» nº 41) en la glosa de otra peripecia semejante: la de una herencia de 1.560 millones de euros.
No voy a repetir la conclusión a que me llevó el manejo de la cifra de esa herencia, sino sólo a decir que la metáfora de "las placas de hielo circumpolares" –que utilicé entonces para imaginar la enorme suma de riquezas difusas– ha demostrado que sigue en vigorosa vigencia.
Para no excederme apuntaré tan solo otra colisión, también tópica: la persistencia tozuda del apotegma de Lampedusa. Me regocija (léase en sentido figurado) comprobar su reflejo en las palabras de Bayer: "... todo terminó con champaña y sonrisas. Somos todos democráticos...".
El repetitivo uso que un sinnúmero de políticos hace de la no solicitada "confesión" de filiación democrática desvela la excusatio non petita que los condena.  Aunque, por supuesto, creo que todos los ciudadanos del primer mundo, –lo que descarta naturalmente a los súbditos de los sátrapas de los otros mundos–, hemos de considerar si realmente contribuimos a la existencia de la democracia con algo más que nuestro voto.
La omnipresente proclama de "globalización" tiene que significar un reparto justo de trabajos y salarios. Mas, mientras eso se consigue, es todavía más perentorio (bisogna!) que todas las familias dispongan al menos de un grifo en su casa...
Los grandes prebostes de la inconclusa lista de Bayer pueden hacer números y calcular si, con menos de la mitad de su indemnización por despido, y burlando a los sátrapas, se conseguiría que de esos grifos mane además agua potable antes de que el siglo XXI cierre su primer decenio.
__________ (•) la apostilla añadida la quincena pasada a la vieja nota «de lampedusianos y... » ya contenía este mismo botón rojo>>> que vincula la crónica de Oswaldo Bayer.
FAB
|