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   Fiel nacido Infiel  

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Nº 125— JULIO 2011
Quilmes — Argentina



    No me parece muy probable que haya pasado por Argentina la película «The infidel», comedia británica dirigida por Josh Appignanesi, estrenada el 9 de abril de 2010 en el Reino Unido. En España se ha visto primero en Barcelona y luego en Madrid, pero en ambos casos fuera de las salas comerciales. Si en Buenos Aires ha sucedido lo mismo, al cinéfilo interesado le queda la posibilidad de servirse de la WEB; en caso contrario, si el estreno está aún pendiente, le recomiendo que se mantenga atento y no lo deje pasar.

     No niego la validez del recurso a la WEB, pero esta película, como tantas otras, no es la misma sin la comunicación 'emocional' que propicia la sala oscura. En el papel del musulmán Mahmud Nasir, la potente vis cómica que derrocha el protagonista Omid Djalili, se apodera del público no tardando. Las incomodidades cotidianas que convierten la vida  del 'urbanita' en una carrera de obstáculos son las mismas para los habitantes de todas las ciudades del mundo. Esa percepción de lo tópico como universal ha servido al director para apoderarse de la empatía del espectador; para contarle que es posible lo imposible: que musulmanes y judíos bailen juntos en gozosa fraternidad. De ahí la importancia de la atención frente a la gran pantalla, atención que al carecer de retroceso, de flashback, es siempre más intensa de la que se mantiene frente al ordenador visionando una película. Esa diferenciación instintiva se agudiza cuando se argumenta, como es el caso, en clave de estrepitosa 'comedia'.

     Al salir del cine exultante, contagiado por las penúltimas escenas de jolgorio de la fusión interconfesional, no pasarán muchos minutos sin que el espectador se cuestione si es normal lo que ha visto, o mínimamente posible siquiera. Y no podrá pararse ahí. Sin pretenderlo le vendrán a la memoria los episodios no demasiado lejanos de lo sucedido en los calmosos países fríos del norte de Europa, cuando a un periodista gráfico se le ocurrió no ya nombrar sino dibujar al innombrable. El occidente cristiano de hoy es esencialmente laico. En él caben desde luego las actitudes conciliatorias y críticas de los musulmanes moderados contra las posturas radicales de 'sus' extremistas fanáticos. Esa es la tesis de la historia que escribió el guionista David Baddiel y que entremezcló hábilmente con la tolerancia hacia la otra religión, la primera del Libro, hasta mostrar su dependencia: la Biblia y el Corán se emparejan al final para destacar que éste procede (es hijo) de aquélla.

     Aunque la película haya sido aceptada (adquirida) por más de sesenta países –de ellos siete musulmanes entre los que se encuentra Irán–, está prohibida en Israel; tampoco imagino que pueda ser vista en la franja de Gaza.
Para mí la secuencia más inteligente, que por brevísima y lograda me supo a poco, es la fugaz aparición de un coro cristiano de mujeres cantando Gospel. Se produce, si no me equivoco, justo en el enclave escénico capital del drama, cuando Mahmud, expulsado, abandona el edificio oficial donde consta que sus padres biológicos son judíos.

     Richard Schiff, en el papel de Lenny Goldberg, da la réplica judeo americana precisa y temperada a la explosiva gestualidad de Djalili. La austera presencia que mantuvo Schiff en la irrepetible saga «The West Wing», El ala Oeste de la Casa Blanca, se transmuta aquí en humor resignado, el fulcro en que pivota el deseo expreso del guionista: que la gente entienda el mensaje de "tolerancia mutua" que subyace en el film.
Nunca será más apropiado exclamar: ¡Qué Dios le oiga!
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