Auster, Paul


Newark (Nueva Jersey) 1947 —
Poeta, novelista y director de cine, galardonado en España en 2006 con el premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Poesía: Groundwork: Selected Poems and Essays 1970-1979, 1990. Ensayo: White spaces, 1980; El arte del hambre, 1982; A salto de mata, 1998.
Cine: Lulú on the bridge, 1998; Smoke (Wayne Wang, 1994) y Blue in the face,1995.
Narrativa: Jugada de presión, 1982 (con el seudónimo de Paul Benjamín); La invención de la soledad, 1982; Ciudad de cristal, 1985); Trilogía de Nueva York 1987; El país de las últimas cosas, 1988; El palacio de la luna, 1989; La música del azar,1991; El cuaderno rojo, 1993; Tombuctú, 1999; Creí que mi padre era Dios, 2001 [180 relatos reales escritos por oyentes de un programa radiofónico], y en  El libro de las ilusiones, 2003; La noche del oráculo, 2004; Brooklyn follies, 2006 y Travels in the scriptorium, 2007.
 


«La invención de la soledad» :: ISBN 84-339-2097-4
 
Nunca antes habia sido tan consciente del abismo entre el pensamiento y la escritura. En efecto, durante estos últimos días, he comenzado a sentir que la historia que intento contar es de algún modo incompatible con el lenguaje, y que su resistencia a las palabras es proporcional al grado de aproximación a lo importante, de modo que cuando llegue el momento de expresar lo fundamental (suponiendo que eso exista), no seré capaz de hacerlo.
 

«El país de las últimas cosas » :: ISBN 84-339-2098-7
 
... una vez que se ingresa en un club de asesinatos no está permitido arrepentirse. Sin embargo, si uno logra matar a su homicida será liberado de su compromiso o, si lo prefiere, contratado como asesino. Aquí reside el peligro del trabajo de asesino y es por eso que está tan bien pagado. Es raro que un asesino resulte muerto, ya que él tiene siempre más experiencia que su supuesta víctima, pero a veces sucede. Entre los más pobres, en especial hombres jóvenes, hay muchos que esperan meses, incluso años, para poder ingresar en un club de asesinatos. La idea es que acaben contratándolos como asesinos para acceder a un nivel de vida más elevado. Muy pocos lo consiguen.
 

«De la necesaria inutilidad de la literatura»  
Fragmento (final) del discurso pronunciado  
al recibir el Premio Príncipe de Asturias (2006)  
 
... la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaria imposible imaginar la vida sin ellas.
De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de lá novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye ei único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.
Nunca he querido trabajar en otra cosa.
 

«La habitación cerrada» :: ISBN 84-339-1478-2
 
Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quienes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan, nos volvemos cada vez más opacos para nosotros mismos, más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la línea que le separa de otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a sí mismo.
 

párrafos