G.O._log

La Organización Narrativa en la obra de GEORGE ORWELL

UTOPÍA: Concepto y Categoría Literaria

 logo UCM

CIENCIAS de la INFORMACIÓN
«Tesina» — 1982
MADRID



 Epígrafes
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 [1] ← conceptualización
 [2] ← novela utópica
 [•] ← final y NOTAS
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     DESDE el momento en que una palabra deja de ser patrimonio de unos pocos, es decir, se sale del grupo donde se acuñó, su significado inicial queda expuesto a avatares impredecibles. Este destino aleatorio no tiene la misma trascendencia para todas las palabras, sino más bien en lo que puede importar la tiene para muy pocas. Afirma Benveniste que "... los principales logros de la cultura intelectual en el mundo occidental están vinculados a la creación y manipulación de algunas decenas de palabras esenciales ..." 1. No pienso que utopía sea una de esas palabras aunque se le haya otorgado en alguna obra de ficción un extremado peso 2; sin embargo, la mera intención de trascender el caso particular, cuando se trabaja sobre la obra de Orwell, apunta inevitablemente a estudiar el concepto y su proyección reflejada, —más propio sería decir "refractada"— adjetivando un género literario.
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1) Conceptualización

Thomas More     Tomás Moro publica en 1516 «De optimo reipublicae statu deque nova insula Utopia». Ha acuñado con plena intención el nombre de la nueva isla nacida en su imaginación, y lo ha hecho a la manera clásica, esto es: tomando del griego el prefijo (u = no) y el sustantivo (topos = lugar). La palabra pasa al acervo del latín moderno y, lentamente, es transferida de éste a las lenguas europeas, encontrándose a mediados del siglo XIX "... para designar un lugar que no existe" 3.
Parece lógico suponer que la adjetivación del concepto facilitó al sustantivo el camino para rebasar los, límites del significado puramente denotativo.


La hipótesis, cuya confirmación o rechazo debe ser trivial para un lingüista, se intuye a partir de ejemplos como el de "Babia" que, careciendo de adjetivos derivados de él, no ha generado ulterior enriquecimiento de su significado.4
 

Por eso, lo utópico no es ya sólo lo que no existe, sino también lo imposible (que no es lo mismo), lo irrealizable, lo ideal, lo deseable: "orden social deseable" es una definición de utopía que todavía puede sostenerse. De los tres conceptos que aúna, el segundo adjetivo, como ya se deduce del párrafo antecedente, es el menos estable: implica volición y, por ello, es vulnerable a la apreciación subjetiva —deseable, ¿para quién?—. Sin embargo, mientras se tengan presentes las limitaciones y matices que aportan los argumentos que arrancan de diferentes campos, la definición anterior resulta completa y adecuada especialmente en Literatura y Sociología, pero menos en otras disciplinas.


Por ejemplo, se puede destacar que filósofos como Dilthey consideran la obra de Moro como "novela política", y Abbagnano como "la estructura de una comunidad conforme a la razón".5
 

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     HE preferido "orden" social a "sistema", en principio, por observar la crítica de Cot y Mounier al uso elemental de la palabra sistema. En efecto es casi imposible, en un trabajo como este, no utilizar la expresión "sistema político" (o económico, o religioso —éste menos frecuentemente—) en relación con la utopía; si ésta se definiera como sistema social deseable se habría caído en el error de situar "en un mismo plano la totalidad que es la sociedad y la parte que es el sistema político" 6.
La segunda, y fundamental, razón que justifica la elección conceptual sigue la terminología de Landauer, citado por Mannheim: "... en consciente oposición a la definición usual, llamamos ‘topía’ a todo orden social existente y en marcha" 7.
Conviene detenerse en los argumentos de Mannheim. No sería necesario de haber optado por la solución simple: continuar "componiendo" a Landauer etimológicamente, es decir, llamando utopía a todo orden social inexistente.
Estas precisiones y reiteraciones sobre la definición, quizás excesivas, merecen el anticipo de que concluyen en apoyo de la calificación de la novela utópica como género (o subgénero, si se prefiere). Piénsese, por ejemplo, que la descripción de un orden social inexistente (imaginado por su autor y, como tal construcción imaginaria con atributos que, todo lo más, le hacen parecido a lo que existe) es una característica del género novelesco y, por tanto, no diferencia ningún subgénero *. En cualquier caso, estas consideraciones han adelantado inferencias que hacen preciso profundizar en el aspecto de la utopía como manifestación literaria, lo cual exige detenerse en el "pensamiento utópico".


