Fallaci, Oriana
Florencia -Italia- 1929 — ibid. 2006
Periodista, reportera internacional y corresponsal de guerra en Vietnam, en la India y Pakistán.
Sus entrevistas a personajes famosos y políticos -Fellini, Sean Connery, Kissinger, Robert Kennedy, Golda Meir, y especialmente a los conflictivos, Jomeini, Arafat, Gadafi...- la colocaron en la cima del reconocimiento mundial. Por sus opiniones radicales, sobre "el cáncer moral que devora a Occidente", contundentemente sostenidas y argumentadas, estuvo siempre amenazada de muerte.
Obras principales: Lettera ad un bambino mai nato, Carta a un niño que no llegó a nacer 1975; Un uomo, Un hombre 1979; Inshallah, 1990; La Rabbia e l'Orgoglio, La Rabia y el Orgullo 2001; La Forza della Ragione, La Fuerza de la Razón 2004; ORIANA FALLACI se entrevista a sí misma :: El Apocalipsis, O.F. entrevista sé estessa 2004; -y la póstuma- Un sombrero lleno de cerezas, Un capello pieno di ciliege 2008.
«La Rabia y el Orgullo» :: ISBN 84-9734-053-1
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¿Qué pienso de la invulnerabilldad que muchos atribuían a América, qué siento por los kamikaces que nos afligen? Por los kamikaces, ningún respeto. Ninguna piedad. No, ni siquiera piedad. Yo que siempre suelo acabar por sentir piedad. A mí los que se suicidan para matar a los otros siempre me han caído antipáticos, empezando por los japoneses de la Segunda Guerra Mundial. Eh, oui... Nunca los consideré ejemplos de valor como nuestro Pietro Micca que para bloquear la llegada de las tropas francesas, en 1706, prende fuego a la pólvora y salta por los aires con la ciudadela de Turín. En otras palabras, nunca los consideré soldados. Y mucho menos mártires o héroes, como el señor Arafat me los definió, vociferando y escupiendo su hedionda saliva, cuando en 1972 lo entrevisté en Amman. (Lugar donde sus mariscales entrenaban también a los terroristas alemanes de la Baader-Meinhof.) Los considero vanidosos y basta. Exhibicionistas que en lugar de perseguir la gloria a través del cine o la política o el deporte, la buscan en su propia muerte y en la de los otros. Una muerte que en lugar del premio Oscar o de la cartera ministerial o e! título de campeón les procurará (eso creen) la admiración del mundo. Y en el caso de los que rezan a Alá, la eternidad en e! Djanna: e! Paraíso de! que habla e! Corán, el jardín del Edén donde los héroes se follan a las vírgenes huríes. Me apuesto a que son vanidosos también físicamente.
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... Osama bin Laden y los Talibanes, no me cansaré nunca de repetirlo, son sólo la más reciente manifestación de una realidad que existe desde hace mil cuatrocientos años y que en nuestra época se manifiesta desde hace por lo menos veinte años. Querido mío, hace veinte años yo he visto a los hijos de Alá que sin Osama bin Laden conducían a la Guerra Santa. Los he visto destruir las iglesias, quemar los crucifijos, ensuciar las Madonas, orinar contra los altares y transformarlos en cagaderos. Los he visto en Beirut. Aquella Beirut que era tan civilizada y que hoy, por su culpa, no existe más. Aquella Beirut donde habían sido acogidos por los libaneses como los tibetanos habían sido acogidos por los indios de Dharamashala y donde, contrariamente a los tibetanos de mi Kondun, se habían apropiado de la ciudad y luego del país entero. Dirigidos por ese Arafat que hoy se hace la víctima, que descaradamente reniega de su pasado (y de su presente) de terrorista, habían construido un Estado dentro del Estado y robado el Líbano a los libaneses. Si no lo recuerdas, hojea los periódicos o relee mi Insciallah.
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«La Fuerza de la Razón » :: ISBN 84-9734-216-X
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Que el sueño de destruir la Torre Eiffel es ante todo una gran estupidez lo entendí una tarde de la primavera de 2002, cuando «La Rabia y el Orgullo» salió en Francia donde un novelista acababa de ser incriminado por haber dicho que el Corán es el libro más estúpido y peligroso del mundo. Y donde (cual racista-xenófoba-blasfema-etcétera) en 1997 luego en 1998 luego en 2000 luego en 2001 Brigitte Bardot había sido condenada por haber escrito o dicho lo que no se cansa de repetir, pobre Brigitte. Que los musulmanes le han robado la patria, que incluso en las aldeas más remotas las iglesias francesas han sido sustituidas por mezquitas y los Padrenuestros por los gritos de los muecines, que la tolerancia tiene un límite también en una democracia, que el sacrificio halal es una barbarie...
«ORIANA FALLACI se entrevista a sí misma»* :: ISBN 84-9734-356-5
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Referirse al Apocalipsis parece un juego intelectual, ¿verdad? Parece un truco literario, una fantasía de escritores, una fábula. Pero es la trágica realidad en la que vivimos dos mil años después de Juan el evangelista. Para darse cuenta de ello basta echar una ojeada a los periódicos y a las televisiones, o escuchar las insensateces que dicen los politiqueros europeos. Piense en lo que el presidente de la República Francesa, es decir Chirac, le dijo a Philippe de Vílliers: «Mon cher ami, les racines de l'Europe sont autant musulmanes que chrétiennes. Mi querido amigo, las raíces de Europa son tan musulmanas como cristianas». Es inútil preguntarse si había bebido. No había bebido, acababa de convencer a sus aliados de quitar de la Constitución Europea las raíces judeo-cristianas. O piense en lo que el socialista francés Laurent Fabius dijo en mayo de 2003 en el congreso que su partido celebraba en Dijon: «Cuando las Marianas de nuestros municipios asuman el rostro de una joven francesa naturalizada, ínmigrada, habremos dado un gran paso adelante para vivir plenamente los valores de la República». Por lo demás no soy la única que sostiene que con la ayuda de la Bestia el Monstruo está ya venciendo. El pasado junio Jean Raspail, el escritor que con su libro Campo de los Santos ya en 1973 había anunciado la descomposición de nuestra civilización, publicó en Le Figaro un artículo que parecía escrito por Juan el evangelista.
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* La cita es del Post-Scriptum, «El Apocalipsis», que siguió al libro.
