SUCEDIÓ en 1986. En abril, unos dicen el 15 y otros el 18, fallecía Jean Genet en París, donde había nacido. Dos meses después, el 14 de junio, era Jorge Luis Borges quien se despedía de este mundo en Ginebra, la ciudad donde había cursado el bachillerato mientras la vieja Europa guerreaba. El oficio común y la contigüidad de su muerte yuxtapone (no une) a estos dos hombres, al tiempo que su dispar peripecia vital los separa. La efemérides parece hecha a propósito para susurrar los méritos literarios del primero, cuya difusión y reconocimiento no se aproximan a los del genio de la lengua española.
En la WEB, grosso modo, aparecen en la relación de 1 a 4; relación que particularizada a la lengua francesa se invierte casi a la de 2 a 1.
En España la Revista de Occidente nace en 1923, el mismo año en que Borges edita su primer libro. De ese debut literario, la revista da noticia al año siguiente en su décimo número, donde "Ramón" (Gómez de la Serna) hace una elogiosa reseña de "Fervor de Buenos Aires". El alumbramiento compartido preludia el estatus de hombre "de la casa" que acompañará a Borges para siempre, aunque su firma sólo aparezca en el artículo "Menoscabo y grandeza de Quevedo", del número que cerró 1924, y en dos de los trece poemas odiseicos que García Gual reunió en julio de 1994.
Ese tácito pertenecer a la casa se expresa pujante en la atención de los demás, de la pléyade de colaboradores que construyen la prestigiosa revista. El número del pasado junio (el 301), caliente todavía, lleva por título de cabecera «Borges: veinte años no es nada». En 60 páginas cuatro autores escriben sobre las novias, la filosofía, Kafka y el Quijote borgeanos. Ninguna glosa de esos artículos puede hacerle mejor justicia que recomendar su lectura. Naturalmente, lo novedoso de lo que cuentan lo será menos (si es algo) a ese lado del charco que a éste. Aún así...
Pero vuelvo al leitmotiv de esta "nota", el que apuntaba en un susurro al comenzar. Lo propondré en forma de pregunta: ¿Fue Genet la cruz de la moneda, el contrapunto de la cara en la que Borges brilla y deslumbra? La verdad es que importa poco si lo fue, ni siquiera si se "le" puede pensar así. Para estremecernos, incluso antes de leer "Pompas fúnebres", o su escalofriante relato "Cuatro horas en Chatila", basta seguir su periplo carcelario hasta anonadarse frente al porqué del "Gran Premio de las Artes y de las Letras" que mandó a recoger a un anónimo muchacho negro, decisión de su "extravagario" que lo conecta con Thomas Bernhard, otra lacra para pensadores y lectores políticamente correctos. Por eso, para no perder el sosiego, es cierto que más conviene retroceder al centenario del nacimiento de Borges y leer el número monográfico de junio de 1999 que la RdeO le dedicó.
Es una recomendación pareja a lo que Leda contaba por entonces en este recién nacido delSUR: Me ha ocurrido muchas veces estar en un país extranjero y sentirme sola. Busco entonces un libro de Borges y al leerlo, me siento en casa.*
Una sensación parecida leyendo a Genet es impensable; quizás podrían experimentarla los desheredados del mundo, los habitantes de los campos de refugiados, la carne contemporánea de la famélica legión. Pero sus pautas de supervivencia, que yo sepa, no incluyen pausas de reposo para la lectura.
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* en AGENDA delSUR –agosto 1999– :: «Borges y yo»
FAB
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