* Parece que, en rigor, se debe excluir de la generalización la novela histórica, pero la misma denominación antitética del subgénero señala la inexactitud que se asume sobre la existencia de lo que se describe.
 

Mannheim dedica el capítulo IV de su libro a la mentalidad utópica; el primer epígrafe del mismo —que trata sobre Utopía, Ideología y el problema de la realidad— comienza afirmando: "Un estado mental es utópico cuando resulta incongruente con la realidad ('estado de realidad', literalmente) dentro de la que se produce". Advierte enseguida el autor que no se debe etiquetar como utópico cualquier estado mental que sea incongruente con la situación inmediata, sino sólo aquellas orientaciones que "incidiendo en la conducta, tienden a hacer saltar, total o parcialmente,  el orden de cosas que prevalece en su epoca" 8.
Implícita en aquella tendencia y en su potencial efecto está la dinamicidad del concepto que define y también —aunque no es de este lugar extenderse sobre ello—, la inasibilidad del logro de la utopía, que nada más incorporarse a la realidad (institucionalizarse) se transmuta en ideología.
Cabe preguntarse, si lo inaprehensible de lo utópico puede afectar terminantemente a su manifestación literaria. En otras palabras, si la expresión escrita del pensamiento utópico, u otra foma de materialización del mismo, no comporta también su mutación en (género)-ideológico, no-utópico i.e.: tópico  Me parece que esta pregunta estaba detrás de dos manifestaciones concretas, la primera de Mannheim:
"... podemos esperar que el historiador critique nuestra definición de utopía por demasiado arbitraria; por un lado porque no se ha limitado al tipo de obras que tomaron su nombre de la Utopia de Tomás Moro, y por otro porque incluye demasiadas cosas sin relación alguna con este punto de partida histórico".
El concepto histórico ingenuo ("naive") de utopia, dice después, remite a "... estructuras que, en lo concreto, son similares a la de Utopia de Moro, o bien se refieren, en un sentido histórico algo más amplio, a las 'commonwealths' ideales" 9.

La otra manifestación es de Molina: "La excelencia del concepto Utopía está efectivamente en la mente y no en otro lugar. Pero es preciso establecer una diferencia entre la Utopía como concepto y como obra de literatura" 10.
Si la pregunta antecedente no estaba tras estas manifestaciones puede, en cambio, ser contestada a través de ellas:
La obra de literatura utópica (la novela utópica, concretamente) existe. Casi desde el momento de su aparición, cada título que se suma al género pasa a ser un producto tópico, un elemento constituyente de la "topía" de Landauer, y en esa mutación se puede basar la diferencia entre concepto y obra que Molina ve preciso establecer.
Por otra parte, este autor ha desarrollado una tipología que amplía la caracterización conceptual del subgénero; de ella me ocuparé después de sintetizar otros argumentos de Mannheim que son esclarecedores. Por ejemplo, la insistencia en la dinamicidad del concepto ("... es posible que las utopías de hoy se conviertan en las realidades de mañana") que le retrotrae a la cita de Lamartine: "Les utopies ne son souvent que des verités prematureés". Otro punto es la averiguación del nexo, o del "parentesco" —si uno o otro existen— entre pensamiento utópico y "wishful thinking", es decir, entre aquél y las "creencias fundamentadas en el deseo", creencias nacidas al racionalizar los profundos anhelos que subyacen en los asuntos humanos: "Mitos, cuentos de hadas, promesas de religiones ultramundanas, fantasías clásicas, romances exóticos... (son) más bien colores complementarios en el cuadro de la realidad existente, que utopías actuando en oposición al "statu quo" y amenazándolo" 11.
Una definición rechazada por este autor o, mejor dicho, una posibilidad de definición, es la de llamar utopías a los "anhelos espaciales", y quiliasmos * a los "anhelos temporales".


