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De WILLIAM a HAROLD y viceversa

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Nº 69 — NOVIEMBRE 2005
Quilmes — Argentina


To Chancey Gallick, wherever she is

      Haz un pequeño esfuerzo de concentración, lee las consecuencias que anuncia la elección de uno u otro de los tres metales que siguen y después decídete por uno:

  • PLOMO: si lo eliges habrás de arriesgar y entregar todo lo que posees.
  • PLATA: por esta elección, en cambio, obtendrás todo lo que mereces.
  • ORO: por elegirlo conseguirás lo que tantos hombres desean.

      Conviene que te sitúes en un cruce, en un nudo "vital" del camino que te queda por andar. No sabes dónde está ese nudo, ni cuando lo alcanzarás, pero sí lo esperas (aunque quizás lo temas) porque la vida sin esperarlo carecería de sentido.
Asumo que ya has entrado en el juego; por tanto puedo anunciarte que si aciertas en la elección serás feliz el resto de tu vida.

mercader Seres humanos que deambulan por el "cuarto" mundo saltan las barreras de espinos y cuchillas que los separan del "primero". A diario se juegan la vida, su única posesión además del hambre. Si les propusiéramos un acertijo como el antecedente se sentirían insultados o simplemente "pasarían" de responder. Tú, lector, también puedes "pasar". Como he dicho, la propuesta es un juego. Sin embargo, quizás te tiente volver a los metales y decidirte por uno: por el mismo que pensaste al primer golpe de lectura o quizás por otro.

Si rebuscas en tu baúl de los olvidos o si has disfrutado de la reciente recreación de «El Mercader de Venecia», ya conoces la respuesta correcta. Sólo falta que la encajes en tu circunstancia vital, es decir, que interpretes lo que proponía el gran bardo hacia 1600 al escenificar la felicidad en la acaudalada, bella y sabia Porcia.
Con los hombres y mujeres de hace cuatro siglos las cosas funcionaban más o menos de ese modo: el autor delineaba una meta idílica, exótica e inalcanzable que, además, servía para "educar" a la gente separándola por unas horas de los problemas y la escasez de alternativas de la vida cotidiana. Shakespeare y los autores de su generación produjeron entonces todo lo que hoy, multiplicado por millones, producen los "media"; y si bien el recurso a la evasión de la realidad sigue teniendo vigencia, el exotismo sólo sirve ya para pasmar ilusos.

roomRevisaba lo escrito hasta aquí cuando otro autor llamó a mi puerta. Lo hizo como aporreándola. No era para menos, porque acababa de recibir el Nobel de Literatura. «The Room», la obra primera que escribió y que lo lanzó a la fama, se estrenaba en el teatro de la Universidad de Bristol en mayo de 1957. Diez o doce años después, por obra y gracia del British Council, tuve la fortuna de verla representada en Madrid. Aprendí entonces que las peores pesadillas de incertidumbre e inseguridad que nos acechan estaban contenidas en aquella "habitación", expuestas al entendimiento de quien supiera y quisiera escuchar. En toda la obra de Pinter no aparece ni el exotismo ni la felicidad como panacea, más bien al contrario. Fiel a su "método", así ha continuado hasta hoy.

Es difícil que se produzca el encaje adecuado de un suceso exterior (distante y ajeno) con lo que ocupa nuestra imaginación en un momento de intensa reflexión. Pero así pasó: el suceso exterior, el ascenso de Harold al Olimpo de las Letras, vino a cerrar la reflexión que empezó con el juego de William. Por leer hasta aquí has empezado a participar. Quizás decidas explorar ahora, si no lo has hecho antes, la visión contemporánea de Harold. Como William visto del revés, upside down, puede ser una manera de planteártelo.
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FAB

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