Los acontecimientos de mayo del 37 en Barcelona recibieron un tratamiento que de inmediato los universalizó: narrados por Eric A. Blair, testigo / protagonista / combatiente / periodista y finalmente afamado escritor, salieron en 1938 de la editorial inglesa Martin Secker & Warburg con el título:
«Homage to Catalonia» y la autoría de George Orwell, el seudónimo que Blair utilizó en vida y que consagró definitivamente la posteridad.
Se puede afirmar, siguiendo una idea de Steinbeck, que la dimensión histórica de un acontecimiento rara vez es percibida por sus protagonistas con la nitidez que las descripciones posteriores la presentan. Ciertamente, salvando los gestos premeditados de personajes que ya se saben históricos, o los programas que contienen los planes futuros de gobiernos y grupos políticos, la Historia se escribe "a posteriori". En consecuencia, la relevancia de un acontecimiento puede crecer o disminuir con el paso del tiempo, contribuyendo a ello el interés que pongan los investigadores en su tarea.
[...]
"La guerra civil dentro de la Guerra Civil que siguió es la sustancia de «Homenaje a Cataluña»: la narración de Orwell como testigo ocular es la fuente principal de lo que sabemos de la lucha. Se ha filtrado en cada uno de los libros de historia que han seguido" 51. De esta forma se expresa Raymond Carr en un artículo extenso sobre el hombre que atravesó la frontera española en Diciembre de 1936, con la idea a medio formar de escribir reportajes periodísticos, pero que se alistó en la milicia "casi inmediatamente, porque en aquella ocasión y en aquella atmósfera era lo único que se podía hacer que tenía sentido" 52.
Carr habla también de las "prenociones" que albergaban otros intelectuales periodistas como Kaminski, Borkenau y Koestler, cuando vinieron a España, mientras que "Orwell llegó con su ojos solamente, sus descripciones de la vida de la milicia desde dentro, no son meramente inolvidables sino históricamente de un valor inapreciable. Aun así, ¿hasta dónde nos podemos fiar de aquellos ojos colocados, como estaban, en la traicionera frontera donde la observación directa se solapa con el análisis político?" 53. Carr deja que cada lector responda a su modo a la pregunta, lo cual está bien porque el testigo ocular ya había anticipado su respuesta: "Creo que en una circunstancia como esta nadie es, o puede ser, completamente veraz. Es difícil estar seguro de nada, excepto de lo que has visto con tus propios ojos, y consciente o inconscientemente se escribe como partisano" 54. Orwell termina advirtiendo que se tenga cuidado con su postura partisana, pero que también se tenga el mismo cuidado con cualquier otro libro que trate de ese período de la guerra civil española.
Otra importante cita de Carr es la que se refiere al tratamiento que algunos periódicos de la Izquierda británica dieron a los sucesos de mayo, descendiendo incluso a lo que parecía chiste de no ser por las implicaciones que connotaba:
el informe de Ralph Bates en el New Republic sobre los milicianos del POUM jugando al futbol con las tropas fascistas.
Añadido a este tratamiento las dificultades que se pusieron para publicar su libro, mientras se aceptaban "versiones" comunistas sin la menor revisión crítica, la conclusión alcanzada por Orwell —en la interpretación de Carr—, muy difundida por otros escritores y críticos fue:
"Ante esta supressio veri por las partes interesadas, ¿cómo es posible escribir la historia verdadera?
La propaganda pasará por verdad, los 'hechos' podrán ser manipulados. Quienes tengan el monopolio de la comunicación podrán crear su propia historia después de lo que haya sucedido. Esa es la pesadilla de «Milnovecientos ochenta y cuatro» 55."
Esta referencia al último libro escrito por Orwell es, en realidad, más consistente con la experiencia posterior del escritor en la BBC durante la segunda guerra mundial.
Se podrían seguir acumulando, al menos por un centenar de folios, las valoraciones hechas sobre la experiencia de Orwell. Si he seleccionado, aun profundizando lo mínimo, las de Carr es por su condición de historiador y, sobre todo, porque equilibra alabanzas y críticas al primer documento que se escribió —por un extranjero— sobre lo acontecido.
Abrevio sin intercalar comentarios, los párrafos del libro que me parecen más significativos:
- "Cuando el POUM se unió en Mayo a la desastrosa lucha en Barcelona lo hizo como respuesta instintiva de apoyo a la CNT ..."
- "Más o menos por casualidad, yo había venido a dar en la única comunidad, de uno u otro tamaño, de Europa Occidental, en la que la conciencia política y la desconfianza hacia el capitalismo eran más normales que lo contrario."
- "Dos hechos daban la clave del cambio acaecido en la ciudad. Uno era que la gente —la población civil había perdido gran parte de su interés por la guerra; el otro era el renacimiento de la normal división de la sociedad en ricos y pobres..."
