Los dos artículos "volcados" aquí conjuntamente fueron los primeros que publiqué sobre la obra de Orwell. Por esa razón contienen aseveraciones que se pueden leer repetidas y ampliadas en los que siguieron.
A resultas de la (re)lectura del material que en su momento sustanció los artículos, y cuyas limitaciones de extensión ahora no existen, la actualización que contiene la ADENDA al pie da un paso que destaca matices poco conocidos y de indudable interés.
INSENSATEZ
El último argumento esgrimido en "la conquista del sillón"1 ha sido calificado de insensato. En un mundo de cuerdos unidimensionales, la insensatez puede ser una virtud. Pero el calificativo aplicado a un juicio concreto incita a la reflexión; a volver sobre el tema de la renuncia al privilegio. Un "ensayo" ha marcado la pauta, aunque este género literario no goce del favor público en la misma medida que la novela.
En efecto, escritores consagrados manifiestan que de sus mejores ensayos rara vez se vendieron ejemplares suficientes para costear la edición. Sin embargo, el éxito novelístico puede actuar de reclamo, y a un best seller de la narrativa sucede la reedición de ensayos que ni siquiera llegaron a worst seller.
Eric Arthur Blair, alias George Orwell, publica en 1947 «Lear, Tolstoi y el bufón»2. La fama de este autor ya había traspasado los confines del dominio británico. Un año antes había publicado su novela «Animal Farm», pero es a partir de 1949 cuando sus ensayos se reeditan sin cesar.
¿Qué marcó esta última fecha? El lector lo habrá adivinado: es la aparición de «Mil novecientos ochenta y cuatro», el inquietante injerto de política-ficción en un esquema de ciencia-anticipación. Hoy, casi treinta años después, la realidad supera a la anticipación científica imaginada por el autor inglés. Esperemos que no se superen, es decir que no se cumplan, sus premoniciones políticas. Para eso lo escribió, para alertar a un estado de conciencia contra la tiranía a escala planetaria. Aunque el mensaje de alerta estuviera en sus ensayos, Orwell comprendió que habría de explicitarlo en una novela.
¿Qué es lo que contó antes? Repitió la tesis del drama de Shakespeare: el bufón le dice al rey Lear que no renuncie al poder, que no reparta sus tierras, porque de tal decisión no cabe esperar agradecimiento, sino desprecio y agresión. Pero hay otra tesis que Orwell desentraña en su ensayo: vivir para otros y, por ello, pretender alcanzar la felicidad es querer conservar el pastel que uno se está comiendo. Tolstoy fue víctima "viva" de esta imposibilidad. Cuando lanzaba invectivas contra el rey Lear, atacaba sin saberlo a su propio fantasma.
Aparentemente, el dilema queda planteado en estos términos:
- de la no-renuncia, a la tiranía
- por la renuncia, a la infelicidad
Pero flaco servicio haríamos a Orwell, y a esta fugaz reflexión sobre un juicio calificado de insensato, si no precisamos que la renuncia inválida, la de efectos finales iguales a los de su contraria, es la que cambia un modo de coerción por la promesa de un "nirvana". Con aquello de expulsar de nuestras convicciones profundas el lema de que "cada cual pase por donde lo hice yo" no vamos a ganar el paraíso sino, todo lo más, un poco de sensata convivencia.
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1 puede leerse en opositor
2 la edición de Penguin incluye «Lear, Tolstoy and the Fool» en el volumen de ensayos que encabeza «Inside the whale»
ORWELL de nuevo
FASCINANTE es adjetivo algo gastado por el uso que se hace de él. Uso incorrecto muchas veces, porque trata de hechicero o engañoso lo que nos impresiona por un exceso de sinceridad. Esta es la nota que sobresale en los escritos de George Orwell. Si bien es cierto que lo abrumadoramente sincero se funde con lo fascinante en «1984», el libro que coronó su corta vida.
