Akhmatova, Anna


[seudónimo de Anna Andreyevna Gorenko] :: Bolshoy Fontan, cerca de Odessa, 1889 — Domodedovo, cerca de Moscú, 1966.
Una de las grandes poetas soviéticos y, posiblemente, la autora lírica más importante en la historia de la cultura occidental.
Colecciones de poemas: Chyotki, Rosario 1914; Belaya staya, El copo blanco 1917; Podorozhnik, Platanera 1921 y Anno Domini MCMXXI, 1922.
En 1946 fue denunciada al Comité Central del Partido, que la calificó de "monja-prostituta" y la expulsó de Rusia. En 1950, para conseguir rescatar a su hijo del destierro en Siberia, publicó en la revista Ogonyok un ciclo de poemas —en alabanza de Stalin—.
Su obra maestra Requiem es un grito único, mantenido y estremecedor que expresa su respuesta a una vida bajo el terror staliniano.
The Complete Poems of Anna Akhmatova, en dos volúmenes, fueron publicados en 1990.
 


REVISTA DE OCCIDENTE: «Amedeo Modigliani» Dic / 1975 (III ep. nº 2) p.48

En esta época, los aviones ligeros (que eran —como todo el mundo sabe— como tablas) volaban alrededor de una contemporánea mía (1889) ligeramente curvilínea y oxidada: la torre Eiffel. A mí me parecía como un gigantesco candil, perdido por un gigante en medio de una ciudad de enanos, algo así como un símbolo gulliveresco. Y a nuestro alrededor rugía el triunfante y recién nacido cubismo, al cual Modigliani permanecía ajeno.
Marc Chagall ya había traído a París al mágico Vitebsk y Charlie Chaplin —sin ser todavía una estrella, sino un joven desconocido— vagaba por los bulevares parisienses («El Gran Mundo» —como se denominaba entonces a la cinematografía— permanecía todavía elocuentemente silencioso).
«Y en el Norte, a gran distancia...» morían en Rusia León Tolstoi, Vrubel, Vera Komissarzhevskaia; los simbolistas se declaraban a sí mismos en estado de crisis y Aleksander Blok profetizaba:

Oh, si vosotros, niños, conocierais simplemente
el frío y la oscuridad
de los días que han de venir...

Las tres ballenas, sobre las que descansan ahora los años veinte —Proust, Joyce y Kafka— no existían todavía como mitos, porque permanecían con vida como personas.
Yo estaba firmemente convencida de que un hombre como Modigliani acabaría por hacerse famoso...
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El manuscrito original del ensayo
—del que procede este fragmento publicado en la RdeO—
apareció en la Biblioteca Pública de Nueva York.
 


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