* "quiliasmo" no está listado como entrada en muchos diccionarios, pero sí aparece como sinónimo de "milenarismo" por ejemplo en Larousse. Independientemente de su mayor cercanía a la raíz griega (y a la traducción inglesa que manejo), quiliasmo parece vocablo más propio de este contexto.12
 


El rechazo surge inmediato al mismo planteamiento, y se funda en que tal tipo de conceptualización es descriptiva —"sirve a los intereses de la industria de la cultura"—, pero ignora las ideas (sólo define "anhelos") que transcienden la situación y, de un modo u otro, transforman el orden social existente. No obstante, fuera del terreno riguroso de la sociología del conocimiento, es imposible no asociar quiliasmo y ucronía; otra cuestión es hasta dónde se pueden diferenciar efectivamente uno de otra, y si —en literatura— tiene sentido hablar de novela ucrónica separada de novela utópica.
Al distanciarse de lo descriptivo, —vuelvo a los argumentos de Mannheim—, se encara la dificultad de "descubrir el punto en que se hacen activas, por primera vez, las ideas situacionalmente trascendentes", es decir, en qué momento "se convierten en fuerzas dirigidas hacia la trasformación de la realidad existente". También se pregunta el autor "... qué elementos  de los componentes de la mentalidad dominante de cada época asumieron esta función activa" 13 [función que relaciono en otro capítulo con el espacio semántico].

Thomas MuntzerLa indagación cobra un doble aspecto (histórico y sociológico), si se pretende responder a '¿cuándo?' y '¿a qué elementos?'. Tal aspecto no se puede ignorar aunque, en sentido estricto, sea extraliterario. La limitación o concentración de atención de cada estudioso a su campo disciplinar parece que ha influido en los resultados. Por ejemplo, mientras la vía histórico-sociológica coloca el origen de las utopías en las doctrinas milenaristas (manifiesto de Tomás Munzer: año 1525), las cualificaciones descriptivas de la investigación literaria lo retrotraen —por analogía, temática o doctrinal, con la obra de Moro— al estado ideal platónico ("La República": año 370 a.C. aprox), aunque en realidad la ubicación del origen de la literatura utópica por la vía analógica es, necesariamente, imprecisa; por pequeña que sea la probabilidad de aparición de una obra "anterior" a la que se tomó por primera, se producirán cíclicamente variaciones de criterio o de consenso sobre la definición de utópico. Por ejemplo, no sería descabellado considerar hoy comedia utópica "Las aves", la obra de Aristófanes que antecede a "La República" en más de 40 años * (se representó por primera vez en el 414 aC.).


* Rasgos utópicos, retrocediendo aún más en el tiempo, se encuentran en las Historias que marcan el origen de la cultura occidental (y de la Historia misma), cuando éstas describen el mejor Estado —contrastando el ideal con el mejor de los que se han demostrado históricamente realizables—, o la forma de gobierno ideal —distinguiendo entre ideales realizables y "utópicos"—. Hacia 420 a.C. Tucídides en su "Historia de la Guerra del Peloponeso" identifica la constitución ateniense como el modelo a imitar por cualquier otro Estado (para ello aprovecha la oración fúnebre pronunciada por Pericles en el funeral por los primeros atenienses caídos en la guerra -cf. libro II, cap 6º-). Unos 30 años antes, Heródoto en su "Historia" delinea sucintamente las ventajas e inconvenientes de la democracia (isonomía), oligarquía y monarquía (defendidas, respectivamente, por Otanes, Megabyzus y Darío, en la conspiración contra Smerdis "el Mago" -cf. libro II, titulado "Thalía"-) 14
 

Lo que parece claro es que, una vez especificados los "elementos" que deben estar presentes en lo utópico, la ubicación del origen es cuestión de investigación erudita. La ambigüedad o las imprecisiones se acumularán en los elementos pertinentes y en su naturaleza. Sin embargo, hasta aquí es evidente que se sitúan en el nivel de las actitudes, es decir, rebasan el nivel de las meras opiniones y, presumiblemente, el componente predominante es el conativo (de acción), sin que ello signifique inexistencia (en ningún caso) de los otros dos componentes (cognitivo y afectivo) de la actitud/elemento utópico.

Penetrar más en lo nuclear de tales elementos no parece necesario, de manera que un último paso es la referencia a Parsons, quien al tratar de los agrupamientos empíricos de las estructuras sociales afirma que "... hay poderosas influencias en todos los sistemas sociales que operan en pro de pautas utópicas de orientación de valor, es decir, pautas que son incompatibles con las condiciones conocidas de institucionalización efectiva a largo plazo" 15. Esta afirmación está precisamente en la línea de confrontación que Mannheim establece entre "ideología" y "utopía" pero, más adelante, al tratar de la institucionalización de las ideologías, se comprueba que en Parsons los niveles de categorización son distintos; subordinado el de la segunda, como se deduce de los argumentos siguientes: "... la referencia fuertemente evaluativa de las ideologías tiende a conectarse con el elemento de "deseo" o romántico-utópico de motivación que se halla presente en todo sistema social. Puede deducirse que, generalmente, se dará una tendencia en la distorsión ideológica de la realidad en el sentido de dar supremacía al elemento de lo deseable. En el caso de la legitimación ideológica del status quo se tenderá a idealizar en exceso esa situación. En el caso de un elemento desviado tenderá a incluir un componente romántico-utópico * en la definición de los fines del movimiento.


