... un inteligente dardo que apunta,
dispara y acierta de pleno
en las paradojas del capitalismo.*
Sería instructivo saber, aunque fuera de modo aproximado, cuántas personas, de un entorno estable y de edades comprendidas entre los 40 y 70, se deciden a lo largo de un año a aprender los rudimentos suficientes para manejar un ordenador y "navegar" por Internet.
Por entorno estable entiendo un área de población concreta, no excesiva, ni sometida a fuertes vaivenes migratorios. Es posible que el conurbano de Buenos Aires, donde se reparte esta Agenda, responda a esas condiciones, pero los argumentos que siguen son aplicables a cualquier otro entorno.
Llevo un tiempo observando cómo lo que entendemos por industria informática, en bloque, se mueve (desarrolla) con aceleración constante. Como se sabe, todo lo que se mueve de ese modo aumenta su velocidad cada segundo que pasa. Es decir, si alguien o algo no anula la aceleración, la velocidad llega a ser prácticamente incontrolable. El ejemplo más a mano es la caída libre dentro de nuestra atmósfera. En la literatura norteamericana existe al menos un título aplicable al fenómeno físico: The harder they fall. La elipsis de su antecedente en el aforismo [the bigger they are] fue respetada en la traducción española: Más dura será la caída hizo de la física metáfora.
Las edades que cito acotan un span o lapso de 30 años; transcurridos éstos, satisfarán las hipótesis que ─imagino─ maneja la industria informática, tanto en aparatos (hardware) como en aplicaciones (software). Tales hipótesis cuentan con que el número de consumidores que ya no podrán prescindir de sus servicios en el 2040, sobrepasará el 90% de la población contribuyente.
Para saber hasta dónde mi imaginación acierta es por lo que sugiero al principio una cuantificación instructiva, que es también un recurso tentativo, una respuesta mínima al invasivo proceder de los magnates del silicio y a sus prácticas, que fuerzan a los consumidores a reemplazar computadora y aplicaciones ─o ambas cosas al mismo tiempo─, cada vez con mayor frecuencia.
Naturalmente, las obligadas sustituciones vienen edulcoradas por mejoras de aparatos y programas, mejoras que son reales, aunque en algunos aspectos poco más que cosméticas y, rara vez, de verdadera urgencia. Al usuario poco experto pueden darle problemas cuya solución no conseguirá sin ayuda.
El caso es que la imposibilidad de prescindir de la computadora copa cada día más campos y tareas del diario quehacer. Pronto será muy difícil contratar servicios vitales, como la electricidad o el agua potable, si el consumidor no acepta pagarlos en "facturas sin papel". Eso es un avance, pero reverdece uno de los propósitos fallidos de los albores informáticos: "¡Reducir el consumo de papel al mínimo!". Parece haber sucedido lo contrario: de la masa ingente de documentos que generan los ordenadores no queda uno sin "hard copy" que, además, por su fácil reproducción, se multiplica como los hongos.
Siempre sucede que este tipo de cosas ha sido presentido y explicado en clave artística por alguien (muy inteligente). Si el lector es menor de 40 años y le pica la curiosidad, le recomiendo que busque en el videoclub la película «El hombre vestido de blanco». Me atrevo a asegurar que no le decepcionará. Luego, si medita un poco, podrá trasladar el por qué la sociedad de ayer rechazó un tejido indestructible al por qué la industria informática de hoy no está dispuesta a suicidarse produciendo ordenadores imperecederos, o casi.
Un paso más y quizás se anime a preguntarse:
- ¿Hasta cuándo los magnates mantendrán la aceleración constante?
- ¿Han previsto alguna solución para la gente que llegue desinformatizada al 2040?
Esta segunda cuestión es menos inocente de lo que parece. El cómputo propuesto al principio "informaría", por ejemplo, de cuántas personas retiran todavía la Agenda para leerla en papel. La proyección de ese dato a grandes entornos de población permitiría calibrar no la cifra, pero sí la magnitud del problema. __________
* Este comentario crítico de Rafael Arias Carrión a «El hombre vestido de blanco» conserva hoy plenamente su vigencia. Anticipa la acelerada carrera emprendida por el sector informático del "capital", el sector gigantesco sine qua non se ve posible el gobierno del mundo. La luchas inter pares por mantenerse en cabeza, destruir al oponente o fusionarse con él, saltan a los medios de vez en cuando. En esa contienda sin tregua se roban o seducen las inteligencias jóvenes que ha fichado el enemigo, ─los fenómenos del Silicon Valley ─. Recarga la paradoja, y casi la satura, que esas inteligencias, ya en los primeros tiempos de demanda agobiante (por su escasez), fueran calificadas por Manuel Vicent como "ejecutivos de usar y tirar", otro anticipo de la derrota de lo imperecedero.
• En España y Argentina el título de la película fue «El hombre del traje blanco».
• El 23 de noviembre de 2009 Microsoft y Murdoch (el magnate de los mass media) estudiaron aliarse contra Google.
• La cubierta del DVD es de la colección So British que edita Universal.
• No he podido recuperar todavía, de entre mis viejos recortes, el artículo de Vicent.
• La cita literaria corresponde a la novela de Budd Schulberg que llevó al cine Mark Robson en 1956, con guión del propio autor y Bogart en el papel de cínico cronista deportivo.
FAB
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