y se dice que todavía son más las que tienen existencia real y han sido cartografiadas con absoluta precisión. Las islas, en puridad, como tierras emergentes que "sobresalen" del nivel del mar que las rodea, no constituyen por sí mismas fenómenos distintos a los continentes, tierras emergidas también, si se quiere, pero que nadie califica de ese modo.
Anticipándose al programa «SEPTENIO»[1] que dedicará este año 2010 a las islas del mundo, la «Revista de Occidente» publicó en noviembre pasado un número extraordinario y monográfico con el sugestivo subtítulo "La exuberancia del límite". Sé muy bien que la Revista se puede adquirir en Buenos Aires, pero por si allí, o en otro lugar, eso fuera difícil, el problema está resuelto aquí, en Internet. Basta acceder a la página oficial de la «Fundación Ortega y Gasset»[2] o, en este caso, a la dirección concreta.[3] Sería ocioso, por tanto, glosar el resumen del número. Me limitaré a dejar constancia de las consideraciones a que me ha movido su lectura.
La separación de los artículos en dos bloques esenciales, como se ve en el sumario_índice, probablemente no será ni siquiera advertida por el lector. Diez artículos, presentación incluida, preceden a los siete que siguen bajo la etiqueta de CLÁSICOS. El criterio de ubicación de los autores en uno u otro grupo parece claro. La excepción es el desplazamiento de Umberto Eco "fuera" de los clásicos; pero eso se ha debido sin duda a que su artículo, el más breve de todos, no era separable del firmado por Tarcisio Lancioni ─profesor de Semiótica de la Universidad de Siena─, que da a conocer «El Islario de Benedetto Bordone», el segundo libro de esa naturaleza impreso en el mundo. Umberto Eco había dado noticia de Bordone en la prensa española, a finales de 2004; lo hizo a propósito del florecimiento de la industria de reproducción anastática. Este neotecnicismo (que supongo incorporado a la novísima edición de la Gramática Española) define la obtención de reproducciones facsimilares hasta un grado de perfección que las hace mejores ─se entiende que más legibles y restauradas sus lesiones─ que el propio original.
El artículo de Lancioni, el más extenso de la Revista, no oculta su admiración por el trabajo enciclopédico al que Bordone consagró su vida: "... quiere hablar casi de todo el mundo y contar cuanto le sea posible; para hacerlo debe trabajar día y noche [...] puede jactarse de un saber teórico [...] ha estudiado topografía y astronomía...". Al «Libro de tutte l'isole del mondo», impreso en Venecia en 1528, le siguieron tres reimpresiones con el título abreviado a «Isolario di Benedetto Bordone». En total se distanciaron 39 años. Esta noticia en español, ─traducida por Alfredo Taberna─, aunque se produzca a casi medio siglo de distancia, le hace justicia.
Un poeta, ensayista y catedrático de la Universidad de La Laguna, Andrés Sánchez Robayna, cumple el encargo expreso de presentar un sucinto compendio de "textos poéticos sobre las islas y la insularidad". Selecciona hasta diez, todos de autores del siglo XX, entre los que figuran Rilke, Saint-John Perse, Nemesio... e incluso Cendrars. Impresiona por su rotundidad la «Oda a Santorini» de Odiseas Elytis, traducida por Christian Carandell.
La mitología empapa e interpenetra más de un ensayo, como no podía ser de otro modo. Las "afortunadas" islas Canarias son la sustancia capital de la memoria mítica. El catedrático de Filología griega de la Universidad Complutense, Marcos Martinez Hernández, destila en veintiséis apretadas páginas los saberes desarrollados en sus numerosos libros. El repaso, aunque apresurado, transita desde las Islas de los Bienaventurados, con paradas esenciales en Hespérides, Atlántida, Purpurarias..., hasta San Borondón (o San Brandán): los mitos son explorados hasta sus orígenes, y quedan liberados de las exageraciones y disfraces que, por su misma naturaleza, se recargaron en el imaginario colectivo.
