escriba_log

A propósito de
«LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA »

 logo UCM

CIENCIAS de la INFORMACIÓN
Curso 4 º — 1980
MADRID

_________________________________

Preámbulo ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...  [I]
Coordenadas europeas ... ... ... ... ... ... ... [II]
Coordenadas americanas.. ... ... ... ... ...  [III]
Prensa y democracia .. ... ... ... ... ... ... ... [IV]
Primeros seis decenios de la prensa ... ... [V]
La Constitución de los Estados Unidos ... [VI]
_________________________________

Tocqueville tiene el aire de      
agarrarse a la democracia,      
como Pascal se agarra a      
la cruz: enfureciéndose.      
Sainte-Beuve      

[I]

     El once de mayo de 1831 Alexis Charles Henri Maurice Clérel de Tocqueville llega a la isla de Manhattan. Un descendiente la de la rancia nobleza normanda, bisnieto de Malesherbes —el ministro y defensor de Luis XVI ante la Convención—, inició aquel día un periplo de nueve meses por los estados de la Unión.1

Hastings __________

Ruinas del castillo de HASTINGS.
1066: ten-sixty-six, la cantarina fecha que recuerda la invasión normanda de Inglaterra por Guillermo, "el Conquistador".
Hasta él se remonta la ascendencia de Tocqueville.
 __________

No sin cierta íntima repugnancia, el aristócrata francés había prestado juramento hacía poco a Luis Felipe, al "rey de los franceses". Es evidente que su comprensible repulsa al gobierno del rey burgués no le impidió aceptar la subvención económica para el viaje que realizó acompañado de su colega y amigo Gustave de Beaumont. El motivo del viaje era el estudio del sistema penitenciario norteamericano. Algún autor opina que fue el estudio de la Constitución de los Estados Unidos y, en particular, de sus problemas jurídicos, pero el título 2 del informe redactado por los dos viajeros para cumplir con su compromiso oficial, desmerece el crédito de esta segunda opinión.

Sin embargo, ésta no es desacertada porque, enunciada a posteriori parte de los resultados de las precisas observaciones que Tocqueville acumuló durante su viaje. El fruto de estas observaciones fue su libro «De la démocratie en Amérique», publicado en dos partes, en 1835 y 1840 respectivamente.
El libro le vale a su autor el premio Montyon, el ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas (1838) y, finalmente, la elección como miembro de la Academia Francesa (1840).3
En esta obra aborda Tocqueville, no sólo los problemas jurídicos y la Constitución norteamericana, sino que describe las condiciones físicas, leyes y costumbres de los ciudadanos y orienta su análisis hacia el espíritu de la democracia; es decir, hacia el funcionamiento de la misma a través de las instituciones que le son propias. Además, sus consideraciones
sobre las perspectivas de cambio de la sociedad norteamericana y —en el segundo libro— la abstracción o composición mental de los rasgos estructurales de una sociedad democrática, avalan la afirmación actual de que la mayor parte de lo que hoy llamamos SOCIOLOGÍA es una disciplina que se inspira en Tocqueville y en Marx.4

1 DE TOCQUEVILLE, Alexis: «La Democracia en América» :: F.C.E. México (1963) :: Aguilar, Madrid (1971) –ed. abreviada-.
2 «El sistema penitenciario de los Estados Unidos y su aplicación a Francia» —París, 1832—
3 CORDIE, C.: «Tocqueville» Dicc. Autores (vol III) de G.P. Bompiani :: Montaner y Simón, Barcelona (1964)
4 DUNCAN MITCHEL, G.: «Historia de la Sociología» :: Guadarrama, Madrid (1973)
__________
Λ

[II]

     Alexis vivió 54 años escasos, pero en ellos los acontecimientos históricos fueron más que suficientes para ilustrar cualquier biografía. Nace el 10 de Termidor del año XIII, es decir, el 29 de Julio de 1805 porque, de todas maneras, al calendario republicano le quedaban pocos meses. El uno de Enero del año siguiente Francia recuperaba el calendario gregoriano aunque antes, como si hubiese proyectado una sonada despedida a la pequeña fracción del año XIV que restaba para la historia, Napoleón selló 1805 con los nombres de Ulm, Trafalgar y Austerlitz.

Veinte años después, estas batallas interesaban quizás muy poco al joven que terminaba sus estudios de Derecho en la Universidad de París. De la Historia en sentido "clásico", Tocqueville se confesó siempre poco enterado; entendía o justificaba su estudio, no como la explicación de un decurso necesario, sino, al servicio de la política, como un saber del presente que permite hacer más comprensibles las actitudes humanas. En cualquier caso, el presente de sus años de estudiante no había sido el del brillo de los triunfos napoleónicos, sino el de los oropeles de la política de los congresos seguido por los tonos grises de la Restauración.

En Septiembre de 1815, más o menos otros tantos días después del susto de "los cien días", la Santa Alianza soldaba el altar y el trono. La habilidad de Metternich reordenaba Europa continental en torno al reaccionarismo, mientras que el Parlamento británico al rechazar el "derecho de intervención" convierte a Gran Bretaña en la patria de los liberales. Liberalismo que, paradójicamente, se ve forzado a "pasar" , aquel mismo año de 1815, las Leyes de Cereales —aprobación de aranceles proteccionistas contra la importación de cereales de ultramar—. El esfuerzo para revitalizar la agricultura de las islas recae sobre los hombros del consumidor. Las condiciones de subsistencia de las clases menos favorecidas se agravan. Una generación, —las "Corn Laws" no se derogan hasta 1846—5, verá ensancharse la brecha entre la sociedad urbana y rural y en ello el enfoque político, a través del intervencionismo económico en la agricultura, no estará ausente.*