* Al utilizar el compuesto "romántico-utópico", Parsons, en mi opinión, clarifica (por redundancia) su argumentación, pero lo hace a costa de debilitar la fuerza significativa de utópico.
 

Al mismo tiempo se da una tendencia a pintar el contraste de la situación idealizada y de aquélla con la que se compara, en términos exageradamente blancos y negros" 16.
[...]
Resulta significativa otra cita: "La cuestión de qué elementos de una ideología son utópicos es, con un cierto margen de error, una cuestión científicamente resoluble, y con ella la cuestión de las consecuencias probables de intentar institucionalizar esos valores literalmente en una sociedad a gran escala" 17.
La conclusión —no otra cosa es la cita, aunque preceda en una página al capítulo final del libro de Parsons— reduce el significado de lo utópico más que lo hizo antes con la yuxtaposición de romántico; hasta, paradójicamente, parece que connota lo no-deseable.

Antes de pasar a la elucidación del concepto desde el punto de vista literario es oportuno anotar la opinión de Bell, sociólogo menos teórico que Parsons.
Bell, en clara alusón a Mannheim habla de una utopía "... tal vez más realista que el establecimiento del milenario inmediato sobre la tierra [...] una concepción de lo deseable que el hombre debería luchar por alcanzar, pero que nunca podría realizar. Sin embargo, según esta misma idea, la utopía serviría como un criterio de juicio sobre los hombres, como un ideal por el que medir lo real. La hubris moderna ha procurado cruzar esta distancia [...] ha disminuido la perspectiva del ideal y la idea de utopía ha salido mancillada. Tal vez fuera más prudente retornar a la concepción clásica" 18.

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Λ

2) La novela utópica


     EN palabras de Isaac Deutscher, "Orwell era en el fondo un anarquista ingenuo y, a su entender, cualquier movimiento político perdía su raison d'etre desde el momento en que conquistaba su ralson d'etat" 19. [...]
Una segunda lectura de de Deutscher es que para Orwell/(Mannheim), anarquista/(sociólogo) ingenuo, los movimientos políticos / (las utopías) se desnaturalizan al institucionalizarse / (convertirse en ideologías). La conceptualización ha rendido así su primer fruto: ha destacado el valor de un argumento que, sin mencionar la palabra utopia, desvela la existencia de componentes de esa naturaleza en el pensamiento, o en la actitud, de Orwell. Este resultado temprano, aunque tenga en sí escaso valor, ha servido al menos para no abandonar una hipótesis de trabajo todavía no explicitada, que se resume en los tres parágrafos siguientes:

  • la tipología de los géneros literarios puede demostrar o asentar normativamente que existe la novela utópica
  • lo puede hacer especificando que al subgénero pertenecen las historias que cumplen tales y tales preceptos
  • sin embargo, saber que esas historias son además reflejo (producto) de lo utópico abstracto hace preciso fijar las coordenadas del espacio semántico que limitan el concepto. Estas coordenadas pueden tener muy poco que ver con la tipología literaria.
    [Coordenadas, espacio semántico y otros términos afines a la geometría (espacial y analítica), amplían después -en otro capítulo de esta Memoria- su significado usual].

El enunciado de la hipótesis de trabajo es una forma —más elaborada e intencionada, si se quiere— de expresar la idea de Molina que antes se expuso (véase 10). Metodológicamente es un recurso para deslindar el dominio de lo abstracto (el concepto como "símbolo") del análisis de lo concreto (el género —la tipología de la novela, del producto— como "signo"). Este deslinde intuyo que está (no lo aseguro) en la línea de reflexión de Kristeva sobre el "paso del símbolo al signo".20
Molina Quirós, en la nota preliminar de su libro, señala: "Por encima de la forma literaria que haya escogido el autor, está el fin último de la utopía, que es, ante todo, afán reformista. De ahí que la presencia de este afán y la descripción de sociedades imaginarias, sin parangón. en la historia real del hombre, sean nuestros módulos para conceder a una obra la calidad de utopía".21
Al componer esos dos módulos con la/s definición/es del concepto en sí, se aprecian divergencias más que sutiles. El "orden social deseable", por ruptura, (es obvio que plenamente conforme con Mannheim), que informa el pensamiento utópico, no exige un limbo social de puro ensueño, sin parangón con lo habido o por haber,  mientras que sí manifiesta la exigencia de romper el orden existente, no de reformarlo. Es decir: el resultado de la cualificación literaria vs. conceptual es que un módulo se pasa y otro no llega.

