G.O._log

La Organización Narrativa en la obra de GEORGE ORWELL

De Eric BLAIR a George ORWELL

texto abreviado

 logo UCM

CIENCIAS de la INFORMACIÓN
«Tesina» — 1982
MADRID


     Pautado de avance

 [1]
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 [3] ← especulación
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 [5] ← consolidación
 [•] ← final y NOTAS
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     Aunque un análisis literario
se pueda llevar a cabo prescindiendo del nombre y la circunstancia del autor de los textos que se examinan, el estudio del proceso formativo del escritor, sus fuentes y experiencias, no es imaginable sin recurrir a referencias biográficas. El proceso formativo de un escritor, en sentido amplio, no termina hasta su última obra; en cambio, la gestación se puede dar por finalizada con la primera.
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     Eric Arthur Blair nace en 1903 en Motihari, Bengala. Publica su primer libro, bajo el seudónimo de George Orwell, pocos meses antes de cumplir los treinta años. Su muerte prematura en 1950 le ha distanciado lo bastante para que se pueda hablar de una "era Orwell", aunque vivan todavía escritores universalmente conocidos de los que fue contemporáneo.1 Orwell expresó en su testamento el deseo de que no se escribiera su biografía, 2deseo que difícilmente podía ser respetado, puesto que "fue uno de esos hombres cuya vida y escritos fueron en la práctica inseparables".3  En consecuencia, los libros que se han dedicado a su obra contienen material biográfico en proporción similar o superior a lo que estrictamente es análisis o crítica literaria.

Unkknown Orwell     El primer libro que investiga en profundidad los primeros treinta años de la vida de Eric Blair y sus antecedentes familiares es «The Unknown Orwell» de Peter Stansky y Williams Abrahams.4 Los datos que aporta este libro sobre la gestación del escritor son fundamentales, aunque en opinión de Jeffrey Meyers —uno de los más concienzudos estudiosos de Orwell— la tesis de sus autores falle en el intento de demostrar que el protagonista "cambió de personalidad cuando cambió de nombre".5
En cualquier caso, la investigación llevada a cabo por Stansky y Abrahams suministra datos que no figuran en «The Collected Essays... » y de ellos se utilizan los que son pertinentes. 6
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     Lo que un escritor ha leído
—podríamos decir también, lo que ha dejado de leer— compone inevitablemente el marco de referencia de una parte de los juicios emitidos después por los críticos de su obra.
No es necesariamente cierto que todo escritor notable haya sido un ávido lector, pero Eric Blair sí lo fue: "comenzó a leer ávidamente, con la apasionada indiscriminación de un niño para el que leer —libros, revistas, anuncios, periódicos cualquier cosa— se convierte en un parte esencial de su existencia. Hacia los ocho años de edad había leído [...] Tom Sawyer, Coral Island, Rebecca of Sunnybrook Farm y Gullíver's Travels".7 Este último libro le apasionó tanto como para repetir su lectura "al menos hasta siete veces durante distintas etapas de su vida".8 Ciertamente, el autor de Gulliver encabezará más tarde la lista de los rostros que cree ver tras las páginas de cualquier pieza escrita con fuerte personalidad.9
Si se puede decir que fue fiel a Swift durante toda su vida, también lo fue a Kipling, Wodehouse, Shaw y Thackeray. Su lealtad hacia estos autores era virtualmente inconmovible, por ello, cuando durante la segunda guerra mundial atacó a Wells, tildándolo de optimista liberal, se sintió como un parricida.10
Durante su preparación escolar en el colegio de St. Cyprian —orientada exclusivamente para ganar una beca de Eton— compitió para ganar el premio a la 'mejor lista' de libros retirados de la biblioteca a lo largo del curso. Su lista estaba cargada de títulos tan impresionantes como The French Revolution de Carlyle, y de otros que se consideraron demasiado avanzados para su edad. Tal fue Sinister Street de Compton Mackenzie.11 La misma línea de lector precoz se refleja en el intercambio de libros que recuerda una compañera de juegos y vacaciones durante la infancia, quien también rememora la temprana intencionalidad de Eric, la que éste escondía tras su afición por la lectura: "él decía que leer era una buena preparación para escribir... que cualquier libro podía enseñarle algo, por lo menos cómo no se debía escribir uno. Eric siempre estuvo decidido a escribir, pero no como un autor cualquiera sino como UN AUTOR FAMOSO, así, en mayúsculas". 12 y 13
Las dificultades y frustraciones que hubo de superar hasta alcanzar la fama no podían estar presentes en su ánimo cuando vio publicado su primer trabajo, el breve poema «Awake!, Young Men of England», ("Jóvenes de Inglaterra, ¡Despertad!"). Este apareció el 2 de Octubre de 1914 en el periódico local Henley and South Oxfordshire Standard. En opinión de sus biógrafos, el interés del poema no se centra, naturalmente, en sus méritos literarios sino 'en lo que nos dice de la Inglaterra de 1914, y del entrenamiento y educación escolar de un muchacho de la clase media-alta, durante aquella época'.14 Añadiré que tampoco es ajeno al interés que hoy ofrece esta infantil composición, su 'intenso y más bien primitivo patriotismo', porque el mismo —evolucionado y crítico, por supuesto— aflorará prácticamente en toda la obra del escritor maduro.
Eric Blair tenía once años cuando escribió aquel poema. Dos años después no había cambiado de estilo ni de género, y el mismo periódico le publica "Kitchener", otro verso patriótico, epitafio al viejo héroe de Khartoum muerto en la voladura del crucero Hampshire. Este suceso coincide con el final de la enseñanza preparatoria de Eric y con su admisión en Eton. Ha ganado la dura oposición para obtener un puesto de becario, aunque el número que obtiene no le garantiza la entrada inmediata.15
De todas maneras ha dejado atrás la etapa de St. Cyprian, la escuela que no volverá a visitar salvo mentalmente. Pero esto ocurrirá muchos años después, en 1947, cuando escriba «Such, Such Were the ]oys», el relato cuya sorprendente minuciosidad e intensidad en la descripción de los detalles hace pensar que "sus experiencias allí le dejaron una herida abierta, que él mismo procuró que no cicatrizara".16
No deja de ser significativo que entre las escasas 'buenas reminiscencias' de la 'escuela, el autor incluya 'el goce de despertarse más pronto en las mañanas de verano para poder leer durante una hora sin ser molestado'.17 Aunque son las reminiscencias ingratas las que pesan a la hora de evaluar la formación del escritor, hasta el punto de que Meyers ha considerado el relato de éstas "del mayor valor para comprender su carácter, su vida y sus libros, porque el autorretrato de Orwell como vulnerable niño-víctima constituye el arquetipo autobiográfico de sus antihéroes de ficción".18 Sin embargo, el antihéroe característico, el protagonista de «1984», al que Meyers se refiere especialmente, estaba muy lejos de aparecer todavía —lejos del tiempo de la experiencia, no del tiempo de la escritura—.