El producto más consistente de la Alianza fue posiblemente la Confederación Germánica. No obstante, ésta hubo de combatir contra la oposición interior de la "Asociación de Jóvenes Alemanes".
El sello de la reacción en la recien nacida Confederación lo ponen los acuerdos de Karlsbad de 1819 que crean el cuerpo policíaco idóneo, a la vez que yugulan las libertades de asociación e imponen la censura de prensa. La larga gestación del Estado Alemán, a la que puso cimientos la Unión Aduanera de 1834 —el Zollverein **—, se fraguó bajo el peso de la bota reaccionaria y de las convulsiones internas. Tocqueville debió conocer la frase que se escuchaba en los países alemanes en 1848: «Contra los demócratas, sólo pueden los soldados»6. En todo caso, es evidente que en las fronteras orientales de Francia los hechos no facilitaban el ejercicio sosegado de la observación.***

En la monarquía gala, en 1824, va a terminar la primera etapa, a la vez penúltima, de la restauración borbónica. François René, vizconde de Chateaubriand (casi tan famoso como su cocinero), es destituido de su ministerio a pesar del éxito que había obtenido el año precedente ayudando a re implantar en España el orden reaccionario —la "ominosa década"—. Los ultras franceses pierden a su líder, pero la muerte de Luis XVIII les depara en compensacióna su hermano Carlos X, el antiguo conde de Artois.
Dentro de los seis años del reinado de este monarca, defensor de la legalidad más intransigente e hijo sumiso de la Iglesia, Alexis de Tocqueville viaja a Italia y a su vuelta es nombrado juez auditor de Versalles. 7

Como miembro del poder judicial le sorprenderá el cambió político que se había gestado tras la amalgama de ministros reaccionarios, prelados y grandes señores del gobierno de Carlos X. El detonante de este cambio se cargó con las famosas "Ordenanzas de Saint-Cloud" —abolición de la libertad de prensa; disolución de la nueva cámara, todavía inédita; enmienda de la Ley electoral—. La mecha fue prendida por EL NACIONAL, el periódico de Thiers. Aunque, naturalmente, muchos franceses no lo pudieran saber, las barricadas del 27 de Julio de 1830 estaban abriendo el camino al gobierno de la clase media. Tocqueville, en sus «Recuerdos»,  escribirá después:
... no sólo fue la única clase dirigente de la sociedad sino que también se puede decir que se convirtió en su administradora. El espíritu particularista de la clase media se convirtió en espíritu general del gobierno; dominó la política exterior, lo mismo que los asuntos internos [...] Dueña de todo, como nunca lo había sido y como probablemente jamás lo será aristocracia alguna, adquirió el aire de una industria privada; [...] cada uno de sus miembros se preocupó mucho más de sus asuntos privados que de los negocios públicos, y de sus goces personales que de la grandeza de la nación. 9

Estas palabras, cuya pasión contenida refuerza su evidente sinceridad, bastarían para certifiicar que Tocqueville es un aristócrata "malgré lui". Viajar y escribir serán para él no sólo aficiones que llenarán su vida, sino vías de escape del asfixiante ideario burgués, del "enriqueceos" de Guizot.

Alexis escribe, y su obra alcanza pronta notoriedad, a pesar de su distanciamiento del modo romántico que empapa a Europa. Aunque es de suponer que lee a algunos de sus contemporáneos —a Lamartine, Musset, Sand o Hugo, por citar só1o franceses— es impermeable a su estilo. La única concesión que hace al Romanticismo se reduce a unas pocas l!neas: a su concepción del Estado bello,al que se llega después de realizar una justicia igualitaria que justificará, incluso estéticamente, a la ciencia política.

* Para encajar la circunstancia de Tocqueville puede ser más importante tener en cuenta la "generación" de las Corn Laws que otros sucesos históricos relevantes.
** insidiosa tentativa para "jacobinizar" a toda Alemania, en frase del conde de Metternich.
*** la "observación", uno de los pilares de la investigación sociológica que alboreaba, carecía de sustancia en Alemania para el objeto de estudio que se proponía Tocqueville; es decir, para investigar sobre la democracia. En Europa central, lo que se podía construir —intelectualmente hablando— bajo los presupuestos de un ideario democrático, no encajaba en la circunstancia de nuestro autor, que conectará lógicamente con Stuart Mill y no con Marx. Es significativo que este último considere el resultado del revisionismo de la Economía clásica de Mill como "una declaración de bancarrota por parte de la economía burguesa".8

5 TREVELYAN, G.M.: «English Social History» :: Pelikan Books, London 1967
6 GRIMBERG, C. 7 SVANSTROM, K.: «Revoluciones y luchas nacionales» :: Historia Universal Daimon v. 10
ed. Daimon, Madrid  1973
7 ibid: «El siglo del Liberalismo» (id de id. v. 11)
8 BARBER, W.J.: «Historia del pensamiento económico» :: Alianza Universidad n. 101, Madrid 1976
9 ADAMS, Willi P.: «Los estados Unidos de América » :: Editorial Siglo XXI, Madrid 1979
__________
Λ

[III]

Franklin Quienes renuncian a la libertad esencial  
para comprar un poco de seguridad temporal, 
no merecen libertad ni seguridad.  
Benjamin Franklin *  

     En 1829 Andrew Jackson, el "viejo nogal", conminó a los indios a abandonar sus ancestrales territorios del Sur y a desplazarse más allá del Mississippi. Serpiente Moteada, jefe de los Creeks, se dirigió a su tribu con estas palabras:

«¡Hermanos! He escuchado muchos discursos de nuestro Gran Padre. Pero todos empiezan y terminan lo mismo: 'Alejaos un poco más; estais demasiado cerca de mí. He dicho.'»10