En lo que respecta a vulnerabilidad existe equilibrio entre la "contestación" que deben soportar una y otra cualificación. Ya aludí a la indeterminación de los sujetos "deseantes" y no es menos contestable la objetivación (¿por el lector común?, ¿por el crítico literario?) de afanes reformistas. ¿Hay alguna "gran" novela que no segregue tales afanes, por sutil o disfrazadamente que lo haga? De ahi el énfasis de Molina en que la sociedad imaginaria sea sin parangón.22
Por otra parte, es clara la convergencia parcial (en este caso hay que decir "de los autores") cuando se aventura la definición: "en términos literarlos, la utopía podría definirse como la exposición de un deseo estructurado", y después, "para nosotros, los mundos utópicos están separados en mentalidad, tiempo y espacio, de nuestra realidad presente. Esta separación es absolutamente necesaria para que podamos considerar a la Utopía como tal: una Utopía lograda ya no sería utópica... ya que la Utopía no es otra que la aspiración humana a la perfección material y espiritual".23

El siguiente paso en su ensamble de una tipología lo da Molina mezclando expectativas de orden axiológico con elementos meramente estructurales (espacio / personaje). Así, la novela es una eutopía cuando el afán reformista está dirigido a provocar en el lector una reacción positiva (aceptación) con respecto al orden social que se le propone (describe). Por el contrario, la novela es una utopía negativa cuando se asume que está escrita para que el lector rechace el orden social indeseable que el autor ha imaginado. El tercer tipo, y último, es el de la utopía de viaje, en la que el contenido reformista emana de las peripecias del personaje (usualmente el narrador), como alma itinerante por diversos mundos fantásticos.
Esta tipología es clara y elemental, pero resulta insatisfactoria* porque no deriva o jerarquiza desde el mismo nivel.


* Lo cual no impide que sirva a los fines de su autor, ya que precisamente éste lo propone partiendo de los elementos del modelo que analiza, i.e.: la novela inglesa en Moro, Huxley + Orwell, y Swift, (este orden es intencionado por mi parte, para que destaque su correspondencia con la tipología de Molina).
 

Es evidente que la utopías de viaje pueden ser, o mejor, tienen que ser, eutopías o utopías negativas, o ambas cosas —cuando de dos paradas distintas, el viajero saque conclusiones opuestas—. Omito la etiqueta clasificadora que corresponde a este último caso por obvia, pero su misma construcción mental justifica mi insatisfacción. Me parece más acertado hablar, no de "utopía de viaje" sino de combinación de "elementos de la tradición novelística utópica con los (propios) del viaje imaginario."24