El tiempo de la escritura de Such, Such Were the Joys precede al de 1984 y se solapa con él.
 

El proceso cronológico que se tenía que cumplir pasaba por Eton. El cambio se presentaba prometedor. El "tiempo de guerra" hipertrofiaba los sentimientos patrióticos, los que impregnaban las composiciones escolares del joven Blair.
Pero la proyección de la evocación poética a la realidad se traducía en la contemplación de los compañeros mayores que se alistaban, muchos de ellos para no volver jamás.19 Durante los dos años que restaban de guerra, aquella contemplación impotente acumuló el sedimento de un peculiar sentimiento de culpa. No es una hipótesis aventurada la que mantienen al respecto los biógrafos del Orwell desconocido, puesto que se apoya en lo que éste manifestó a su amigo y escritor Richard Rees: "(mi) generación estará marcada para siempre por la humillación de no haber tomado parte en la Primera Guerra Mundial".20
El sentimiento de culpa y su secuela de autoexpiación son ingredientes inequívocos, no ya de la psicología del autor —que no estoy capacitado para juzgar— sino de la construcción, del retrato, de sus personajes protagonistas. La actividad desusada, la precipitación hacia el riesgo, es la respuesta física o directa; la reflexión y su materialización en el papel es la respuesta intelectual, la catarsis literaria. Esta segunda respuesta le fue a Orwell tan costosa o más que la primera. Sus cualidades de escritor no afloraron fluidamente, "ninguno de sus contemporáneos de Eton, ni de sus maestros, llegó a pensar que sus escritos de entonces tuvieran algo notable; no era uno de esos jóvenes dorados cuya frente estuviese destinada a lucir la corona de laurel".21
Por otra parte, el entrenamiento para llegar a escribir con corrección estaba implícito en la formación etoniana. Blair escribió en verso y en prosa para las dos publicaciones periódicas del College,22 las revistas que más tarde calificó de "lamentables e irrisorias"; pero, de algún modo, reconoció en ese período formativo el sustrato —de acumulación temporal, al menos— que le convirtió en escritor: "al mismo tiempo (que escribía para las revistas), y durante quince años o más, llevé a cabo un ejercicio literario de una clase completamente distinta: éste consistía en la construcción de una historia continua sobre mí mismo, una especie de diario que existía sólo en mi mente".23

