Azaña, Manuel


Alcalá de Henares —Madrid-, 1880 — Montauban -Francia- 1940
Escritor, periodista y político. Proclamada en 1931 la segunda República Española ocupó en ella los cargos de ministro de la Guerra; presidente de Gobierno y finalmente Presidente de la República.
Obras: Reims y Verdún, 1917; La política francesa contemporánea, 1919; Vida de don Juan Valera, 1926; El jardín de los frailes, 1927; Plumas y palabras, 1930; La invención del Quijote y otros ensayos, 1934; Mi rebelión en Barcelona, 1935; La velada de Benicarló, 1939 [Teatro]; Causas de la guerra de España, 1939.
Sus "Diarios de 1932-33",denominados Los cuadernos robados se publicaron en 1997.
 


«La velada en Benicarló» :: ISBN 84-7039-184-4
 
De la nota PRELIMINAR

Escribí este diálogo en Barcelona, dos semanas antes de la insurrección de mayo de 1937. Los cuatro días de asedio deparados por el suceso, me entretuve en dictar el texto definitivo, sacándolo de borrador. Lo publico (no ha podido ser antes) sin añadirle una sílaba. Si el curso ulterior de la historia corrobora o desmiente los puntos de vista declarados en el diálogo, importa poco. No es el fruto de un arrebato fatídico. No era un vaticinio. Es una demostración. Exhibe agrupadas, en formación polémica, algunas opiniones muy pregonadas durante la guerra española, y otras, difícilmente audibles en el estruendo de la batalla, pero existentes, y con profunda raíz. [...]  Los personajes son inventados. Las opiniones, y, como se dice, el "estado de espíritu" revelado por ellas, rigurosamente auténticos, todavía comprobables, si valiese la pena. Todas concurren a mostrar una fase del drama español, mucho más duradero y profundo que la atroz peripecia de la guerra. En tiempos venideros, [...] los españoles comprenderán mal por qué sus antepasados se han batido entre sí más de dos años; pero el drama subsistirá [...]  Percibirlo así, una vez más, en la plenitud de la furia fratricida, ha llevado el ánimo de algunas personas a tocar desesperadamente en el fondo de la nada [...]
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Mayo, 1939
 

«Los cuadernos robados» :: ISBN 84-7423-868-4
 
13-enero-1933 [...] Por la mañana también, y antes de salir yo al despacho, había venido Casares, que me contó la conclusión de la rebeldía en Casas Viejas, de Cádiz. Han hecho una carnicería, con bajas en los dos bandos.

15-enero-1933 [...] Tres diputados, de diferentes partidos, me han hablado hoy de dictadura, como único remedio posible a los alzamientos anarquistas, si continúan. Ésta es la propensión nacional, el resabio que los años pasados dejan, y lo que viene de fuera. ¿Es que España no puede vivir en democracia y con ley? ¿Nadie quiere obedecer si no es por la fuerza? Amigos y enemigos de la República, y sus enemigos de ambos bandos extremos, están haciendo todo lo necesario para que se propague la idea de que «así no se puede seguir», y se inclinen los ánimos a una dictadura. La República está hoy en una tenaza: los monárquicos y los anarquistas. Los ataques de uno y otro bando son violentísimos, según el modo de cada cual. ¿Cómo se sale de la tenaza? Yo preferiría no tener que romperla; sino ir aflojando la presión, con pausa, con serenidad, adelantando cada día un poco en la reconstrucción política y social.[...]
La situación es difícil. No tengo más remedio que hacer los imposibles porque acabe de constituirse la República y que estas Cortes voten las leyes que es preciso votar. Si dimitiese ahora, y enviase a paseo todo este barullo, no habría Gobierno posible, y habría que disolver el Parlamento.