Durante las dos décadas siguientes ocho millones de blancos empujarían sin parar, siempre hacia el Oeste. La máquina decisiva que posibilitó en dos decenios lo que había sido un goteo a lo largo de tres centurias fue el caballo de hierro. Para los indios dejó de existir un lugar más allá adonde retirarse.
Entretanto, en ese mismo período, las oligarquías mercantiles se apoderaban de las ciudades del Este. Un puñado de hombres había amasado ya fortunas comparables a las de muchos nobles europeos, y en los estratos más bajos de la sociedad había hecho su aparición un pequeño proletariado. Un estudio realizado sobre los trabajadores de una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra ha revelado que fueron muy pocos los que ascendieron rápidamente en la escala social, si bien la mayoría fue adquiriendo lentamente casas y propiedades. Pocos, no obstante, permanecieron en el mismo lugar el tiempo suficiente para poder estudiar su evolución. La movilidad horizontal de la sociedad americana se ha puesto así en evidencia, pero ha dejado abierto el interrogante sobre su movilidad vertical. (ibid 9)

Estas dos componentes del sistema social habían confluido, por decirlo así, en un punto crítico en 1928, el año de la elección de Jackson —el séptimo presidente— que alcanzaba su cargo después de un período de depresión y descontento social en el que cada sector del país (agro / industria / finanzas) tenía problemas cuya solución sólo podía esperar del gobierno federal. El common man había encontrado su representante idóneo en el viejo nogal; el indio, evidentemente no.
La primera confrontación entre los intereses del hombre común y el poder se remontaba a 1801, otro año de cambio presidencial. Hubo en aquella confrontación, tras la elección de Jefferson, predominio de las raíces políticas sobre las económicas. El partidismo jugaba un papel claramente definido; estaba en plena etapa de conformación la centralización del poder político, es decir la formación de un gobierno federal fuerte, la construcción de la Unión como Estado capaz de imponer su presencia en el concierto europeo en condiciones de igualdad.
Los cimientos de esta construcción se habían puesto hacía un cuarto de siglo. Como observa V.F. Adams:

«No fueron móviles democrático-radicales ni proyectos de reforma social los que impulsaron a la elite política, reunida en 1776 en Filadelfia, a manifestarse por la soberanía popular, por el postulado de igualdad entre los hombres y por el derecho de los gobernados a destituir a los gobernantes que se opusiesen a los intereses del pueblo, definidos como 'vida, libertad y búsqueda de la felicidad'. La necesidad de justificar un nuevo Estado ante las viejas potencias de Europa fue lo que condujo a esa proclamación de nuevos principios del poder legítimo [...] la Declaración de Independencia se convirtió en el lógico punto de partida de toda futura política reformista americana.» (ibid 9)

 La clase política dirigente de la Unión permaneció homogénea durante el mandato de sus cuatro primeros presidentes: Washington, Adams, Jefferson y Madison. Esta clase política no quería minar su influencia ni, por tanto, llevar a cabo una nueva distribución de la propiedad. Aunque ya desde su origen las diferencias en posesión de bienes y en jerarquía social no eran tan exageradas como en Europa, existían y eran toleradas. En Filadelfia el diez por ciento de los contribuyentes poseía el noventa por ciento de las propiedades sujetas a contribución, y la distribución casi feudal en algunas zonas de Nueva York y Carolina del Sur era comparable a la de Europa. También en los fértiles valles del Hudson había fincas de más de 40.000 Ha en manos de un sólo propietario. (ibid 9)

¿Tanto cambió esta situación en muy pocas décadas para que la obra de Tocqueville transportase luego a Europa la visión de una Democracia de raíces igualitarias? La respuesta es compleja. La situación, si no sufrió un vuelco, por lo menos evolucionó hacia una reducción de las diferencias socio-económicas y, sobre todo, se orientó hacia formas políticas de creciente participación, es decir, democráticas. En lo que Tocqueville insistirá es en la igualdad de condiciones, de participación en suma, no en la igualdad de bienes. Además, observará y hará sus inferencias por comparación, y hay que considerar que también desde el origen de la Unión, ni la generalidad de los ricos nadaba en la misma abundancia que en Europa ni los pobres se ahogaban en la misma miseria. Tocqueville se dio cuenta, desde luego, que las tres clases sociales —"the better, middling and meaner sort"— compartían ideales de laboriosidad y creían firmemente en la independencia de toda persona trabajadora y en la mejora de las condiciones sociales.

Otra cuestión era tratar de fijar las coordenadas históricas americanas en paralelo con las europeas. Los hechos le aparecerían a cualquier observador como desenfocados: desde la pérdida de cinco hombres en la "matanza de Boston" hasta la liquidación de ocho mil en Yorktown, pasando por un montón de peculiaridades que hicieron de la guerra de la Independencia americana algo muy distinto a otras guerras europeas. Incluso la "segunda" guerra (1812-14) con los ingleses tuvo su sello original: la victoria americana en la defensa de Nueva Orleans se produjo dos semanas después de firmada la paz en la ciudad belga de Gante.
Fueron también peculiares las causas que provocaron la aparición del partidismo político. La formación de los dos grandes partidos arranca de la polémica que se suscitó en torno a la financiación de la guerra de Independencia. Una vez finalizada ésta, los miembros del Congreso se vieron obligados a tomar postura a favor o en contra de la Administración:
«La cámara de Representantes ,y el Senado se dividieronpronto en friends of government, que también se llamaban a sí mismos friends of order o Federal interest, y miembros de la oposición, cuya resistencia conjunta se convirtió rápidamente de un "Republican Interest" en un Republican Party relativamente bien organizado. (ibid 9)
 
La identidad de ambos partidos se vio ref'orzada por los acontecimientos europeos: los federalistas fueron anglófilos y los republicanos francófilos; la derecha y la izquierda, en la terminología historicista de Emery 11, encabezadas por sus líderes, Hamilton y Jefferson, respectivamente. La forma de decirlo es irrelevante; lo sustancial es que de la pugna política entre ellos salieron reforzados los principios de la Constitución, refuerzo que hizo posible otro protagonista: el "cuarto poder".

