«Hearth of darkness» [Lbr. of Congress CCNr: 61-8919]
We penetrated deeper and deeper into the heart of darkness. lt was very quiet there. At night sometimes the roll of drums behind the curtain of trees would run up the river and remain sustained faintly, as if hovering in the air high over our heads, till the first break of day. Whether it meant war, peace, or prayer we could not tell. The dawns were heralded by the descent of a chill stillness; the wood-cutters slept, their fires burned low; the snapping of a twig would make you start. We were wanderers on a prehistoric earth, on an earth that wore the aspect of an unknown planet. We could have fancied ourselves the first of men taking possession of an accursed inheritance, to be subdued at the cost of profound anguish and of excessive toil. But suddenly, as we struggled round a bend, there would be a glimpse of rush walls, of peaked grass-roofs, a burst of yells, a whirl of black limbs, a mass of hands clapping, of feet stamping, of bodies swaying, of eyes rolling, under the droop of heavy and motionless foliage. The steamer toiled along slowly on the edge of a black and incomprehensible frenzy.
[...]
I saw on that ivory face the expression of somber pride, of ruthless power, of craven terror—of an intense and hopeless despair. Did he live his life again in every detail of desire, temptation, and surrender during that supreme moment of complete knowledge? He cried in a whisper at some image, at some vision—he cried out twice, a cry that was no more than a breath—
'The horror! The horror!'
________
Penetrábamos más y más profundamente en el corazón de las tinieblas. Había allí verdadera calma. A veces, en la noche, el redoble de los tambores, detrás de la cortina de árboles, corría por el río, y quedaba débilmente sostenido, prolongado, como si revoloteara en el aire sobre nuestras cabezas, hasta el despuntar de la aurora. No podíamos decir si aquello significaba guerra, paz u oración. Los amaneceres eran anunciados por el descenso de una fría tranquilidad; los leñadores dormían, sus hogueras se extinguían lentamente; el chasquido de una rama los llenaba de sobresalto. Éramos viajeros de una tierra prehistórica, de una tierra que tenía el aspecto de un planeta desconocido. Podíamos imaginarnos él primer hombre tomando posesión de una herencia maldita, dominado a costa de una angustia profunda, de un trabajo excesivo. Pero súbitamente, mientras luchábamos a lo largo de un recodo aparecía una visión de muros de junco, puntiagudos techos de hierba, una explosión de alaridos, un remolino de miembros negros, una multitud de manos que palmoteaban, de pies que pateaban, de cuerpos en movimiento, de ojos que giraban bajo la caída de pesados e inmóviles follajes. El barco se movía con dificultad al borde de un negro e incomprensible frenesí.

[...]
Vi sobre ese rostro de marfil la expresión de sombrío orgullo, de poder despiadado, de acobardado terror, de una intensa y angustiada desesperación. ¿Vivía de nuevo su vida en cada detalle de deseo, tentación y renuncia durante aquel supremo momento de conciencia completa? Gritó en un susurro a alguna imagen, a alguna visión; gritó dos veces, un grito que no era más que un suspiro:
—¡El horror! ¡El horror!
[traducción: Damián Ch. Ochenschlaeger — en Centro Editor de América Latina 1977]
________
«Apocalypse Now», la película dirigida por Francis
Ford Coppola en 1979, 'transportó' a Vietnam la novela de Conrad, con Martin
Sheen en el papel de Marlow, y Marlon
Brando en el del enloquecido Kurt; –guión de John Milius y del mismo Coppola–.
«Typhoon» [cfr.: WEB]
These are the moments of do-nothing heroics to which even good men surrender at times. Many officers of ships can no doubt recall a case in their experience when just such a trance of confounded stoicism would come all at once over a whole ship's company. Jukes, however, had no wide experience of men or storms. He conceived himself to be calm — inexorably calm; but as a matter of fact he was daunted; not abjectly, but only so far as a decent man may, without becoming loathsome to himself.
________
Estos son los momentos de heroísmo pasivo a los que sucumben incluso los mejores. Muchos oficiales de marina podrán recordar sin duda haber vivido alguna ocasión en la que un trance de este condenado estoicismo se haya apoderado de toda la tripulación de un barco. Jukes, sin embargo, no tenía gran experiencia de hombres ni de temporales. Se sentía tranquilo, inexorablemente tranquilo; pero de hecho estaba aterrorizado, no de forma abyecta, sino rozando justo el límite en el que un hombre puede empezar a odiarse a sí mismo.
[traducción: Elisabet Nonell — ISBN :: 84-8130-058-6 1998]
«Amy Foster» [cfr.: WEB]
"She is very passive. It's enough to look at the red hands hanging at the end of those short arms, at those slow, prominent brown eyes, to know the inertness of her mind - an inertness that one would think made it everlastingly safe from all the surprises of imagination. And yet which of us is safe? At any rate, such as you see her, she had enough imagination to fall in love. She's the daughter of one Isaac Foster, who from a small farmer has sunk into a shepherd; the beginning of his misfortunes dating from his runaway marriage with the cook of his widowed father - a well-to-do, apoplectic grazier, who passionately struck his name off his will, and had been heard to utter threats against his life. But this old affair, scandalous enough to serve as a motive for a Greek tragedy, arose from the similarity of their characters. There are other tragedies, less scandalous and of a subtler poignancy, arising from irreconcilable differences and from that fear of the Incomprehensible that hangs over all our heads - over all our heads..."
________
Es la pasividad misma. Basta con ver sus rojas manos colgando de aquellos brazos tan cortos, y aquellos pardos ojos salientes y lentos en el mirar, para comprender la inercia de su mente... una inercia que le inclina a uno a pensar que ha de hallarse perpetuamente a cubierto de todas las sorpresas producidas por la imaginación. Y, sin embargo, ¿quién puede considerarse completamente a salvo de ellas? El hecho es que, tal como usted la ve, esa mujer tuvo suficiente imaginación para enamorarse. Es la hija de cierto Isaac Foster que de pequeño propietario rural ha descendido hasta ser ahora pastor, habiendo comenzado la serie de sus desgracias por haber huido de su casa, para casarse con la cocinera de su padre... un viudo apoplético, bien acomodado herbajero que, enfurecido, borró del testamento el nombre de su hijo y hasta se le oyeron amenazas contra su vida. Pero este viejo y olvidado asunto, harto escandaloso y que bien hubiera podido servir de argumento a una tragedia griega, surgió precisamente por la semejanza entre los caracteres del padre y del hijo. Otras tragedias hay, menos escandalosas y de un acre sabor más refinado, que han sido producidas por irreconciliables diferencias y por aquel temor de lo incomprensible que pende siempre sobre nuestra cabeza... sobre cada humana cabeza...
[traducción: Ramón D. Perés — ISBN :: 978-84-9815-711-6 2007]