In memoriam:
a Ramón Rocher,
imbatible contendiente y leal amigo
In præsentia:
a Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York,
esforzado estudioso de nuestro idioma
Nos conocimos –sería más exacto decir, nos encontramos– allá por 1946, puede que incluso un año antes, pero el curso de bachillerato durante el que se fraguó nuestra amistad fue el séptimo y último, el que coronaba la enseñanza media del plan entonces vigente. En ese periodo de nueve meses se condensaba el repaso 'intensivo' de todas las asignaturas estudiadas a lo largo de los seis años precedentes. El objetivo, nítidamente definido, era poder afrontar con éxito el Examen de Estado que abría las puertas de la Universidad. Rememoro esa vieja circunstancia, de sobra conocida por los integrantes de mi generación, para que los jóvenes de ahora puedan centrar su atención en el curso decisorio que hoy corresponda. Si encuentran en ese curso al compañero 'ilustrado' y generoso que quiera compartir sus saberes y amistad, no lo pierdan: es una baza irrepetible que cuenta en lo por venir. Ramón fue ese compañero para mí. Una sola vez, de dieciséis quincenas, logré superarle (por un par de puntos) en la suma de las notas de calificación. Conversando con él aprendí tanto o más que de las explicaciones de los profesores a quienes, no obstante, por excelentes en latín, matemáticas, física y química, debo obligado reconocimiento.
Pero el contenido recordatorio de estas líneas no ha saltado al frente de mi memoria desde el fondo del baúl de los olvidos por exigencia imperiosa de un tributo debido, sino por un hecho anecdótico del presente que parece elevar a categoría el truco de aprendizaje del idioma inglés que Ramón y yo nos 'inventamos', y que nunca se me hubiera ocurrido publicitar.
El invento lo alumbró la necesidad de proteger al menos una parte de nuestra confraternización, sin duda exagerada a la vista de los demás. Enseguida apreciamos el doble valor de su puesta en práctica: cada listado de palabras y expresiones que memorizábamos en inglés lo repetíamos pronunciado en cerrado castellano después de añadirle a todos los vocablos la vocal "o". Pronto ganamos soltura suficiente para que cortos parlamentos en esa 'jerga' fueran acústicamente irreconocibles por nadie. A ello contribuyeron eficazmente las instintivas contracciones y fusiones que favorecían los abundantes monosílabos de la lengua de Shakespeare.
El lector, a poco inglés que sepa, puede probar la eficacia del invento si lee en voz alta el título de cabecera, que quizás pensó era la versión fonética de una pregunta en japonés.* Para su solaz, si quiere entrar en el juego, anoté al pie media docena de las expresiones más comunes de entre las decenas que manejábamos. La diversión se prolongó por un trimestre cumplido, luego decayó, pero nos dejó buen sabor de boca y el cimiento sólido de nuestro bilingüismo posterior.
Sin embargo (hogüevero, en la jerga), lo que antecede ¿es noticiable? o lo que es lo mismo ¿justifica el monto de atención que precisa la lectura de un par de folios?
La respuesta, esta vez, si no estuvo en el viento le faltó poco; porque apareció plasmada, virtualmente clavada en el universo virtual para ser celebrada de inmediato por miles de entusiasmados internautas.
El 27 de agosto pasado la cuenta de Twiter, titulada ElBloombito, creada por Rachel Figueroa Levin, comenzó emitiendo la siguiente salutación:
Hola Newo Yorko! El stormo grande is mucho dangeroso! No estoy apuntado a ninguna red social –no me queda tiempo para corresponder a sus mensajes–, aún así, por una u otra vía me llegan. Al leer lo que antecede creí que lo firmaba Ramón desde el más allá. Aunque enseguida, por los errores ortográficos que contenía, comprendí que no, y sin pararme a pensarlo lo rectifiqué de inmediato:
¡Helloo Neguo Yorko! ¡Theo bigo stormo iso veryo dangerouso!
era lo que mi amigo habría escrito de haber sido el autor.
A estas fechas ElBloombito supera los 15.000 seguidores. Sin duda seguirá creciendo. El tesón del alcalde tiene toda mi admiración y desde esta página perdida seguiré sus progresos. Entre otras cosas porque me parece el mejor recuerdo que puedo brindarle a Ramón, esté donde esté. __________ * Los japoneses, si llegasen a leer y comprender esta anécdota, probablemente se lo tomarían con humor.
La traducción a su lengua que da Google es: それは何時ですか? y la versión fonética, Sore wa nan-jidesu ka? , a distancia sideral de los tópicos acústicos que frecuentamos los españoles.
Como no puedo asegurar hasta dónde traducción y pronunciación son correctas he preguntado a mi nieto (ya conocido en estas páginas) y su respuesta ha sido:
Yo lo pondría así, 何時ですか, sin la parte de "sore wa" que no hace falta, y pronunciado nan-ji des ka?
El primer símbolo es la partícula de pregunta 'qué', el siguiente en hora-tiempo y luego el verbo.
Y volviendo a la jerga, expresiones comunes fueron:
Llámame pronto mañana: Callomeo tomoroguo soono
Te veré más tarde: Seeyuo latero
Tómatelo con calma: Takeoito easyo
Ten cuidado con el profe de mates: Beo carefulo guito matheso's teachero
y diálogos:
–¿Qué piensas de ella? –¿De quién hablas? ¿es ella o él? –He dicho ella no él !!!
–¿Guato doyou'tinko ofhero?
–¿Guomo youo speakofo? ¿iso sheo oro heo? –Io saido hero noto himo !!!
¿Increíble?... pues hasta aspirábamos las 'haches'.
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