Supongo que la prensa argentina se habrá ocupado de la noticia en su día: hacia el 10 del mes pasado se difundió en España, pero la verdad es que nadie hizo mucho caso. Las alarmas cotidianas ya resultan suficientes.
«¿Preocuparme por lo que pueda suceder en el 2012? ¡no me joda!, lo que tengo que averiguar es cómo llego a este fin de mes»... y así, más o menos, cinco millones de respuestas.
En realidad la información sobre tormentas y llamaradas solares es antigua y aparece con cierta periodicidad. El inevitable tinte catastrofista que conlleva es aprovechado en muchas ocasiones para desautorizar la fuente, aunque ésta sea la misma NASA. Tampoco ayuda a tomárselo muy en serio la imposibilidad de hacer predicciones con cierto rigor. Como ahora sucede cuando, después de vaticinar que enormes chorros de plasma procedentes del Sol pueden alcanzar nuestro planeta en 2012 ó 2013, se termina por decir, no es fácil que esto ocurra, pero es una posibilidad real. 
De todos modos no es necesario tener mucha imaginación para visualizar el panorama que presentaría nuestro entorno después de unos pocos días, no digamos meses o años, sin suministro de corriente eléctrica. James Lovelock lo anticipó, aportando además el 'refuerzo' de una experiencia real, el apagón a pequeña escala que lo empujó a tomarse unas vacaciones fuera de su domicilio.
Si no me detengo en las hipótesis de mayor calado que expuso el científico inglés en 2006, es para no provocar a sus detractores; en especial a los interesados en desacreditarlo por los argumentos en apoyo a la energía nuclear como única 'fuente de soluciones' a medio y largo plazo, y a escala mundial. En algunos foros de discusión, esos argumentos, no importa lo sólidamente razonados que estuvieran, fueron tachados de 'fascistas'. Era inevitable, puesto que apuntaban (y apuntan) a la imposibilidad de que el nivel de vida 'occidental' pueda ser alcanzado por el resto de los habitantes del planeta, de Gaia.
Casi transcurridos cuatro años de las admoniciones de Lovelock, cuyo catastrofismo nos daba al menos tres o cuatro décadas de respiro, el nuevo tremendismo lo está superando con mucho. Pero lo más preocupante de las noticias, tal como las suministran las agencias internacionales, está en el sospechoso optimismo de las previsiones 'ante catástrofe'. Porque, ¿serviría de algo avisar con seis horas de antelación del impacto de una tormenta solar que destruirá por completo el 'sistema circulatorio' —venas y arterias— de nuestro planeta?
Parece obvio que de las medidas a tomar durante ese intervalo de seis horas sólo podrán ser eficaces las que respondan a los protocolos de emergencia consolidados hasta el día y momento en que salte la alarma. En el perfeccionamiento de esos protocolos dicen que se trabaja sin descanso. Por tanto, la pregunta anterior debemos cambiarla por un enunciado tipo wishful thinking, por un 'pensamiento desiderativo':
—Que antes de 2012, antes de que el sistema circulatorio haya sido arrasado, esté prevista la reposición por otro capaz de prestar similares servicios tan pronto se haya alejado la tormenta.
A eso es a lo que podemos y debemos aspirar los ciudadanos de a pie, y no dejarnos llevar por alarmas o histerismos.
Aunque quizás también convenga hacer llegar a los gerifaltes de hogaño nuestra comprensión: sepan que entenderemos si están dedicando una pasta gansa de nuestros impuestos a remozar sus refugios subterráneos de supervivencia. Ante el cabreo solar que se avecina es seguro que todos necesitan una puesta al día tecnológica de superior nivel. Pero eso es muy caro y sólo salvará a unos cientos. El resto, la casi total y abrumadora mayoría de seres humanos dependerá de que se cumpla el enunciado antecedente.
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imagen y texto de la noticia en ABC_09/09/2010
F.A.B.
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