- "Las tropas del POUM, por ejemplo, que anteriormente se llamaban la División Lenin, eran ahora la División 29ª."
- "... el hotel se llenó hasta los topes de la más extraordinaria colección de gentes [...] varios agentes comunistas, incluyendo un ruso gordo de aspecto siniestro, del que se decía que era agente de la OGPU y al que se le había puesto el mote de Charlie Chan ..."
- "La actitud general era: 'Esto es sólo un rapapolvo entre anarquistas y la Policía, no significa nada' [...] Creo que eso estaba más cerca de la verdad que la versión oficial, que presentaba el asunto como una revuelta planeada de antemano."
- "Cuando se está tomando parte en sucesos como estos, supongo que de algún modo, por pequeño que sea, uno está haciendo historia, y que tiene el derecho de sentirse un personaje histórico. Pero uno no se siente tal..."
- "... por todas partes la gente iba desapareciendo de las barricadas [...] en todos lados se decía lo mismo: 'No tenemos más comida, hemos de volver al trabajo."
- "En el edificio de la telefónica habían arriado la bandera anarquista y sólo ondeaba la bandera catalana."
- "Debió de ser aquel día, muy avanzada la tarde, cuando se vieron por primera vez en las calles las tropas llegadas de Valencia."
- "La lucha en Barcelona había proporcionado al gobierno de Valencia la ansiada excusa para asumir un control más completo de Cataluña. [...] La bandera de la República Española ondeaba por toda Barcelona —creo que la veía por primera vez [...] «La Batalla» [boletín del POUM] se editaba todavía, pero censurado hasta el punto de que la primera página salía casi completamente en blanco. [...] Evidentemente, la versión oficial de la lucha de Barcelona ya había sido decidida, tenía que ser representada como la insurrección de una 'quinta columna' fascista alimentada solamente por el POUM."
La selección antecedente está dentro de los argumentos que Orwell consideró dependientes de su simple y personal experiencia y presencia en el lugar. De lo que relata después, con minuciosidad casi excesiva y presentación de razones y contra-razones suficientes para desacreditar a la prensa política en general y a la comunista en particular, es significativa la conclusión —respecto a los motivos de lo acontecido—por su sencillez expositiva, en el formato de auto preguntas y respuestas.
"¿Qué motivo, si es que hubo alguno —se pregunta— respaldaba el levantamiento? —y continúa— ¿Era alguna clase de coup d'etat o intento revolucionario?, ¿apuntaba definidamente al derrocamiento del Gobierno?, ¿había sido preconcebido de algun modo?" 59 Resumo, muy abreviadas, sus respuestas:
- la lucha fue preconcebida sólo en el sentido de que todo el mundo la esperaba
- la actuación de los anarquistas fue casi ciertamente espontánea
- los únicos que incluso al hablar ponían acento revolucionario eran los 'amigos de Durruti'. pero éstos no eran directores, sino seguidores
- los directivos de la CNT se apartaron del asunto desde su comienzo
- por último, la responsabilidad del POUM le alcanza por haber exigido a todo el mundo que permaneciese en las barricadas y, probablemente, por haber persuadido a muchos a permanecer allí por más tiempo del que habrían estado sin ser presionados. 60
Las respuestas de Orwell, aun triviales, satisfacen mejor que otras más rebuscadas la hipótesis plausible de la reacción en cadena. Concuerdan también con la calificación de suceso fortuito o anecdótico que otro autor dio.
La que resulta confirmada es la afirmación de Carr en cuanto a que Orwell es la fuente de la que los historiadores posteriores han bebido incluso sin saberlo. Algunos lo han reconocido y otros lo han olvidado. Sin que lo mereciera, porque en su honestidad de escritor-testigo fue capaz de servir a sus oponentes el único argumento que justificaba la destrucción de las anarquías utópicas y sacrificaba la revolución:
"... toda guerra sufre una clase de degradación progresiva cada mes que pasa, porque cosas tales como la libertad individual y una prensa veraz
no resultan fácilmente compatibles
con la eficacia militar." 61
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La numeración de las notas es la del texto original:
51 CARR, Raymond: Orwell and the Spanish CivilWar —en The World of George Orwell ed. Miiriam Gross, London 1971 p.70—
52 ORWELL, George: Homage to Catalonia —Hardmondsworth, Penguin 1962 p.8—
53 CARR p.66
54 ORWELL p.220
55 CARR p.71
59 60 61 ORWELL pp.146 / 148 / 172
-- La idea de Steinbeck a que se hace referencia al comienzo encabeza elcapítulo 3º de Sweet Thursday y dice:
"Mirando hacia atrás se puede identificar el momento en que
nace una nueva era, mientras que cuando sucedía, era un día
enganchado a la cola de otro" __________
(*) El presente extracto comprende sólo el epígrafe (4º) dedicado a la aproximación "literaria" del conflicto.