* "Those who would give up essential liberty to purchase a little temporary security, deserve neither liberty nor safety". Todavía se discute si fue realmente Franklin el autor de esta famosa sentencia. Sí se sabe con seguridad que lo fue de otras muy semejantes. Por ejemplo: "Sell not virtue to purchase wealth, nor Liberty to purchase power."
10 CAPPS, Benjamin: «The Indians » :: Time_Life Books. (4th ed. New York 1976)
11 EMERY, Edwin: «El periodismo en los Estados Unidos » :: Editorial Trillas, México 1966
__________
Λ

[IV]

     Resulta ejercicio provechoso tratar de deslindar las situaciones en las que un hecho —en la acepción más amplia de la palabra— es causa, efecto, o ambas cosas a la vez. El provecho no reside esencialmente en el resultado de la averiguación, sino en la aportación de datos y confrontación de ajenas opiniones que surte la indagación.
La lucha electoral entre los dos grandes partidos políticos norteamericanos se cobró desde su comienzo una víctima: la libertad de expresión y de prensa. Las "leyes de extranjeros y sedición" (—alien and sedition Acts—) combinaban la limitación de derechos de los inmigrantes con las rígidas ordenanzas de prensa relativas a la ofensa y a la calumnia. En realidad, entre otras disposiciones encaminadas a poner coto a la inmigración que favorecía a los jeffersonianos, tales leyes trataban de acallar a los periodistas que les servían de portavoces. Sólo estuvieron vigentes dos años (caducaron al terminar su período de prescripción), y hasta resultaron piedra miliar de la libertad de prensa en los Estados Unidos, ibid. 11 pero saber de su existencia puede sumir a cualquiera en la confusión cuando lee:

"Entre los doce millones de hombres que viven sobre el territorio de los Estados Unidos no hay ni uno solo que haya osado proponer la restricción de la libertad de la prensa..." ibid. 1

Hay que retomar la obra completa de Tocqueville para encontrar en sus notas adicionales la observación de que "se haría mal en creer que la prensa periódica ha sido siempre libre en Norteamérica". Para documentar su propia contradicción se remonta a un episodio de los hermanos Franklin en 1722. Es evidente entonces que la polvareda levantada en su día por las "alien and sedition Acts" era un sedimento consolidado en la era Jacksoniana.
El hecho de haber pasado por alto las restricciones impuestas a la prensa en tiempos mucho más próximos a la fecha de su visita carece de importancia comparado con los argumentos que, oscilando entre el apasionamiento y la cautela, esgrime Tocqueville en defensa de la libertad de expresión. Seguir la ilación de esos argumentos es un ejemplo del ejercicio de deslinde en el que "democracia" vs. "libertad de prensa" son "situación"/"causa" vs. "hecho"/"efecto", o recíprocamente.
Dos puntualizaciones deben preceder a semejante ejercicio: la primera, banal sólo aparentemente, es que Tocqueville escribió en los periódicos. "La presse", el diario de Emile Girardin (que revolucionó el mercado informativo rebajando el precio de suscripción a la mitad) se vanagloriaba de contarle entre sus colaboradores, junto con Hugo y Lamartine.13
La segunda puntualización, de un orden completamente distinto, es que al final del siglo XVIII y principios del XIX las connotaciones de la palabra democracia eran harto desfavorables. En Francia se empleaba relacionada con el odiado jacobinismo, y en Inglaterra con la ley de la chusma (la "mob-rule"), demócrata era casi sinónimo de agitador peligroso. Por ello, parece que se debe otorgar a Tocqueville gran parte del crédito en la recuperación del significado genuino de la palabra democracia. [Weekley sostiene que "democracia" fue un concepto meramente literario hasta la Revolución Francesa.]14

democracy_in_America En el capítulo III de la segunda parte del libro primero de "La Democracia en América" se lee:
En un país donde rige ostensiblemente el dogma de la soberanía del pueblo, la censura no es solamente un peligro, sino un absurdo inmenso.
Cuando se concede a cada uno el derecho de gobernar a la sociedad, es necesario reconocerle la capacidad de escoger entre las diferentes opiniones que agitan a sus contemporáneos, y de apreciar los diferentes hechos cuyo conocimiento puede guiarle.
La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son, pues, dos cosas enteramente correlativas; la censura y el voto universal dos cosas que se contradicen…"


Ese capítulo, titulado "La libertad de prensa en los Estados Unidos", contiene las reflexiones sobre uno de los polos —puntos de concentración esenciales— del pensamiento de Tocqueville. Este es la libertad de expresión (inseparable de la de pensar y actuar) y los otros la centralización del poder —de los poderes—, conjunta a la descentralización administrativa y, como sustrato común, la igualdad de condiciones.

Soberanía del pueblo (i.e: democracia) y libertad de prensa son como hemos leído inseparables. Pero Tocqueville se debate entre la libertad "total" y su negación. Busca el término medio y encuentra que no lo hay. Confiesa que para amar a la libertad de prensa precisa reflexionar; no le profesa "ese amor completo e instantáneo que se otorga a las cosas soberanamente buenas"; la quiere porque impide males: es el tribunal de la opinión que puede desbaratar la impunidad de los agentes del poder cuando éstos violan la ley amparados precisamente en ella.
¿Cuáles son aquellos males intrínsecos —"inevitables"— de la  libertad de prensa, a los que dice Tocqueville que es preciso saber someterse? Podríamos resumir la argumentación del autor en una sola frase aunque no sea suya: la escalada de la demagogia impresa.

En el primer periódico que cae en sus manos, el "Vicenne's Gazette", se trata al presidente Jackson de déspota, intrigante, ambicioso, corrupto, jugador político sin pudor, y se le augura que terminará sus días "en algún retiro donde pueda blasfemar en libertad oontra su locura".ibid. 1
Es razonable suponer, aunque Tocqueville no sea contundente al respecto, que este lenguaje le resultaba excesivo, y consolidaba su opinión de que en materia de prensa no podía encontrarse "término medio entre la servidumbre y el libertinaje". Por eso, llegados a este punto, puede resultar esclarecedor un repaso, por reducido que sea, de la "historia" del periodismo norteamericano que el ilustre viajero encontró al llegar a Norteamérica.