Aldous Huxley     Esta actitud solipsista ha sido corroborada por muchos testimonios de sus contemporáneos. Sir Steven Runciman comenta cómo les hacía notar el uso característico de las palabras en la fraseología de Aldous Huxley (profesor de francés e inglés en Eton en los cursos de 1917 a 19). "Pero la influencia de Huxley fue desafortunadamente limitada; Orwell nunca estudiaba, aprendía muy poco, sacaba notas muy bajas y era 'relativamente feliz' en el cubículo de su propiedad".24
Esta despreocupación sólo afectaba a un aspecto de su afición por la lectura, al del rigor en la selección: Blair dejaba al azar el descubrimiento de 'nuevos' autores, actitud que de todas formas es característica del adolescente que lee lo que le viene a mano. Stansky y Abrahams le disculpan, pero ponen reparos a que no se aventurase profundamente en el territorio de lo "nuevo", lo cual "no es necesariamente una falta, por supuesto, mas debe tenerse en cuenta que él estaba en Eton cuando D.H. Lawrence, Virginia Woolf, T.S. Eliot y Wyndham Lewis estaban publicando sus obras y no eran completamente desconocidos para otros etonianos".25
Naturalmente Orwell se recuperará con creces de este desconocimiento juvenil, aunque su entusiasmo por la obra de estos autores se limitará prácticamente a D.H. Lawrence. Sus objeciones a los escritores de los años veinte se centrarán en el énfasis que éstos pusieron en la técnica, en el apoyo que prestaron a la noción de la forma en demérito del argumento, en el retorno, en suma, de la concepción del arte por el arte.26
Tales objeciones contienen, por vía de negación, una respuesta a lo que Orwell consideró no sólo la manera apropiada de escribir, sino la función misma del escritor. Aunque sea una respuesta construida a posteriori interesa aquí, porque alguna de sus raíces arranca de lecturas de la etapa etoniana. Sus biógrafos así lo plantean, afirmando que de todos los libros que leyó entonces "el que más le afectó fue «The People of the Abyss», de Jack London".27
El descenso al abismo, a los bajos fondos del East End londinense, lo realizó Jack London en el verano de 1902. Cancelado su contrato de corresponsal extranjero de la guerra de los Boers, cuando pretendía entrevistar en Londres a los dirigentes británicos, London decidió aprovechar la ocasión para estudiar las condiciones de vida de "una de las más sobrecogedoras áreas de miseria del mundo occidental".28
Esa experiencia se tradujo en el libro que Blair descubrió en Eton y que utilizó más tarde como guía para su exploración personal del abismo, y también como modelo literario para narrar el resultado de su propia experiencia. [vid. 68]
En definitiva, considerado retrospectivamente, el balance formatlvo de la etapa de Eton resulta poco relevante. La resistencia del educando, inconsciente primero y determinada después, le lleva a definir su paso por la prestigiosa institución como "cinco años en un baño tibio de esnobismo".29
A los dieciocho años Eric da por terminada su formación académica, 'lo académico ha dejado de interesarle, deseaba experimentar algo distinto'.30 Cambia la orientación que se espera de un graduado de Eton, —ingresar en Oxford o en otra universidad de similar categoría—, por unos pocos meses de estudios compactos que le bastan para ganar la admisión en la Policía Imperial de la India.
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[3]
     La especulación sobre el escritor
que hubiera llegado a ser Eric Blair, de haber optado por la escalada académica, es naturalmente baldía.31 Lo que importa es el resultado de aquella decisión, 'porque el hecho de no haber ido a la universidad jugó un papel decisivo en la gestación del escritor". 32
También, es estéril la especie de reproche que se advierte en algunos de sus biógrafos y críticos sobre el tiempo que dejó transcurrir hasta dedicarse de lleno a la escritura. Sucedía sencillamente que Orwell tenía perfecta conciencia del tiempo que necesitaba para acumular la carga emocional que cualquier escritor precisa para comenzar su tarea.33
Los cinco años de Birmania, a su término, clausurarán la etapa acumulativa —la del 'diario mental'— que se consumirá paralelamente en el ejercicio de una profesión a la que no se adapta, pero que le lleva a "un cierto entendimiento de la naturaleza del imperialismo".34
La experiencia comienza con el mismo viaje a las colonias [the voyage out], en sí nada especial puesto que en esa época ya era un cliché muy manido. Muchos jóvenes habían servido en las colonias orientales, tanto en el ejército como en la Administración, y el viaje lo habían hecho infinidad de plantadores, comerciantes y periodistas. Sin embargo, para el novicio no era un cliché, 'era su propia y singular experiencia' 35, y de la suya Orwell dejó el relato de dos incidentes, aunque la narración se distanció de los sucesos. originarios casi tanto como la del retorno imaginativo a la escuela de St. Cyprian. Del incidente más trivial, —el consumo ilícito de un resto de pastel por un fornido marinero de la tripulación—, se sirvió para argumentar sobre la desproporción entre función y recompensa en el sistema capitalista 36. El otro incidente —la aprobación que muestran unas pasajeras al trato brutal que recibe un coolie en el puerto de Colombo— le acerca, por primera vez, la realidad a su experiencia literaria reciente: las gentes del abismo podían ser tratadas como si fueran cosas.37

