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   Un pedacito de intención cristalizada
 

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Nº 122 — ABRIL 2011
Quilmes — Argentina



     El mes pasado recibí por correo postal el texto de un artículo que he volcado en REFLEJOS [XII]. El artículo trata de la llamada de Alemania que se produjo el 10 de setiembre de 2010 y que ha sido después noticia intermitente en toda la prensa española. Ignoro si tal llamada tuvo eco en Argentina. Probablemente sí: cualquier persona que busque empleo era, lo es todavía, destinatario potencial de la misma en el caso, claro está, de que se haya planteado probar fortuna emigrando a la 'locomotora de Europa'. La razón de que tanto la noticia como el texto del artículo fueran más relevantes en España que en cualquier otro país reside en la 'reproducción' ─significante─ de una situación que se dio hace medio siglo.

     El argumento de las líneas que siguen no trata de la llamada ni de la noticia en sí, sino de un pedacito material, una 'pieza de evidencia', que venía acompañando al texto dentro del mismo sobre. Valga anticipar que la pieza en cuestión es de sustancia comunista, cualidad que la relaciona con un párrafo de «I married a communist», novela de Philip Roth que acabo de leer.

Roth pone en boca de sus personajes:
'… todo lo que los Comunistas dicen del capitalismo es verdad, y todo lo que los capitalistas dicen del Comunismo (también) es verdad', [traduzco respetando la literalidad hasta en las mayúsculas].
Afirma luego que 'nuestro sistema' (el capitalista) funciona porque se basa en la verdad, en reconocer el egoísmo de la gente y no en el cuento de hadas que trata de hacernos creer que todos somos hermanos (people's brotherhood). El personaje de la novela que alecciona así al joven Nathan (alter ego de Roth) acepta que ese cuento se puede creer cuando se tienen veinte o incluso veintidós años. En la línea de su adoctrinamiento termina por preguntarse si '¿no es verdad que sabemos lo que es nuestro hermano?'. Y se contesta: 'Es una mierda'. En cuanto a lo que es nuestro amigo o nosotros mismos, la estimación se reduce a la mitad: 'Somos media mierda'.
La conclusión remata que bastan nuestros normales poderes de observación, que no hacen falta ni el cinismo, ni siquiera el escepticismo, para convencernos de que lo maravilloso no es posible.

Aún abreviada, la cita quedó larga; también es probable que exagerada y de mal gusto, sobre todo para lectores no familiarizados con el 'estilo' y vocabulario de Roth. Sin embargo, puede que su comprensible rechazo resulte atemperado si deciden seguir leyendo.

Lo singular de la pieza de evidencia reside en su doble sustancia: física (un trocito del desaparecido muro de Berlín), y argumentativa (copia de 59 palabras pronunciadas el 15 de junio de 1961 por Walter Ulbricht, presidente del Consejo de Estado de la DDR).

La evidencia física consiste en un trocito trapezoidal de mortero de cemento fraguado, de dimensiones medias 20x20x4 mm, embutido entre dos tapas circulares que forman una cajita de plástico ensamblada en la cartulina de soporte.
La mitad superior de esta cartulina contiene la foto de Ulbricht en actitud doctrinal y el texto del 'mensaje' del que destaca las ocho palabras del cierre en tipos de cartel. La mitad inferior reproduce la fotografía de un trecho del 'muro' coronado por seis hiladas de alambre de espino, en el que trabajan dos operarios terminando el enlucido. Están acompañados por un soldado armado, montado el subfusil y en actitud vigilante. Al margen izquierdo de la foto, detrás del soldado, asoma la mitad delantera de una carretilla de la que sobresale el vástago de la pala de trasiego del mortero al cubo que los operarios se han dejado dos pasos atrás. Por encima del muro, perpendicular y pegada a él por el otro lado, aparece una casa del Berlín Oeste de la que se ve la coronación de la planta baja y la segunda planta, ésta con las ventanas tapiadas.

La evidencia argumentativa está en las palabras de Ulbricht, cuya traducción abrevio:
«… en Alemania occidental hay quien cree que hemos alentado en los trabajadores de la capital de la RDA el deseo de erigir un muro. No tengo noticia de tal intención. Los obreros de nuestra capital se dedican principalmente a edificar viviendas, tarea para la cual se emplea a fondo toda su capacidad laboral.
«¡Nadie tiene la intención de levantar un muro!»

... 59 días después la intención cristalizó.
Los alemanes soportaron el muro durante 28 años, lo tumbaron en 1989 y hoy, todavía, lo reparten en pedacitos.
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⇒... fragmento de la página 95 de «I married a Communist» [ISBN 0-375-70721-2]:

... everything the Communists say about capitalism is true, and everything the capitalists say about Communism is true. The difference is, our system works because it's based on the truth about people's selfishness, and theirs doesn't because it's based on a fairy tale about people's brotherhood.
[...]
You know that this fairy tale cannot be possible. If you are a very young man I suppose it's okay. Twenty, twenty-one, twenty-two, okay.
[...]
But we know what our brother is, don't we? He's a shit. And we know what our friend is, don't we? He's a semi-shit. And we are semi-shits. So how can it be wonderful? Not even cynicism, not even skepticism, just ordinary powers of human observation tell us that is not possible.

⇒... texto original completo impreso en la cartulina:

«Ich verstehe Ihre Frage so daß, es in Westdeutschland Menschen gibt, die wünschen, daß wir die Bauarbeiter der Hauptstadt der DDR dazu mobilisieren, eine Mauer aufzurichten. Mir ist nicht bekannt, daß eine solche Absicht besteht. Die Bauarbeiter unserer Hauptstadt beschäftigen sich hauptsächlich mit Wohnungsbau, und Ihre Arbeitskraft wir dafür voll eingesetzt.
Niemand hat die Absicht, eine Mauer zu errichten!»

F.A.B.   

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