13 WEILL, Georges: «El Periódico» :: UTEHA (México 1962)
14 WILLIAMS, Raymond: «Culture and Society 1780-1950» :: Pelikan Books (London 1976 -reimp.-)
__________
Λ

[V]

     Un libro esencial para abordar la síntesis de ese repaso es el de Edwin Emery ya citado. La selección de párrafos que sigue es acorde con la intención de centrar lo acontecido durante los primeros seis decenios de la prensa en los Estados Unidos, desde su arranque, hasta el final de la "visita" de Alexis.

El Periodismo en los Estados Unidos   En el mismo borde de la transición entre colonia británica y nación independiente, una figura plagada de apodos, "Samuelillo el chambón", "el amo de los peleles", Samuel Adams por verdadero nombre, echa sobre sus espaldas la responsabilidad y el riesgo de ser el primer propagandista de la rebelión. En la fecha de la Declaración de Independencia ya era un hombre maduro, curtido en la lucha dialéctica desde las páginas de los periódicos que siempre utilizó con la idea fija de que eran el único medio para lograr que los apáticos entraran en acción.
A los veintiséis años era director del "Independent Advertiser" periódico patrocinado por el club Caucus —fundado por su padre y sede de muchos espíritus agresivos de Boston—. Después colaboró constantemente en el ''Boston Gazette and Country Journal", donde se acuñó el efectista calificativo de la "matanza de Boston" (1770), y donde también los leales a la Corona se transmutaron en "traidores" y el servicio a Inglaterra fue "esclavitud y vasallaje". Pero Adams hizo algo más que modificar y reforzar la fuerza simbólica de las palabras. Fue un experto reportero y con sus comités de correspondencia, organizados desde 1772, un precursor de las agencias de noticias posteriores. Él y sus colaboradores, Quincy, Narren y Otis —y también su primo John, después presidente— replantearon con éxito la justificación de los medios por el fin conseguido. El ''Boston Gazette" terminó en 1776 cuando los ingleses fueron expulsados de la ciudad por el general Washington.

La última etapa de la Gaceta bostoniana arrancó de la misma peripecia que corrió el "Massachusetts Spy". El utillaje de imprenta de ambos periódicos tuvo que ser sacado de Boston cuando los casacas rojas dominaron la situación en la ciudad. La Gaceta se instaló en Watertown y el Espía en Worcester. Isaiah Thomas fue el genio del "Spy". Lo fundó en 1770 con Fow1e, su antiguo patrón. El periódico duraría hasta 1904. Thomas fue uno de los hombres que el 19 de Abril de 1775 dio la señal para advertir que los ingleses se acercaban a Lexington y Concord. En la escaramuza que siguió se disparó "el tiro escuchado en todo el mundo". La edición del "Spy" del 3 de Mayo extendió el eco del acontecimiento gracias al estilo apasionado y vibrante de Thomas. Este unía a sus cualidades de escritor una capacidad de iniciativa que le convirtió en el impresor más prolífico de su tiempo. Más de 400 libros científicos y decenas de novelas famosas, el "Robinsón" de Defoe entre otras, llevaron su pie de imprenta. Pero su fama la debió a su exaltación patriótica. El "Spy" fue conocido como el "crisol de la sedición". Su lema, “uníos o moriréis” bajo la serpiente troceada que representaba a las colonias, era el reclamo de la causa nacionalista. Thomas se retiró del periodismo en 1802. Su libro "History of Printing in America" es todavía la principal autoridad sobre los comienzos de la industria periodística.

Un hombre de muy diferente corte pero de no menor influencia en el sostenimiento de los ideales revolucionarios fue el forastero Tom Paine. Emigróa las colonias con una carta de recomendación de Ben Franklin, y llegó allí en vísperas de la guerra. Paine no defraudó a su protector. "Common Sense", el panfleto que le hizo famoso, fue conocido por casi todos los norteamericanos que sabían leer.  El primer artículo de la serie "Crisis", leído a las entumecidas y descorazonadas tropas de Washington, las hizo revolverse y vencer en Trenton. Mas la vocación revolucionaria de Paine era además internacionalista y social. En "Rights of Man" escribió su credo: "El mundo es mi patria, todo el género humano es mi hermano, hacer el bien es mi religión..."
Paine extremó sus ataques en "Age of Reason". El clero protestante, cuyo influjo había menospreciado lamentablemente, le acusó de ateísmo. Cayó en desgracia y murió casi olvidado en 1809, en una tierra que había ayudado a liberar.

WashingtonLa contienda había empezado con treinta y cinco periódicos y terminó con el mismo número, aunque quince no eran los mismos. Los periódicos revolucionarios se adquirían en 40.000 hogares y su difusión era superior a la de los tiempos modernos.
La Declaración de Independencia la publicó el 6 de Julio de 1776 el ''Pennsylvania Evening Post" y muchos otros no tardaron en reproducirla. El estilo ampuloso y apasionado predominó naturalmente durante toda la guerra, lo que contrasta con el enunciado escueto del acontecimiento final. El 17 de Octubre de 1781 el ''Freeman's Journal" de Filadelfia empleó menos de diez líneas para relatar la victoria de Yorktown, —el "reportero" fue el mismo general Washington—. Este año de la victoria definitiva, periódicos como el "Connecticut Courant" tenían 8.000 suscriptores.