     El proceso formativo del escritor, en 1922, no se explica por estos detalles que, en todo caso, sólo demuestran su memoria a largo plazo o, si se prefiere, su capacidad de evocación retrospectiva. La búsqueda de hechos objetivos vuelve a recaer en las lecturas. Stansky y Abrahams destacan que en el mismo momento en que el "modernismo" entraba en su década triunfal Orwell se encontraba en el Este. Pero ni el impacto de los autores del movimiento ni mucho menos sus obras llegaban hasta allí, 'rara vez pasaban de Suez'.38
Samuel ButlerEn la selección de autores que prefiere se hallan Tolstoy, Poe y Mark Twain; otros ya le son conocidos, como Thackeray, Kipling y Conrad; entre los nuevos hallazgos se encuentran Samuel Butler, D.H. Lawrence y Somerset Maugham.39 De todos ellos, el que le resulta de capital importancia es el primero, y más concretamente, el libro «Note-Books», que le acompaña de estación en estación por su itinerario birmano.

     Sin embargo, la primera vez que Orwell cita a Butler, según la recopilación de sus escritos en «The Collected Essays...» es en 1933, en una carta escrita seis años después de abandonar Birmania.40 Hasta 1944 no escribirá en su columna del Tribune: "Acabo de encontrar mi ejemplar de 'Note-Books' el libro de Butler, la edición completa de la primera serie publicada por Jonathan Cape en 1921 Tiene ya veinte años y está bastante deteriorada por haber pasado varias veces la estación de las lluvias en Birmania, pero de todos modos aquí está, y para bien, porque es otro de tantos libros estimables que ya no se encuentran".41 En este texto se basan sin duda los autores del Orwell desconocido para situar a Butler entre los 'nuevos' escritores descubiertos por aquél durante su etapa birmana. Meyers, en cambio, retrotrae el primer contacto (lectura) a los días escolares: "las ideas de Orwell sobre el estilo son semejantes a las de Butler, a quien leyó en la escuela preparatoria y luego mencionó como uno de los escritores que mas admiró y de los que nunca se cansó''.42
Evidentemente no es importante esta discrepancia entre sus críticos-biógrafos; el hecho cierto es que utilizó 'Note-Books' como una especie de catecismo de estilo. La cita literal que incluyó en su columna del Tribune seleccionaba en esencia las recomendaciones al escritor novel que ya Orwell había hecho suyas: no regatear esfuerzo para lograr escribir con claridad y eufonía; reescribir una oración hasta tres o cuatro veces, si es necesario, pero no llevar la corrección más allá (corregir en exceso es peor aún que no corregir); vigilar las repeticiones, eliminar las palabras superfluas y, sobre todo, las materias irrelevantes. No preocuparse por el estilo, yendo directo al grano y teniendo en cuenta sólo lo que conviene al lector, es la conclusión que Butler reclamó para sí y predicó para los demás. Orwell haría suyas estas directrices, especialmente para tratar de abrirse camino en los periódicos —a fin de cuentas, lo que Butler recomendaba era el estilo periodístico—. Sin embargo, en el terreno de la ficción no hay que exagerar la influencia. Aunque la utopía de Butler, «Erewhon», haya sido mencionada en conexión con «1984», Orwell no la nombra en sus escritos, mientras en cambio critica, poniendo incluso un acento negativo, la autobiografía póstuma de aquél: "...su punto de vista es el de un conservador, a pesar de sus bien llevados ataques a las creencias cristianas y a la institución familiar. La pobreza es degradante: por lo tanto, preocúpate por no empobrecerte, ésa es la reacción. De ahí viene el final insatisfactorio e improbable de «The Way of All Flesh»,* que contrasta tan extrañamente con el realismo de lo que antecede".43


