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   Habebamus papam domi  

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Nº 127— SETIEMBRE 2011
Quilmes — Argentina



    Si mis viejos conocimientos de latín no me traicionan, lo que digo en el título es que tuvimos al Papa en casa, es decir, en Madrid. Eché un vistazo a los dos periódicos argentinos de mayor difusión y comprobé que cada uno a su modo se hizo eco del acontecimiento; y en fechas sucesivas, puesto que la estancia de Benedicto XVI en la capital de España y en su entorno se prolongó cuatro días, y la de peregrinos de 193 países del mundo la semana entera.

    Por las calles de Madrid, ciudadanos portadores de banderas albicelestes competían festivos con las de sus vecinos uruguayos, paraguayos, brasileños... y con las de otros de exótica ubicación. La camaradería y el interés de intercambio de experiencias se observaban en las fusiones, accidentales o intencionadas, entre grupos de continentes distantes.

    Vivo en un pueblo de la sierra y bajé a la capital para conocer de primera mano el ambiente creado por la invasión pacífica de los integrantes de la JMJ, la Jornada Mundial de la Juventud. Mi llegada a la estación de Metro de Plaza de Castilla coincidió con la de un tren completamente vacío. Con las puertas abiertas, se detuvo unos minutos más de lo habitual. Del quiebro de la rutina dio razón la avalancha de peregrinos que lo llenaron en un santiamén. Los incorporados en las paradas siguientes tuvieron dificultades para entrar, hasta que el tren se vació prácticamente en la estación de Sol. Este flujo y reflujo extraordinario en el ‘subte’ madrileño fue de seguro el menor de los problemas. Agosto es un mes adecuado para absorber concentraciones masivas: al millón y medio de peregrinos ya le había hecho sitio, por supuesto sin pretenderlo, el número superior de veraneantes emigrados a las playas. En el aspecto ambiental la mejora era perceptible: la juventud y alegría de los ‘invasores’ aliviaba el ferragosto. Improvisar alimentación, alojamiento y servicios tuvo que ser más complicado. Sin embargo, hasta el ruedo de alguna plaza de toros sirvió para solucionar el problema.

    El esfuerzo físico continuado de las jornadas se cobró en distintas ocasiones la conciencia de algunos peregrinos: más de dos mil necesitaron asistencia; aún así, un ínfimo porcentaje. Por su parte, el anciano papa nunca perdió la sonrisa; sólo la tormenta de la penúltima noche, en el aeródromo de Cuatro Vientos, pudo arrebatarle el solideo. Sus discursos, salutaciones y despedidas, han quedado recogidos en una decena de documentos, todos accesibles en diferentes páginas de Internet.

    Las setenta y nueve horas que permaneció Benedicto XVI en Madrid marcan un hito. El éxito de la respuesta presencial de jóvenes y menos jóvenes es incuestionable. En el mantenimiento del entusiasmo y en la extensión de su contagio están las claves (imagino) en que la Iglesia Católica cifra su recuperación frente al laicismo rampante y la competencia de todas las demás confesiones.
Río de Janeiro 2013, ciudad y fecha anticipadas por el mismo Papa en su despedida, confirmará si el derroche de energía humana y mediática de las JMJ presenta un balance serio, consistente y positivo.firma

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imagen »»» Banderas argentinas entre la española y la del Vaticano en la celebración de la misa inaugural [agencias para 20minutos.es]

Archivos de los discursos del Papa en la JMJ de Madrid  —> 

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