    Los artículos de la Declaración de Derechos, presentados en la forma de las diez primeras enmiendas, fueron considerados enseguida como parte de la misma Constitución. La primera enmienda tiene especial interés para el periodismo:
"El Congreso no promulgará ninguna Ley que reduzca la libertad de palabra o la libertad de Prensa..."
Esta libertad, de mayor alcance en 1791 que la de cualquier estado europeo, llegó a ser real porque se fortaleció en la prueba a que la sometieron las luchas entre hombres de ideas conservadoras o liberales. Los periódicos fueron protagonistas o, mejor dicho, sus directores y redactores se emplearon a fondo avivando las luchas partidistas.
La mejor exposición de la doctrina conservadora se hizo en el bisemanal "New York Independent Journal", entre Octubre de 1787 y Abril de 1788. Alexander Hamilton escribió la mayor parte de los 89 artículos que luego se publicaron oomo libro bajo el nombre de "The Federalist". El partido fue bautizado con el mismo nombre y Hamilton consolidó su liderazgo.
Padre del editorialismo americano, según su biógrafo, fue además el hombre que encabezó las fuerzas que trabajaron en favor de la ratificación de la Constitución. Después patrocinó al más notable periódico federalista, la "Gazette of the United States", dirigida desde su primer número por John Fenno, maestro de escuela hasta entonces.
Un abogado, Noah Webster, también maestro, lexicógrafo y autor de libros escolares (Va), fue otra potente voz de los federalistas. Hoy es conocido en todo el mundo por su "Diccionario" —que data de 1803—, pero la historia de su país le destaca además por su labor periodística, desde que en 1793 dirigió el diario "Minerva" y el bisemanal ''Herald'' que cuatro años después se convertirían en el "Commercial Advertiser" y el "Spectador", respectivamente.
La pluma federalista más envenenada fue la de un inglés desterrado, William Cobbett (Vb) - 15. El nombre de su periódico, "Porcupine's Gazette & Daily Advertiser", contenía el apellido de su seudónimo, 'Pedro puerco-espín'. El blanco principal de sus invectivas fue Tom Paine, y su tema predilecto la perdición del bando de sus contrarios, los antifederalistas o republicanos. A lo mismo colaboraba con toda la autoridad y peso de su biografía Benjamin Russell, excombatiente de Lexington y discípulo de Isaiah Thomas. Fundó el "Massachusetts Centinel" que mientras duró (hasta convertirse en el Columbian) fue el decano de los periódicos federalistas.
Con el Centinela, el Independiente de Nueva York, las dos Gacetas, el Minerva y el Heraldo, baterías pesadas del periodismo dirigidas contra sus inermes adversarios, los federalistas consolidaron rápidamente su poder. De no haber sido por la Revolución Francesa, quizá hubiesen hecho desaparecer las ideas por las que tantos norteamericanos habían combatido. La influencia francesa detuvo a los monárquicos norteamericanos. Destruyó la última esperanza de los aristócratas y rompió la tendencia hacia la nueva alianza con Inglaterra que se apuntaba y sostenía por las elites dirigentes.

    Cuando Jefferson llegó a la presidencia en 1801 las "Alien and Sedition Acts" habían caducado. A la potencia de las baterías federalistas Jefferson había opuesto el patriotismo de un antihéroe, el poeta Philip Frenau. Éste, falto de recursos económicos, pudo sostener la antorcha antifederalista por muy poco tiempo; dos años exactamente: en 1793 la fiebre amarilla obligó a muchos trabajadores a abandonar Filadelfia. Entre ellos marcharon los empleados del "National Gazette" y Frenau, su director. El periódico no volvió a aparecer. Había tenido la audacia de arremeter contra Washington y contra Adams. Fue acusado de fomentar lo que luego se llamó "periodismo amarillo". Sin embargo Philip Frenau fue un hombre honrado al que no doblegaron ni el poder de sus enemigos, ni los ataques de la prensa federalista. La miseria terminó con él, pero el relevo en la prosecución de la lucha por los principios democráticos lo tomó tres años después otro hombre, Benjamín Franklin Bache, nieto del "padre de la patria", que en 1796 escribía en su periódico "Aurora" (sobrenombre del "Philadelphia General Advertiser"):
"Si alguna nación ha sido corrompida por un hombre, la nación norteamericana ha sido corrompida por Washington".
Esta cita puede marcar el vértice de lo que se llamó la "era sombría del periodismo", sombras que si bien aclararon bastante durante el mandato de Jefferson y sus continuadores, volverían a oscurecerse después en la etapa de depresión que siguió a la guerra con Inglaterra (1812) y en los prolegómenos de la revolución jacksoniana.

Hamilton, a quien vimos como principal autor del "Federalist" y promotor de la Gaceta de Fenno, fundó en 1800, después de la derrota de su partido, el "New York Evening Post" que sería el periódico más antiguo de la ciudad. Este periódico abandonaría su inspiración federalista treinta años más tarde, bajo la dirección de Williarn Cullen Bryant, otro poeta como Frenau. Pero en sus comienzos fue el portavoz de la oposición a Jefferson. La autoridad de Hamilton —"El General— hacía de Coleman, el director por él nombrado, un simple taquígrafo.
En el breve período que restaba para que Hamilton encontrase la muerte en duelo, (al que fue retado por Burr, el "segundo" político de Nueva York), se produce el proceso por libelo contra el semanario "The Wasp". Aunque "el general" que actuaba de defensor perdió el proceso, sus argumentos, a la postre, sentaron jurisprudencia. El principio de que la verdad fuera aceptada como defensa, en los juicios por libelo sedicioso, estaba pendiente desde hacía 70 años (el caso Zenger). Poco después del proceso de "The Wasp" todos los estados fueron reconociendo el principio como norma jurídica, y en 1812 la Corte Suprema lo asumió al desterrar el antiguo derecho consuetudinario.
Precisamente en ese mismo año se produjo el ataque contra el ''Federal Republican" de Baltimore. Este periódico había acusado al presidente Madison de perfidia y cosas peores. El gobierno, que trataba de actuar en consonancia con los principios de libertad de prensa tan arduamente conquistados, no procedió contra el periódico. Pero algunos ciudadanos actuaron por su cuenta. Entre los redactores que se atrincheraron en la imprenta se encontraban dos generales, héroes de la Independencia: Lingan y Lee. El primero murió a manos de los exaltados; Lee quedó baldado para toda la vida. Algunos federalistas trataron de culpar al gobierno de este ataque contra la prensa libre, pero si hay que tachar a alguien de reaccionarismo el blanco sería el mayor Russell. Desde el "Columbian Centinel" en 1814, el mayor mostró sus simpatías por la conjura de Hartford, brote secesionista que se adelantaba casi en 50 años a la guerra civil.