* título de la autobiografía de Butler: «El camino de la Carne», en traducción de R. Ballester, Barcelona, (s.a.),
 

     Por último, la opinión de Herbert Read puede servir para terminar la disquisición sobre el alcance de la influencia de Butler en la formación del Orwell escritor: "... «Erewhon» es una utopía puesta cabeza abajo..., está escrita siguiendo todavía el esquema de mejoras (sociales) de la misma Utopia: paradójicamente, uno puede ser castigado por estar enfermo, pero el ideal es la salud. En «1984» el esquema es malévolo; todo conduce a lo peor en el peor de los mundos posibles. Mas el esquema arranca del presente, de nuestros Estados totalitarios existentes".44
La opinión de Read relaciona a los dos escritores en una situación terminal, a la máxima distancia temporal de Orwell respecto a su experiencia birmana; vuelvo a ésta para cerrarla también.

     A lo largo de cinco años un escritor en potencia aprovecha algo más que las enseñanzas formales de un catecismo literario. 'Note-Books' cumplió su papel, proporcionó los datos para la forma literaria futura (próxima), pero el espacio birmano puso el fondo que se materializó después en dos ensayos y un libro. Birmania le dio a Eric Blair "tiempo para pensar, razones, y abundante material acerca del cual meditar".45 Parte de ese tiempo lo empleó en aprender el idioma: "terminado su período de adiestramiento fue traslado a Moulmein y ya hablaba el birmano correctamente" 46 *.


* El itinerario de sus traslados fue: Myaungmya, Twante -en el delta del Irrawady- durante 1924; Syran, Insein, durante 1925 hasta set. del 26; después Moulmein y por fin Khata.47
 

     Sin embargo , salvo sus singulares escapadas para atender los servicios religiosos en lengua Karen y para charlar y recitar los mantras con los monjes, no llegó a participar realmente en la vida y costumbres de los nativos. El uniforme era una barrera insalvable. Aunque hubiese deseado otra cosa estaba coartado por la función institucional que desempeñaba, "era un policía y ese era su papel, no el de periodista, escritor florido o estudiante de ciencias políticas".48
Función, clima, y salud debilitada, precipitaron su salida de Birmania. No esperó los pocos meses que le faltaban para tomar sus vacaciones reglamentarias. En el verano de 1927 regresa a Inglaterra con un permiso por enfermedad. La experiencia birmana y el período de 'escritor-en-embrión' habían terminado. Es aceptada la renuncia a su puesto, que presenta antes de finalizar su permiso. La idea de ser escritor precipita hacia su materialización real. "Estaba enteramente convencido de que escribir era lo que quería hacer", fue la explicación que dio a su familia para justificar su renuncia .49  Pero transcurrirá algo más de un año desde que Blair manifiesta su firme decisión, hasta que ve publicado su primer artículo 'profesional'.*


 * "La Censure en Anglaterre", artículo traducido al francés y publicado en el periódico MONDE de Henri Burbusse, el 6 de Octubre de 1928.50
 