FAB
 Adenda a fecha 15 de agosto de 2008.
Desde muy antiguo me acompaña una reproducción manejable de «La persistencia de la memoria», el cuadro de los relojes blandos de Salvador Dalí. Nunca me he cuestionado las razones de mi fascinación por él; sucede, imagino, que ese cuadro "alerta" de que conviene estar despierto.
En medio de la inacabable revisión de papeles y documentos que implica la construcción y puesta al día de una página WEB propia, como ésta, antes o después se repite la circunstancia de que algo inexplicable —en el sentido de que nunca pretendimos encontrarle explicación— encuentra significado.
Resumo:
De la revisión de mis papeles surgió el artículo que el catedrático de Historia Contemporánea, Fernando García de Cortázar, publicó en el periódico EL MUNDO el 31 de mayo de 2007, con el título «Mayo, 1937: la desmemoria histórica»
La argumentación esencial ya está en su título. El puente hacia atrás, hacia el trabajo antecedente, —recuperado para esta página de lo que escribí en 1981—, lo ha tendido sin duda la persistencia de la memoria.
El lector que se interesó por este artículo (hace ahora cinco meses) agradecerá este repique*. No sólo por la autoridad de su autor sino por la extensión y actualización de los matices políticos que no contiene el extracto.
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* los párrafos seleccionados que siguen no suman ni la tercera parte de la extensión del original; éste se puede leer completo en varias direcciones de la WEB, por ejemplo en www.almendron.com/tribuna/index.php/15717/ La viñeta de LOS BUENOS y LOS MALOS, firmada por Ulises, es del periódico.
La imagen del cuadro de Dalí puede verse a doble tamaño en la página del MoMA.
[...] Luz deslumbrante de romanticismos, nada es más fácil hoy que entender el periodo 1936-1939 como una guerra entre un único culpable, encarnación del mal y el fascismo, y una riquísima legión de inocentes, encarnación del bien y la democracia.
[...]
Socialistas, anarquistas, comunistas y revolucionarios del POUM no combatieron en defensa de la legalidad republicana —que consideraban de papel—, sino por la construcción de una sociedad y un país distinto al demoliberal de 1931.
[...]
... los sucesos de mayo de 1937 son más importantes de lo que podrían parecer a simple vista. Separan la realidad del mito y reflejan dos hechos sobre los que existe un claro consenso historiográfico.
Primero: la República que nació el 14 de abril de 1931 había muerto antes de que acabara la Guerra Civil.
Segundo: en el bando republicano, bajo el estandarte unificado de su carácter resistencial al fascismo, además de la llama apagada de una izquierda liberal, latía un volcán de pequeñas repúblicas revolucionarias y de poderes que se ejercían a punta de fusil, con su séquito de violencias y de asesinatos. Un volcán de fuerzas heterogéneas, hostiles unas a otras.
No hay mejor testigo de lo primero que Manuel Azaña.
[...]
Testigo de lo segundo fue Orwell. [...] Si viaja a España como miliciano es para luchar «contra el fascismo». Si se le pregunta por qué, contesta que «por simple decencia». Pero, después de la persecución que, como miembro del POUM, sufre en Barcelona, vuelve a Londres con la convicción de que la contienda española es un fraude. Orwell sabe bien lo que dice. Es uno de los rarísimos intelectuales comprometidos del siglo XX que es capaz de ver y que coloca la realidad por encima de la abstracción. Siguiéndole escuchamos los pistoletazos de una sindical contra otra y descubrimos parte del papel desempañado por el Partido Comunista que, tras la máscara de la autoridad pública y el orden republicano, efectúa la conquista del poder y la confiscación de la libertad.
Siguiéndole, vemos cómo se deshace el resorte político del antifascismo y cómo los servicios soviéticos crean un doble fondo de prácticas policíacas, con sus procedimientos, sus agentes y sus prisiones independientes del Estado. Toda la represión, que liquida a los revolucionarios del POUM y quebranta el entusiasmo anarquista después de las sangrientas jornadas de mayo de 1937, llevaría el inconfundible sello comunista...
[...]
Época extraña la que vivimos hoy en España. Dondequiera triunfan las filosofías del doble pensamiento* y, con ellas, ese romanticismo de mala ley que prefiere sentir a comprender, como si ambas cosas pudieran separarse. [...] Época, en fin, de maltrato a la inteligencia, en la que se manipula el pasado y se nos hurta el presente.
Fernando García de Cortázar ___________
(* cursivas mías)
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