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    DE LA TIERRA, LAS AGUAS PATAGONAS...
y más allá
 

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Nº 53 — MAYO 2004
Quilmes — Argentina



No voy a ofender la inteligencia del lector haciéndole creer que sé de la Patagonia más que él porque pasé allí un par de semanas. Ni siquiera le voy a contar el encantamiento que produce la contemplación de los cielos australes, parado en cualquier punto del desierto o de la costa. Ésa es materia para experimentarla, y no se deja encerrar en quinientas palabras. Es cierto que voy a aprovechar éstas para presentar a un personaje de ese mundo que también las desborda, pero ante la disyuntiva de hablar del paisaje o del hombre siempre prefiero a este último. El tipo, como se dice por aquí, es verdaderamente excepcional. Por supuesto, él jamás admitiría que lo es. Su nombre, Mariano, su apodo "Pincheti"; su profesión y devoción, el mar; su penúltima aventura, "cortar" los canales del estrecho de Magallanes ascendiendo de sur a norte contra viento y marea.

No por rara o infrecuente he destacado la expresión, sino porque en el uso diario de la lengua no se presentan demasiadas ocasiones donde una frase hecha recupera avasalladora y exigente el significado que la alumbró. Hay que escuchar a Mariano para dejarse perder en la cadencia de pausas, silencios y arrebatos que imprime a su narración, observar la mímica contundente con que escenifica sus gestas anónimas, y entender que eso, de lo que habla, y no otra cosa, es lo que tiene que hacer: atender a la llamada de la última frontera.

En su penúltimo viaje la rozó. Solo tengo espacio aquí para apuntar un episodio que viví vicariamente a través de los ojos de lince de Mariano, trascendiendo sus palabras. Hacia la mitad de su singladura, "Vulcano", el barco que pilotaba, arribó al reducto terminal de una etnia amerindia que los libros dan por extinguida: los Alakalufes. La última decena de éstos, seis hombres y cuatro mujeres, comparten su existencia con los pescadores de Puerto Edén, poco más de doscientos. El atraque del Vulcano propició la fiesta que la visita de gentes del mundo exterior suscita invariablemente en el lugar. Puerto Edén está enclavado en una de las mil islas chilenas que conforman los canales —al NNO de la boca del Pacífico— del Estrecho de Magallanes.

poblado alakalufes: foto de MarianoMariano danzó y bebió. Una de las cuatro mujeres Alakalufes debió quedar fascinada por él. Nada semejante me dijo; solo yo imaginé que el brillo de su mirada, al evocar la escena, traicionaba su discreción. Increíble chispa, colisión de dos mundos, uno que desaparece y otro que nace. Ante miradas anónimas y embrujadas danzaron con la música del tiempo y de la distancia, dando fe de la universalidad de los sentimientos humanos.

Si tuviera que elegir una canción y una letra para contener el presente y el futuro del personaje no dudaría un segundo, porque seis años antes de que él naciera ya estaba escrita. Sinatra con «My Way» arrasó y llenó los continentes dando sus viajes por terminados... I’ve traveled each and ev’ry highway, afirmando rotundo haber hecho lo que tenía que hacer... I did what I had to do, para decir las cosas sentidas de verdad... to say the things he truly feels, y finalizar —una vez y siempre— a su manera... and did it my way. Si tuviera que elegir un libro sería demasiado fácil. Mariano está fascinado por las gestas de Shackelton, pero es de Conrad la sombra del marino que lo abraza. Y él lo sabe.
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Puerto Madryn, abril de 2004

FAB.

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