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EL ESTADO DE ALERTA es el antídoto de la angustia, aunque también puede arrastrar hasta la náusea. El hombre ha sido sermoneado a lo largo de la historia por predicadores, casi siempre dogmáticos:
"¡Estate alerta!", se le ha repetido insistentemente.
Hoy se le tiene adormecido, y por ello siente aversión cuando lee o escucha algo que desentona con el ruido de fondo cotidiano. La reacción más común de una audiencia es la pasividad.
Las diferencias que se dan entre los componentes de una audiencia heterogénea se podrían tipificar (tomándolos de uno en uno) conociendo la finalidad: el objetivo último tras el que cada cual va. Al receptor no preparado de antemano le suele producir una especie de pasmo la pregunta:
«¿Cuál es el fin que persigues, haciendo lo que haces cada día?»
Los creyentes en la vida ultraterrena se deberían recuperar del pasmo al caer en la cuenta de que son eso, creyentes. Los indiferentes y agnósticos carecen de ese recurso para salir del trance. Lo singular es que la respuesta más corriente de unos y otros (aparte del probable: "a ti qué te importa") se puede resumir en una palabra: «Sobrevivir»
Este resultado era presumible. Pero, desde una óptica algo teñida de narcisismo intelectual, comprobar lo que se presume es premisa del juicio científico. Además, la pregunta pretende, reforzándose en la redundancia, alertar sobre una reinterpretación del estado de alerta.
Hasta hace poco sólo se estaba alerta para apagar cualquier chispa heterodoxa que pudiese desenmascarar el paisaje ortodoxo montado (estructurado) a nuestro frente. Hoy el montaje no se sostiene.
La lengua inglesa, cuya economía expresiva se basa en la forma de estructurar sus significantes, resuelve "estado de alerta" en una sola palabra: awareness. En castellano, lo mismo que senectud, rectitud, laxitud..., podríamos tener alertitud. No lo tenemos, por cacofonía o por razones lingüísticas de más enjundia; no hace al caso. Traer a colación el inglés se debe a que dispone además del refuerzo de dicha palabra, self-awareness, para lo que en español necesitamos cuatro: "estado de alerta introspectivo':
Las llamadas al self-awareness son tan insistentes en los escritos contemporáneos que merecen atención.
Se puede argumentar que se trata de la expresión nueva de una mística contenida en todas las grandes religiones. Sin embargo, no se propone al hombre que se retire a meditar a un cenobio, sino que permanezca en el ejercicio cotidiano, pero siendo en todo momento consciente de los resultados de su actuación. Por supuesto la atención se cansa. El límite de la fatiga de vivir sólo es desplazado por quienes no cesan de aumentar sus conocimientos. Tal límite, aparentemente impreciso, se alcanza cuando se asume que sobrevivir es la única finalidad que resta.
El estado de alerta introspectivo permite distinguir, aun si pretenderlo, a los cadáveres ambulantes. Tan fúnebre distanciamiento puede inducirnos al acomodo en la cerrazón mental —la antigua fe del carbonero—; lo cual, para la sociedad motorizada en que vivimos, haría del parque automovilístico una gigantesca empresa funeraria... ... con los muertos al volante.
"¿Se reduce este discurso a una pincelada de humor negro?"
Puede, pero aun así: si utilizas normalmente tu coche para ir a trabajar, te invito a que observes con discreción —en alguna de las obligadas paradas del trayecto— las caras de otros conductores. Luego, eso sí, tomando las debidas precauciones, mírate si te parece oportuno en el espejo retrovisor.
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Fabian Zola
Texto original ligeramente abreviado y corregido. ________ |