La prensa pasó por un período de sosiego durante el mandato de Monroe (1817-25) y se caldeó de nuevo en el período electoral que liquidaba el mandato de Quincy Adams. En este tiempo en que se recobran viejos modos de virulencia verbal —que evidentemente perduraron, como muestra la prueba de la ''Vicenne's Gazette' esgrimida por Tocqueville— la circulación de periódicos en los Estados Unidos excedía a la de Gran Bretaña en más de tres millones de ejemplares por año. No hay que pensar, por supuesto, en periódicos diarios; ni en que la mayoría de los ciudadanos pudieran pagar la suscripción anual de cinco a 10 dólares (entre el 1 y el 2% del salario medio de un obrero).

En 1828, cuando es elegido Jackson, se editan en el país 900 periódicos, pero son principalmente semanarios. Aunque la nueva era del periódico para todos, diario y barato, estaba ya a la vuelta del calendario:

  • el artífice: Benjamin H. Day
  • el periódico : ''New York Sun"
  • su lema: 'Shines for all' (brilla para todos)
  • la fecha: 3 de Septiembre de 1833

Para entonces Alexis de Tocqueville estaba de regreso en Europa.

(Va) en sus conferencias y escritos de 1780, Webster llamaba a lo imposible, no sólo quería implantar un gobierno nacional, sino también una lengua nacional
(Vb) en Williams ibid. 14 se pueden leer los contrastes entre Cobbett y Burke; este último, el crítico corrosivo de la Revolución Francesa, influyó en Tocqueville de modo ambivalente
15 DE TOCQUEVILLE, Alexis: «El Antiguo Régimen y la Revolución» :: Ediciones Guadarrama, Madrid (1969) :: Aguilar, Madrid (1971)
---- la imagen que muestra el cuadro de Washington está en la página web de la Casa Blanca donde el lector puede encontrar información histórica complementaria al texto de Emery
__________
Λ

[VI]

     Si se retoma la argumentación desarrollada en [IV] después de leer lo acotado de Emery, no parece extremado el pesimismo de Tocqueville cuando duda de la existencia de un término medio entre servidumbre y libertinaje. Sin embargo, ese punto de equilibrio existía (y existe) aunque fuera difícil de fijar por no ser estático.
Las observaciones de Tocqueville precisamente se refieren, en otra parte, a un equilibrio dinámico:

"Entre esas épocas de desórdenes y de miseria, se encuentran otras en que las sociedades hallan reposo y la raza humana parece recuperar su aliento. Pero eso, a decir verdad, no es más que una apariencia. El tiempo no suspende su marcha ni para los pueblos ni para los hombres; unos y otros avanzan cada día hacia ún porvenir que ignoran; y cuando los creemos estacionarios es que sus movimientos se nos escapan. Son seres que caminan y que parecen inmóviles a los que corren también." ibid. 1

Este párrafo da entrada a sus disquisiciones sobre los partidos políticos. Tocqueville se declara partidario, valga la redundancia, de la existencia de los grandes partidos: que trastornan y desgarran la sociedad pero "la salvan a veces al quebrantarla"; mientras los pequeños partidos la agitan y depravan, para "perturbarla siempre sin provecho". De todas maneras, el partido federalista es el blanco de su admiración, aunque a su llegada encuentra que tanto éste como su oponente han desaparecido.
En realidad, Tocqueville percibió, aunque no lo dijera de la forma que sigue, la transmutación de los federalistas en el partido liberal, cuya ideología era de extrema derecha. También vio que los republicanos o jeffersonianos se habían subsumido en la mayoría monocolor del "common man" de lodosas botas, adicta al 'viejo nogal', esto es, en el partido demócrata. Si éste, a pesar de su número, no resultaba grande para Tocqueville es, probablemente, porque "aceptaron el reto del nuevo industrialismo y ajustaron a él su filosofía política", lo cual, según sus ideas, no era realmente descansar sobre principios "sino sobre intereses materiales".

***

     En cierto sentido ha quedado sin dilucidar la relación causa / efecto con el binomio democracia / libertad. Esto, entre otras razones, porque no se han separado las prenociones del significado abstracto de "democracia" (significado casi etimológico), para definirla, como hace Schumpeter: "como un método político".
A partir de ahí es posible que hubiera encajado la libertad (de prensa y otras varias) con el segundo apellido: "burguesa", "liberal" y hasta "popular". También es posible que por ese camino sólo se llegue a una tautología. En cualquier caso, el libro de Tocqueville aborda temas más concretos e interesantes que si he ignorado hasta aquí ha sido para poder documentar adecuadamente el foco de atención presupuesto para este trabajo (i.e.: la prensa). Sin embargo, unas consideraciones mínimas sobre el capítulo "la Constitución Federal", y sobre los polos de concentración del pensamiento de Tocqueville, son realmente necesarias.

     La Constitución fue en primer lugar una meta de conciliación de intereses que se presentaban en franca oposicíón: "unos querían hacer de la Unión una liga de Estados independientes [...]  otros, reunir a todos en uno sólo y mismo pueblo [...] Así pues, si se trataba de organizar una liga [...] correspondía a la mayoría de los Estados hacer la Ley, y no a la mayoría de los habitantes de la Unión [...] Por el contrario, (con) los habitantes de los Estados Unidos formando un único y mismo pueblo, era natural que sólo la mayoría de los ciudadanos de la Unión hiciese la ley." ibid. 1
A la conciliación de estas posturas se llegó por el bicameralismo: "el principio de la independencia de los Estados triunfó en la formación del Senado; el dogma de la soberanía nacional, en la composición de la Cámara de representantes."
Es interesante destacar que el bicameralismo fue considerado punto de partida para la cristalización de una semi aristocracia por los Estados de Pennsylvania y Georgia —también por el territorio de Vermont, que no fue estado hasta 1791—. Otro punto es la "inconstitucionalidad" de la Constitución federal, o dicho más correctamente, la abolición de los Articles of Confederation de un modo anticonstitucional; modo, calificado así, porque la abolición debía obtener unanimidad (según los "Articles")
y al parecer no la hubo. Por eso algunos intérpretes —es desuponer que juristas— valoran el paso al Estado Federal como "segunda revolución". ibid. 9

Para Tocqueville, la Constitución es además algo realmente nuevo, un descubrimiento de la ciencia política de su tiempo, porque difiere de las Constituciones de Suiza, el Imperio Germánico, y de los Paises Bajos. También:

 “... se parece a esas bellas creaciones de la industria humana que colman de gloria y de bienes a los que las inventan, pero que permanecen estériles en otras manos."

