escriba_log

   NEFELIBATA 

logo

Nº 124 — JUNIO 2011
Quilmes — Argentina



     Podría decirse que toda persona que se para un momento a pensar en una palabra cuyo significado le resulta desconocido o simplemente dudoso entra, consciente o no, en el juego del billar de las palabras.
En él, la situación inconsciente de 'atención suspendida' es la más común. Los mecanismos instintivos del bulle-bulle cerebral se encargarán de resolver el impasse. Y menos mal, porque de no ser así, de no seguir con lo que estuviéramos haciendo en el momento en que la palabra golpeó nuestra ignorancia, quedaríamos como los boxeadores 'sonados' en medio del ring, solo que nosotros en mitad de la acera si íbamos caminando, o estrellados contra algo si íbamos conduciendo.
La atención suspendida puede considerarse un caso particular (leve) del fenómeno denominado agnosia. La respuesta inconsciente es, invariablemente, una sustitución, un reemplazo, una aproximación para salir del bache. La ejemplificaré con un caso 'real'.

     Conservo el correo de una amiga argentina que por mayo de 2003 me mandó una foto de su nieta con el comentario: 'dime si no tengo motivos para seguir nefelibata'. No sabía qué significaba la calificación del estado en que mi amiga decía encontrarse, y la reacción de sustitución fue: mi amiga y, por extensión, las mujeres argentinas, se autodefinen así cuando contemplan a su primera nieta. En resumen, asumí que nefelibata era cualquier abuela transportada al séptimo cielo por amor a su nieta.

     Hace tres o cuatro semanas recibí la 'mitad' de una carta que exponía los fundamentos necesarios para entender una segunda mitad, la que siguió pocos días después. El autor de ambas misivas era uno de mis nietos. (•)  Esa circunstancia disparó mi atención al calificativo que guardaba en la memoria y tentó mi curiosidad: ¿valdría también para abuelos varones? Antes de trasladar la pregunta a mi amiga decidí consultar el diccionario. Entonces comprobé que había sido víctima 'parcial' de agnosia. Supe también que el vocablo en cuestión no lo inventaron las abuelas argentinas, sino que a ellas les bastó echar un vistazo al diccionario español y leer: nefelibata (formación culta del griego...), dícese del soñador, del que anda por las nubes.
Hubiera hecho carambola de haber imaginado el séptimo cielo poblado por hermosas nubes.
Pero jugar al billar con palabras cobra completo sentido cuando se le presta 'atención consciente'. En ese caso no hay amenaza de caer en la agnosia sino todo lo contrario. Una muestra palpable es el desarrollo de esta nota: la palabra que la propició me movió a desenterrar de mi memoria otras como mersaje. De las raíces argentinas de la misma (lunfardas, al parecer) no me cabía duda; la tenía acotada desde 1977, cuando leí «Abaddón», y caí bajo el encantamiento del insigne humanista.
Naturalmente he buceado por un rato en la RED y, para mi asombro, la principal huella consistente del neologismo argentino resultó ser, ni más ni menos, una página que, para colmo, estaba en japonés. Recurrí esta vez a la asistencia de Veglia –maestra, amiga y experta en Sábato–. Reorientados mis pasos hacia los integrantes del extraño colectivo, los "mersas", pregunté por ellos, y entonces sí se desparramó la RED.

     No creo necesario ocupar el tiempo de los lectores del conurbano contándoles lo que ya saben. Pero sí recomendarles que 'visiten' BARRIOnline. La nota de agosto de 2010 titulada «Acerca de la chusma y de la mersa», que firma Luis Alposta no tiene desperdicio. Por mucho que sepan de lunfardo, aprenderán más y, sobre todo, habrán captado por completo el sentido, y el disfrute, de hacer carambolas con palabras.
_________________

  1.  (•) La carta razona cómo pensando en japonés, juntando los Kanjis de tan hermosa y sorprendente lengua, se generan cadenas de sentido... ... en una especie de juego de billar ad infinitum.

firma

a Conceptos Valid HTML 4.01 Transitional