5-febrero-1933 [...] Por fin, se habló de lo de Casas Viejas. Me alegré mucho de que Casares no estuviera presente, porque con lo vehemente que es, seguramente no se habría contenido, y la escena hubiera sido violentísima. Rivalizaron en desvergüenza varios señores. La palma de la brutalidad se la llevó Eduardo Ortega, y la de la inmoralidad política Guerra del Río, lugarteniente de Lerroux; ya en la prensa había tenido la avilantez de decir que en Casas Viejas se había fusilado contra una, pared a ocho prisioneros, y que se lo había contado el alcalde de Medina Sidonia, testigo presencial. El mismo periódico que dio la interviú de Guerra del Río se creyó en el caso de añadir que el tal alcalde no había dicho que lo hubiera visto él.

23-febrero-1933 [...] Por la tarde debate sobre lo de Casas Viejas. Arremetida del grupo extremista (?) que se ha entretenido en pasear cadáveres por el salón de sesiones. Alianza de Rodrigo Soriano y el general Fanjul; de republicanos que se llaman revolucionarios y de monárquicos.
Exhiben una larga serie de horrores, y a cada uno que cuentan, Maura hace grandes aspavientos de asombro y de indignación. La pretensión de estos buenos señores es que el Gobierno autorizó los excesos cometidos en Casas Viejas, y que en lo de febrero, cuando se habló de ello en las Cortes, yo los conocía, y engañé al Gobierno y a la mayoría.
La sesión ha sido un espectáculo repugnante. Vorazmente se han arrojado sobre la sangre, la han revuelto, nos han querido manchar con ella. Los radicales, sobre todo, han mostrado una saña terrible. A mí, ha concluido por levantárseme el estómago, descubriendo la podredumbre que hay bajo esta maniobra, y me he marchado del salón, porque no podía más.[...]
Es odioso tener que estar aguantando impasible en el banco azul los hipócritas clamores de unas gentes que sólo buscan la caza del Gobierno o hacer daño a la República. Si fuesen desinteresados y justos se contentarían con cooperar al restablecimiento de la verdad; y después, castigar al que haya faltado. Pero no es eso lo que les importa.
 

«Discurso del 13 de octubre de 1932» :: DEP. B.3648-2008
 
[...] España, en el momento del auge de su genio, cuando España era un pueblo creador e inventor, creó un catolicismo a su imagen y semejanza, en el cual, sobre todo, resplandecen los rasgos de su carácter, bien distinto, por cierto, del catolicismo de otros países, del de otras grandes potencias católicas; bien distinto, por ejemplo, del catolicismo francés; y entonces hubo un catolicismo español, por las mismas razones de índole psicológica que crearon una novela y una pintura y un teatro y una moral españoles, en los cuales también se palpa la impregnación de la fe religiosa. Y de tal manera es esto cierto, que ahí está todavía casualmente la Compañía de Jesús, creación española, obra de un gran ejemplar de la raza, y que demuestra hasta qué punto el genio del pueblo español ha influido en la orientación del gobierno histórico y político de la Iglesia de Roma. Pero ahora, señores diputados, la situación es exactamente la inversa. Durante muchos siglos, la actividad especulativa del pensamiento europeo se hizo dentro del cristianismo, el cual tomó para sí el pensamiento del mundo antiguo y lo adaptó con más o menos fidelidad y congruencia a la fe cristiana; pero también desde hace siglos el pensamiento y la actividad especulativa de Europa han dejado. por lo menos, de ser católicos; todo el movimiento superior de la civilización se hace en contra suya y, en España, a pesar de nuestra menguada actividad mental, desde el siglo pasado el catolicismo ha dejado de ser la expresión y el guía del pensamiento español. Que haya en España millones de creyentes. yo no os lo discuto; pero lo que da el ser religioso de un país. de un pueblo y de una sociedad no es la suma numérica de creencias o de creyentes. sino el esfuerzo creador de su mente, el rumbo que sigue su cultura.
Por consiguiente. tengo los mismos motivos para decir que España ha dejado de ser católica que para decir lo contrario de la España antigua. España era católica en el siglo XVI, a pesar de que aquí había muchos y muy importantes disidentes, algunos de los cuales son gloria y esplendor de la literatura castellana, y España ha dejado de ser católica. a pesar de que existan ahora muchos millones de españoles católicos, creyentes. [...]
 

párrafos