     Es el período de purgatorio, de tentativas frustradas y de originales destruidos. Ruth Pitter, ya reconocida por entonces como poetisa lírica de rara cualidad, es la amiga y única persona a la que Eric confía sus poemas. 51 Ella los lee y le sugiere, con exquisito tacto, que "quizás la prosa fuese un medio de expresión en el que se encontraría más a sus anchas". Las primeras historias cortas en prosa que escribió entonces tampoco fueron satisfactorias a juicio de su amiga; pero ésta, en lugar de recomendarle que abandone, le anima a que escriba "de lo que conoce".52 Stansky y Abrahams han obtenido estos datos de una entrevista con Ruth Pitter y con ello han aportado una información ciertamente sugerente sobre la etapa más crítica de la gestación del escritor. Han observado que Orwell mantiene en suspenso su amistad con Connolly 53 hasta 1930 mientras "en cambio, solicita la ayuda intelectual de la poetisa y, evidentemente, acepta sus consejos, aunque la cronología de la producción de sus relatos siga muchas veces un orden inverso al de las experiencias que los sustentan, al tiempo que crece la proporción de los elementos de ficción en los mismos. Esta proporción aumenta según lo hace su seguridad en el oficio, y también con el incremento de la distancia entre el tiempo de la experiencia y el de la escritura.
La experiencia birmana es el acontecimiento reciente, pero su traslación por el momento se condensa en un artículo de los pocos que entonces consigue publicar. Ni aquella experiencia, ni la más inmediata ─la acumulada en las incursiones a los bajos fondos de Londres, el primer contacto intencionado con las gentes del abismo─  encuentran todavía la forma de expresión adecuada.
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[4]
     La determinación de trasladarse
a París en la primavera de 1928, gesto de liberación que significa tradicionalmente, desde los días de George du Maurier, "vivir la vida bohemia y como consecuencia ponerse a escribir", es interpretada por sus biógrafos como producto de la desilusión acumulada durante los seis meses de Londres, sin resultados ni progreso tangibles.54 Es en París donde se materializan los primeros resultados; el artículo ya citado, al que siguen (en Diciembre-Enero, 1928-29) otros tres también traducidos al francés, ─sobre el desempleo en Inglaterra; un día en la vida de un vagabundo; y sobre los mendigos de Londres─. Al mismo tiempo publica el primer artículo en su patria: «A Farthing  Newspaper», en el número de G.K's Weekly (cuyo editor era Chesterton) del 29 de Diciembre de 1928.
Mas la frecuencia semanal que empezaba a perfilarse en los artículos publicados en París no alcanza al cuarto episodio. El esfuerzo autodidacta de Blair durante los once meses restantes se resolvió en cientos de folios originales destruidos frente a unos pocos impresos.55
Las vivencias, especialmente traumáticas, que pertenecen a ese período no encuentran dentro de él su expresión adecuada: "... a pesar del consejo de Ruth Pitter, todavía estaba elaborando ficciones que tenían más que ver con lo que había leído que con lo que sabía, e incluso más con lo que esperaba que podía vender".56
Entre aquellas vivencias, las dos más importantes arrancan de accidentes de muy distinta naturaleza. El primero es un acceso de neumonía, que por carecer de suficientes recursos le obliga. a internarse en un hospital de desheredados. Logra restablecerse y salir del hospital sin esperar siquiera a ser dado de alta, pero en unas pocas semanas había acumulado la experiencia de contemplar impotente "cómo mueren los pobres".57
El segundo accidente es la situación de completa miseria a la que llega tras ser víctima de un robo. La miseria económica le fuerza a un paréntesis en su incipiente oficio de escritor.
Entre las decisiones que podía tomar para sobrevivir no contaba la de seguir escribiendo ─después de casi dos años de dedicación había obtenido veinte libras─. Encuentra trabajo de friegaplatos y su nuevo contacto con los bajos fondos cambia de matíz. La pérdida del status de clase es ahora completa.
En opinión de sus biógrafos, las razones por las que permaneció en París en tan lamentables condiciones respondía a la necesidad de experimentar lo que, desde su infancia, le habían enseñado a temer más que nada: la pérdida de la protección del dinero; "... ya había renunciado a los privilegios de su clase... ahora, sin dinero, había llegado el momento de conocer la vida desde lo más bajo".58
No es aventurado afirmar que en esta etapa se forma el "yo" literario del narrador y, en ese sentido, cobra mayor importancia la biografía emocional de París que la lenta sedimentación de sentimientos anti-imperialistas destilada en Birmania. Sus biógrafos exponen indirectamente una hipótesis semejante cuando investigan la existencia de cartas, diarios, notas, testimonios contemporáneos de aquel período... cualquier clase de documento. No encuentran nada: "Es como si Blair hubiera desaparecido durante tres meses y retornado después disfrazado de 'Yo' para contar dónde había estado.59