En hombres como Orwell, dijo Bertrand Russell, que "encontraba la mitad, pero sólo la mitad, de lo que el mundo necesitaba. La otra mitad no se ha intentado encontrar todavía". Las dos partes de esta tajante dicotomía eran el amor a la verdad, y la esperanza. Esta última, según Russell, es la que Orwell había perdido. Sin embargo, hay pasajes en sus escritos que obligan a matizar tal juicio. Porque "contra ese fantasmagórico y cambiante mundo en el que lo negro puede ser mañana blanco y el tiempo que hizo ayer puede cambiarse por decreto...", Orwell se aferra a dos salvaguardias, a dos esperanzas en suma: "...por mucho que se niegue la verdad, ésta sigue existiendo, y "mientras algunas partes de la tierra continúen ¡nconquistadas, la tradición liberal puede mantenerse viva." 3
Orwell no renunció a la esperanza de una vida digna. de ser vivida en libertad. Consumió la suya luchando por ella, con hechos y palabras. A lo que renunció fue a la postura pacifista. No creía que la expansión agresiva de los totalitarismos –de cualquier signo– pudiera ser contenida poniendo la otra mejilla. .
Pero antes de caer en la fácil tentación de llamarle belicista, conviene explorar las causas por las que este hombre notorio y otros muchos anónimos fueron a la guerra. Él mismo, apostillándose con la autocrítica más llana y certera, las descubre:
«Para sobrevivir hay que luchar, y para luchar hay que ensuciarse. La guerra es el mal y con frecuencia es el mal menor. Los que blanden la espada, por la espada perecerán y los que no blanden la espada, perecerán por pestilentes enfermedades. El hecho de que merezca ser escrita semejante vulgaridad muestra lo que los años del capitalismo 'rentier' han hecho de nosotros.» __________
3 El volumen titulado en español «Mi guerra civil española» es una selección de artículos traducidos de «The collected essays of journalism and letters»
ADENDA a fecha 1 de agosto de 2009
En el ensayo «Lear, Tolstoy and the Fool», Orwell comienza afirmando que los panfletos4 escritos por Tolstoi constituyen la parte menos conocida de su obra, y que de su ataque a Shakespeare no es fácil encontrar una copia traducida al inglés.
Ciertamente, la referencia explícita a dicho ataque que hace la Enciclopedia Británica se reduce al ensayo «Chto takoye iskusstvo?» (What is Art?) que Tolstoi termina en 1897 y en el que rechaza como obras de arte algunas de Shakespeare y Wagner, además de las suyas propias. En ese sentido, las explicaciones del ensayo de Orwell (que a su vez se apoya en otros panfletos de Ernest Crosby) resultan de singular valor, y en esa consideración entra la honestidad del planteamiento y la mesura de la respuesta al ataque desaforado del autor ruso, quien 'habiendo releído a Shakespeare –dice– en alemán, inglés y ruso, siempre me acometieron los mismos sentimientos: repulsión, aburrimiento y asombro'. Tampoco escatima la acusación de plagio 'de una obra temprana y mucho mejor, King Leir, de autor desconocido que Shakespeare robó y después destrozó'. 5
Orwell emplea más de 6000 palabras
para desmontar 'casi' la totalidad de las afirmaciones de Tolstoi, y lo hace sin que éste se hubiera podido sentir insultado. En el terreno de las hipótesis aporta la evidencia del paralelismo que pudo observar el ruso, ya anciano, al verse reflejado en el fracasado proyecto vital del rey Lear.
Una muestra más de la bonhomía orwelliana
está en el párrafo de cierre del ensayo:
Cuarenta años más tarde6 Shakespeare sigue incólume, y del intento de destruirlo sólo quedan las páginas amarillentas de un panfleto que casi nadie ha leído, y que habría sido olvidado por completo si su autor no fuera el mismo de 'Guerra y Paz' y de 'Ana Karenina'. __________
4 'pamphlet', en primera instancia, no parece tener en inglés el sentido de 'libelo difamatorio' que le endosa el DRAE. Los diccionarios de OXFORD apuntan a la brevedad de contenido y a la ausencia de encuadernación. Sin embargo, en las acepciones de 'pamphleteer' del WEBSTER sí se apunta la cualidad de propaganda a favor o el ataque a una causa contraria.
5 El poco peso de esa acusación se confirma repasando por ejemplo el «Diccionario Literario» de Bompiani, que cita la historia de Lear y de sus hijas como uno de los temas que más han preocupado a los estudiosos de las tradiciones populares. Después de nombrar media docena de antecedentes, se remonta hasta el 'Mahabharata, la obra más voluminosa de toda la India, y aun del mundo entero'.
6 [hoy ya son noventa]
Fabian Zola
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