moro por TurnerEn el rastreo del germen utópico en la literatura 25 hay un documento sobresaliente: la introducción que hace Paul Turner a su traducción inglesa de Utopia. Turner empieza por atestiguar lo obvio, no porque desprecie la capacidad o conocimiento del lector, es de suponer, sino porque ello le facilita los hechos (no los juicios de valor) entre los que se va a mover.
Así dice: "La Utopia de Moro dio su nombre a un género literario en el que se han publicado más de cien títulos, el último en 1962; pero el germen de la ficción Utópica se encuentra probablemente en las antiguas descripciones del paraíso". Turner se remonta a un pasaje de "Gilgamesh" y sigue con otro de la "Odisea", más el perfeccionamiento del mismo que hizo Luciano, hasta que llega (pasa) a la inevitable "República". Al referirse a pasajes, no a obras completas, predomina más la referencia topográfica (benignidad climática, paisajes y vida placentera...) que la sociológica, y la lista se enriquece: el "Timeo", "Critias" ... encontrándose por esta vía ─al igual que Molina, pero como subclase de la eutopía─ el relato de viajes: "ingrediente posterior de la ficción utópica es el cuento de viaje fantástico, ya se trate en clave seria, como la "Historia Natural" de Plinio, o satírica, como la 'Verdadera Historia' de Luciano. Entre tales cuentos de viaje se encuentran uno atribuido a un cierto Jámbulo, que ha podido llegar  hasta nosotros en la historia de Diodoro Sículo" 26.
Precisamente a este cuento se refiere García Gual en "Los orígenes de la novela", denominándolo 'la utopía de Jámbulo'. El interés de esta referencia es mayor porque explicita la característica que separa el relato de viajes fantásticos (topografía y/o biología insólita, 'inimaginable') del relato utópico: "... por la breve noticia de Diodoro ─se refiere, como Turner, a lo escrito por Jámbulo─, tal vez un sirio o un fenicio del siglo I ó II aC, vemos cómo en su relato se mezclan motivos míticos (7 islas, 7 años; la isla paradisíaca de los salvajes felices; el pueblo que habla todas las lenguas y se entiende hasta con los pájaros), utópicos (comunidades gobernadas por el más viejo, comunidad de hijos y de mujeres, como en la 'República') y detalles etnográficos de una antropología pintoresca"27.
Volvemos al repaso histórico de Turner, donde ya no trata de precedentes (gérmenes) del utopos literario, sino de consecuentes. El más significativo de éstos es el "Mundus Alter et Idem" de Joseph Hall, el 'Séneca inglés'. Aunque sea insegura la fecha de su publicación, la precisión con que se aventura (1600-1605) es suficiente para otorgar al pastor inglés la paternidad de un invento: la palabra 'distopía'.*


* Se ha supuesto otra cosa: "... Un mundo feliz' y '1984' entran en el género utópico por la puerta falsa: la distopía. Este término, posiblemente acuñado por Passmore, se aplica a aquellas obras que proyectan sociedades como deben ser.''28
 

Si Tomás Moro es un innovador, también es, valga la palabra, un finalizador: "... su contribución técnica al género consistió en añadir realismo tópico a la mezcla de elementos itinerantes, políticos y paradisíacos, que ya estaban presentes en la historia de Jámbulo". Por eso, aunque Moro sea el 'padre' de la Utopía, estrictamente considerado lo es en sentido toponímico. Participo plenamente de la opinión de Turner:
"La sátira de Hall es, en su mayor parte, ligera y bien intencionada, pero su libro creó una subespecie de ejemplares entre los que se cuentan algunos tan salvajes como "Los Viajes de Gulliver" (1726), otros tan profundos como "Erehwon" (1872), tan horripilantes como el par debido a Aldous Huxley, "Un mundo feliz" (1952) y "Mono y Esencia" (1949), o tan dificílmente soportables como el "1984" de George Orwell."29.

La subespecie es obviamente la 'distopía' que se debería escribir como en inglés 'dystopía':  el prefijo 'dis' es latino y expresa negación, contrariedad o separación; mientras que el prefijo griego 'dys' expresa maldad o dificultad, y refuerza la negación, aunque difícilmente subsanaría las discrepancias de unos u otros definidores: por ejemplo, a Molina le parece la obra de Swift 'eutópica' 30  y como se ha visto para Turner es dystópica, por 'salvaje'.

En este punto he considerado suficiente los datos, definiciones y opiniones recopiladas para enunciar una propia, a modo de hipótesis de trabajo, como sigue:

Novela utópica es la ficción literaria que describe un orden social consumado, cuyo establecimiento real implicaría un cambio drástico del orden existente en el tiempo de la escritura.

El cambio del adjetivo 'deseable', que calificaba 'orden social', por 'consumado' produce un efecto doble:

  • 'deseado', proyecto en la conceptualización (wishful thinking), pasa a ser dato, determinado y determinante, en la categoría literaria
  • la polarización "deseable/indeseable" se desplaza al dominio subjetivo que le corresponde

Otra consecuencia es que lo eutópico y lo distópico (o anti-utópico) quedan en el mismo, y segundo, nivel calificativo, al tiempo que la referencia temporal (el tiempo de la escritura *) absorbe la parte que le pueda corresponder en la indeterminación. Parafraseando un comentario precedente: la eutopía de hoy puede ser distopía mañana.

Para concluir estimo  que las peripecias itinerantes, los elementos míticos y las hipo o hipertrofias etnográficas, deben quedar ausentes, para no  tentar a un desarrollo exagerado de nuevas tipologías. Otra cuestión es que todos esos componentes sean tomados en consideración en el análisis de la estructura espacio-temporal de la novela, en general, y de la novela utópica, en particular.

* tiempo que se tratará en otro capítulo de esta "Memoria"

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FAB

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