Albiac, Gabriel


Utiel -Valencia-, 1950 —
Filósofo, escritor y periodista. Columnista en los periódicos Diario16, El País, El Mundo y La Razón. Premio Nacional de Literatura (Ensayo, 1988)

Novelas: Ahora Rachel ha muerto, 1994; Últimas voluntades, 1998; Palacios de invierno, 2003.

Ensayos: Louis Althusser, cuestiones de leninismo, 1976; Al margen de "El Capital", 1977. En La sinagoga vacía (1987), un estudio de las fuentes marranas del espinosismo, el autor demuestra su profundo conocimiento de la cultura hebrea. Caja de muñecas, 1995; La muerte, 1996, Desde la incertidumbre, 2000; Diccionario de adioses, 2005; Contra los políticos, 2008.
Otros mundos, 2002, es una antología de sus columnas y artículos publicados en el periódico EL MUNDO.
 


EL MUNDO: «ZOOM» 040322
 
La escritura es un poderoso disolvente. Del sentido. Allá donde él está, no hay ella: tan sólo, vomitivo ternurismo. Allá donde ella despliega sus geométricas estrategias, ningún sentido es posible. Escritura y sentido se excluyen. Tanto como muerte y yo. Y eso se impone necesariamente en el oficio, a los muy pocos, demasiado pocos, que lo ejercen. Con vago desasosiego las más de las veces. [...] Siempre ha sido igual. No hay escritura —escritura— que no sea la última. Lo que fija no retornará, está muerto. Y olvidado.
Muerto, en ella, y olvidado, aquel que escribe.
 

ibid: «ZOOM» 991111
 
[...] al fin, el autor, todo autor, no es más que un pobre diablo ante su obra.
 

«Contra los Políticos»: ISBN 978-84-8460-686-4
 
[...]
Y, más allá de las dobles ventanas, se emborrona el confuso ruido de los hombres. Todo es ruido. Y todo, furia. Y nada que pueda tener sentido. Y nada que signifique nunca nada. Salvo, quizá, unas pocas palabras de Epicuro: «Libérate, hombre feliz, de la prisión de los afanes cotidianos. Y de la política».
 
[...]
Nunca debí haberlas tenido, esas vagas certezas que alguna vez me tentaron. Por supuesto. Pero eso, que es lo esencial, se aprende tarde. Lo esencial siempre se aprende demasiado tarde en la vida de un hombre. Sólo la duda salva: moral como inteligencia. Nos salva de ser imbéciles: malvados. Es el más inmerecido de los dones que recibí de la vida: no creer. En nada. Las certezas mienten siempre, porque ponen aseveración, allá donde la sabiduría pone interrogantes: eso descubrió Platón, y a eso llamó filosofía. Tener respuesta, en política, es ya haber aceptado apostar por el exterminio. Sólo interrogar nos salva: interrogarnos.
 
[...]
Por desdicha, gentes con el bagaje bibliográfico y el talento de Blanco, Caldera o Zapatero nos han hecho ya largamente comprender que entre un convencional estudiante universitario —al menos, uno de aquellos sitios en donde universidad significa aún algo— y un político español hay el orden de equivalencia cognitiva que pueda establecerse entre una alcachofa y Max Planck.
 
[...]
Confieso que busqué huir. El día mismo en el cual se culminó el golpe del 11 al 14 de marzo del año 2004. Porque fue un golpe. y porque supe entonces —sé ahora— quiénes eran —son— sus beneficiarios. Porque a sus ejecutores supe —y sé— que no los identificaremos nunca. En la gran política —ese arte consumado de la matanza—, las zonas de penumbra son eternas. Y aquel 11-14 de marzo ha sido la mayor jugada de gran política en la historia contemporánea de España. Quedaba sólo huir —dice Spinoza que huir es honorable cuando la razón nos muestra que todo está perdido—. Lo intenté. No cuajó. Permanezco aquí sólo porque no hallé otro sitio donde poder irme ganando la pitanza. No existe razón noble. Sólo el remordimiento de haber sido lo bastante imbécil para pasar del medio siglo sin un duro en el bolsillo.

párrafos