Down and out...     Este retorno no será público hasta la aparición de «Down and Out in Paris and London» en 1933. Stansky y Abrahams argumentan que muchos fragmentos de este libro debieron estar escritos 'en bruto' incluso antes del otoño de 1929.60
Los tres años largos que median entre estas fechas ya no son de gestación del escritor en sentido estricto, sino de trabajada y penosa consolidación en el oficio. En ese período publica seis revisiones críticas de libros, y tres artículos de contenidos no clasificables bajo un factor común.
Los libros que recibió para revisión componían un lote heterogéneo, mayoritario en biografías-críticas de literatos, una novela y un ensayo.61 El análisis que hizo de ellos revela en ocasiones la proyección de su propia circunstancia; por ejemplo, la referencia a la falta de recursos o a la mala salud. Así, la pobreza que atenazó a Melville durante cuarenta años 'hasta mutilar su talento casi por completo',62 o la salud enfermiza de Carlyle que no debió ser tan mala puesto que 'no le impidió cumplir los ochenta y seis años'. 63
Los argumentos que emplea contienen mayor número de referencias a sus conocimientos literarios, o citas de autoridad, cuanto más desfavorables son para la obra comentada. London, Conrad, Hardy, Wells y sobre todo Dickens, 'gran maestro de la prosa, la psicología y el ingenio', son citados para reducir al autor criticado a la estatura literaria que le corresponde, y también para documentar la prosa del crítico que 'fluye suave, aforística y cargada de alusiones', mostrando que éste 'ha dominado desde el principio la técnica de elegante revisión literaria que se practica en Inglaterra'.64
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Jack London     La consolidacion como escritor
a que apunta este último comentario se reduce al aspecto profesional, donde la técnica domina sobre la creatividad. Pero en la misma etapa, como se ha indicado, Blair consigue ver publicados tres artículos en los que la creatividad prima sobre la técnica, en los que no hay subordinación obligatoria al trabajo de creación hecho por otros.65 «The Spike», el primer articulo en orden de publicación, relata la vida de un día en un albergue de auxilio cívico; su tema es la crítica de las regulaciones que infestan el auxilio institucional,66 y su repercusión en las víctimas auxiliadas.67 El modelo de Blair para esta primicia de integración de sus experiencias en la invención literaria es Jack London.68 La peripecia creativa de este relato autobiográfico, hasta que logra la forma en que es aceptado, fue ardua. El original es anterior a las revisiones de libros, y Blair trató de recuperarlo al ver que la revista no se lo publicaba.
Adelphi le sugiere que reduzca su extensión; cumplido este requisito es como aparece en el número de Abril de 1931. Después, nuevamente reducido y retocado, formará parte de dos capítulos separados de su primer libro.

     Se puede decir que la publicación de "The Spike" determina formalmente el final de la gestación del escritor. Además, su inclusión en «Down and Out...» convierte este relato en un nexo tangible entre las dos personas Blair-Orwell.
Sin embargo, como ejemplo del análisis de la organización narrativa del autor utilizo después «A Hanging», el segundo relato "creativo" que publicó Adelphi en Agosto de 1931.
Las razones objetivas ─las menos subjetivas─ que avalan la elección de A Hanging como origen del análisis son: la brevedad del relato, la superior tensión argumental, su mayor distanciamiento del tiempo de la experiencia que describe y, especialmente, la incipiente separación de la forma autobiográfica.* Por otra parte, 'A Hanging' es el precedente específico de la primera de las seis novelas que escribió Orwell, mientras que 'The Spike' lo es de sus libros-reportaje.


 * posteriormente he recogido la siguiente opinión:
"En las pocas páginas de este ensayo [A Hanging], encontramos algunos de los elementos que luego son importantes en la obra de Orwell, [...] el punto esencial es que todos los elementos del ensamble narrativo se juntan para producir un efecto unitario. En realidad, para el efecto total, lo que Orwell omite es casi tan importante como lo que expone. La escasez de nombres propios, la falta de fecha, y la ignorancia en que queda el lector sobre la clase de crimen que ha cometido el prisionero, no sólo llaman nuestra atención en cuanto a la organización del ensayo como obra de arte autónoma, sino que también acentúan, destacan, la universalidad de la experiencia." 69
 

     En este punto parece suficientemente justificado retomar en otro capítulo el análisis de la obra del escritor George Orwell -saldado Eric Blair- a partir de aquel precedente.

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