Decir que el ensayo de Valeria Burgo, semióloga, profesora..., Comisaria de Arte en Venecia, ha sido el que me causó mayor impresión no hace de menos ni, por supuesto, infravalora a ningún otro. Su título, «Los habitantes de la isla», ya despierta ecos sugerentes, y el subtítulo, «La cosmología diagramática de Charles Avery», termina de abrir la puerta de la curiosidad; ésta no se verá defraudada en un solo párrafo, antes al contrario, se verá reforzada por fotografías de las que me he permitido incluir aquí una imagen reducida de la más inquietante.[4]
Era esperable, y se produce, la referencia a Borges: «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» (1941), texto al que Avery debe mucho..., lo mismo que la aseveración casi final, no es casual que la ciudad principal de la isla se llame Onomatopoeia, ni que en las antípodas del Axioma de Descartes, se delinee, impenetrable, el Axioma de Wittgenstein.
The Islanders, la work in progress multimedia del escocés Avery, ha tenido hasta hoy distintas actualizaciones en diversos formatos; no parece que haya cruzado el canal de La Mancha y menos aún el océano Atlántico. Convendrá estar atentos para cuando lo haga.
En este punto voy a producir lo que se puede llamar un "cierre falso". La razón para hacerlo está en que las consideraciones que faltan, sin entrar siquiera en los artículos firmados por autores clásicos, no son de menor enjundia que las expuestas, y he parado en mientes sobre un viejo dicho: "demasiada excelencia puede llegar a cansar". Por tanto la economía, el cine y las series televisivas secundarán la nostalgia mediterránea, para producir un "cierre firme" en la primera ocasión que este año de las islas señale oportuna.
Entretanto, el presunto lector potencial puede especular sobre quién es el autor del siguiente párrafo:
"Este tropel de gente joven, elástica y sonrosada ─fauna de gran film─ nos arrastra en su alegría navegante y nos hace marchar con ellos. Desde que salimos de Jersey nos acompaña también una gaviota".
Elíjalo entre uno de estos cinco "clásicos": Deleuze, Greimas, Ortega, Sloterdijk o Todorov... pero no excluya la sorpresa.
... ... ...
El ejemplar de la Revista termina con la usual sección de LIBROS. Rogelio Alonso dedica una amplia referencia al texto de Helena Béjar, «La dejación de España. Nacionalismo, desencanto y pertenencia». De ésta se deduce lo que ya anticipa el ajustado y preciso título del libro. Las circunstancias políticas actuales hacen que para los españoles su lectura sea más que recomendable. El interés que pueda suscitar en un lector argentino será lógicamente menor.
CODA
Por accidente crucé la lectura de la Revista con un documento de la Biblioteca Digital Mundial, BDM,[5] que pareció haber sido conjurado por aquélla.
El documento se titula «Gráfico de las Islas Galápagos: Medido en el buque mercante Rattler y dibujado por el Capitán James Colnett de la Armada Real en 1793, 1794; grabado por T. Foot», y explica sucintamente que el capitán realizó un largo viaje por el Pacífico, del cual publicó una crónica en 1798 [...] a fin de ampliar la zona de pesca de ballenas espermaceti, y otros objetos de comercio.
El mapa lo publicó en 1798 el cartógrafo londinense Aarón Arrowsmith y es la primera carta de navegación precisa de las islas.
El lector encontrará la razón de esta coda nada más averigüe la autoría del párrafo que le he propuesto antes.
[1] promovido por el Gobierno de Canarias
[2] Fundación
[3] RdeO nº342
[4] la fotografía de la Revista está en blanco y negro; la reproducción aquí es la que aparece en la National Gallery of Scotland reducida al 75%. El texto al pie informa de sus dimensiones [103,5 x 139 cm], fecha y tipo [2009, lápiz y gouache sobre papel] y al "sin título" añade (Duculi).
[5] BDM
FAB |