El último comentario tiene a México por destinatario. Negro Pavón dice al respecto que Tocqueville no conoce de cerca Hispanoamérica, y que su información "no era sólo imprecisa sino que parece inspirada en los tópicos de la época".ibid. 1
De lo que no carecía, desde luego, era de conocimientos jurídicos. Buen discípulo de Montesquieu, desmenuza de forma matizada, no sectaria, las características del documento constitucional para encontrar en él la pervivencia de los principios de división de poderes. Se detiene especialmente en el poder ejecutivo para dar cuenta de las diferencias entre la posición del presidente de los Estados Unidos y la del rey de Francia. Preside este fragmento del texto una cierta ironía (ligereza rarísima en su estilo). Debe bastar como botón de muestra su conclusión:

 "... (en suma), en Norteamérica el presidente no puede impedir la formación de las leyes; no puede sustraerse a la obligación de ejecutarlas...
(en cambio), el Rey de Francia comparte con las cámaras el derecho de proponer la ley; la ley francesa establece que la persona del Rey es inviolable."
ibid. 1

Excluida la ironía, si tal fue la intención del autor al establecer la comparación, se puede decir que el capítulo dedicado a la Constitución es de los que están más del lado del género informativo. Predomina la opinión —en sentido amplio, la doctrina— en temas tan caros a Tocqueville como la centralización y/o descentralización de poderes y de administración. Así distingue:

  • la centralización gubernamental que consiste en concentrar en un mismo lugar o en una misma mano el poder de dirigir los intereses comunes; y,
  • la centralización administrativa que consiste en concentrar de la misma manera el poder de dirigir los intereses especiales de ciertas partes de la nación.

Pone como ejemplos de intereses comunes (a todas las partes de la nación) la formación de leyes generales y las relaciones del pueblo con los extranjeros. Y de intereses especiales, las empresas comunales. Luego pasa a ejemplos "históricos" de centralización. Bajo Luis XIV la gubernamental era la máxima concebible, mientras la administrativa era inferior a la de su época (de Luis Felipe).
Cuando retrocede a la Edad Media encuentra que las miserias de la sociedad feudal se deben a la total descentralización en ambos órdenes. Sus conclusiones son contundentes: fuerte centralización gubernamental y mínima administrativa. Un indicador múltiple puede avisar de los excesos de la segunda: cuando al hombre le traen sin cuidado "...la fortuna de su aldea, la limpieza de su calle, la suerte de su iglesia y de su presbiterio... (y) piensa que todas estas cosas no le atañen en manera alguna y que pertenecen a un poderoso extraño que se llama el gobierno", entonces, "cuando las naciones han llegado a ese punto ...todavía se ven allí súbditos, pero no ciudadanos".

Lo que denominamos sustrato común de los polos de atención de Tocqueville es la idea directriz —la “pensée mère"— de su época. Confronta "libertad con igualdad" y encuentra que:
“Aunque los hombres no pueden llegar a ser absolutamente iguales sin ser enteramente libres y, por consecuencia, la igualdad, en su último extremo se confunde con la libertad, hay razón para distinguir la una de la otra.”

El gusto por la libertad es otra cosa que el gusto por la igualdad; en los pueblos democráticos son dos cosas dispares. Y concluye:

 “El hecho particular y dominante que singulariza siglos es la igualdad de condiciones; la pasión principal que agita a los hombres en estos tiempos es el amor a esta igualdad.”
La libertad produce bienes remotos y a poca gente; la igualdad bienes próximos, aunque pequeños, y llega a todos.


En esa línea de reflexión parece adecuado cerrar con el párrafo casi final del capítulo sobre la “igualdad". No sería extraño que Sainte-Beuve lo tuviera delante cuando le vio "enfureciéndose":

 "Creo que los pueblos democráticos tienen [...] por la igualdad una pasión ardiente, insaciable, eterna, invencible; quieren la igualdad en la libertad, y si no pueden obtenerla, la quieren hasta en la esclavitud. Sufrirían la pobreza, la servidumbre, la barbarie, pero no a la aristocracia." ibid. 1
________________

 

 

     A modo de conclusión parece lícito afirmar que el pensamiento de Alexis de Tocqueville, una vez proyectada su figura desde "coordenadas" espaciales, temporales y sociales, resulta congruente con su circunstancia: es aristócrata, mal que le pese. Lo que no resta valor ni honestidad a sus juicios; más bien lo contrario.
Si algunos críticos lo colocan por encima de Montesquieu, otros le han puesto en paralelo con Marx. Pienso que ni lo uno ni lo otro. Era un observador inteligente y agudo; a tono con la "media" de su tiempo o mejor, como dejó escrito Ortega 16, "uno de los pensadores políticos más importantes del siglo XIX, y en ciertas calidades, el más seguro, rigoroso y responsable".

     En cualquier caso, las democracias centristas de Europa, hoy, pueden asumir muy bien los principios de Sociología Política que contiene la obra del noble normando.

16 ORTEGA Y GASSET, José: «Tocqueville y su tiempo», en Meditación de Europa —tomo de la Colección el arquero REVISTA DE OCCIDENTE, Madrid 1960—

***

FAB

Λ

 

Recomiendo al lector interesado en el tema VISITAR la página WEB incorporada en SITIOS

a Miscelanea Valid HTML 4.01 Transitional