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   HISTORIA INTERMINABLE

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Madrid
-Julio 1985-




ES PRESUMIBLE que la sucesión temporal de esta página acabe por componer un retablo, a modo de una galería de gentes presentes y pasadas, "sentadas aparte". Variará la magnitud y la razón, –voluntaria o forzada–, del apartamiento, pero será común a tales gentes, casi con toda seguridad, un factor, sentimiento o actitud: la desconfianza del poder.
Como tantas palabras, el poder se ha desgastado hasta tal punto, semánticamente no de facto, que suele ser preciso citarlo en plural. Por eso, para el ciudadano corriente es como una hidra de mil cabezas, y para otros hombres menos corrientes puede llegar a serlo también.

anillos para una damaCUANDO tropiezo con el nombre de Antonio Gala, a poco que me detenga en la peripecia, una obra suya torna siempre de mi particular baúl de los olvidos: «Anillos para una dama», la que fue heraldo indisimulado del final de una época oscura. En otras páginas de poca audiencia escribí mucho tiempo después de su estreno teatral un comentario, una breve excursión por el campo de las ideas desmitificadoras del amor heroico. Fue a propósito de otro suceso distante en el espacio: la publicación de «Jackie, Oh!»*, indiscreta biografía de la ex primera dama americana y singular contrapunto contemporáneo a la Jimena del Cid, imaginada por Gala.
En la presentación de Anillos... argumentaba su autor sobre la inevitabilidad del triunfo de los poderes político y religioso. Hoy, doce años después, explicita contundentemente su independencia, no sólo de aquellos dos, sino del económico y del militar también.
Esta aseveración es reciente; pertenece al capítulo El Proceso, de su «Cuaderno de la Dama de Otoño».

PARA QUIEN recuerde la actitud vital de aquella protagonista, Jimena, que "quiere ser ella misma", y sepa o intuya algo sobre actos proyectivos, no le quedará duda alguna sobre la coherencia existencial de Antonio Gala. Otra cuestión será la sorpresa de su desencanto ante el silencio de parte de su gente. El sabe ciertamente que cuenta, así lo escribe, con la lealtad de muchos, sin renombre o con él; pero su última confrontación con el poder le ha herido, no por la espada de los sicarios, sino por la mudez de algunos de sus fieles.
Sin embargo, si el hombre se diferencia de las demás especies animales en que sabe que sabe y sabe que muere, Antonio, tocado como pocos por la maldición de la lucidez, debe saber además que su cota de intelección e interpretación de la realidad está muy por encima de la de sus paisanos andaluces. Estos y otros muchos hombres del solar ibérico le son leales, pero su lealtad –por la misma inercia de la masa– es de respuesta torpe ante la primera incitación. La inmediatez es particular, se "sale" de la masa, y con ese acto de individuación rompe de alguna manera con ella.

A LO LARGO de la historia interminable que compone la lucha del hombre contra las mismas instituciones que creó para proteger su libertad, las palabras han sido las únicas armas indestructibles. La vulnerabilidad física frente a la pervivencia del producto intelectual es una constante histórica. Un ejemplo notable, entre tantos, fue el de Thomas Pa¡ne, sin cuyos escritos es muy probable que la independencia de Norteamérica se hubiera retrasado decenios. Sin embargo, ese hombre murió casi olvidado en la tierra que había ayudado a liberar, "... acorralado por fuerzas a las que nunca había dado importancia".

NO PIENSO, como dicen, que la Historia se repita. Ocurre simplemente que, en ocasiones, los poderes malévolos se encargan de reproducir los retazos del pasado favorables a sus propósitos.
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* Renunciar a Camelot

Fabian Zola

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