Max Frisch
Zurich, 1911 – 1991.
Abandonó sus estudios de Literatura y cursó estudios de Ingeniería y Arquitectura. Colaboró en varios periódicos suizos. Ganó un concurso para la construcción del edificio de unas piscinas de Letzigraben en Zúrich. Sirvió durante 21 meses en el ejército suizo. Dos semanas antes de terminar la guerra se representó en Zúrich Nun singen sie wieder, Ahora vuelven a cantar. En 1947 conoció a Brecht y a Dürrenmat. En 1954 cerró su despacho de arquitecto y con el éxito internacional de "Stiller" se dedicó plenamente a la Literatura. Recibió el premio "Georg Büchner" en 1958.
Obras principales:
–teatro:
Die chinesische Mauer, La muralla china, 1946; Don Juan oder die Liebe zur Geometrie, Don Juan o el amor a la geometría, 1953; Wilhelm Tell für die Schule, Guillermo Tell para el colegio, 1971.
–novelas:
Graf Öderland, El conde Öderland, 1951; Stiller, No soy Stiller, 1954; Homo faber, 1957; Andorra, 1961; Mein Name sei Gantenbein, Pongamos que me llamo Gantenbein, 1964; Dienstbüchlein, Cartilla militar, 1974; Montauk, 1975; Der Mensch erscheint im Holozän, El hombre aparece en el Holoceno, 1979; Blaubart, Barba Azul, 1982.
–no ficción: Tagebuch 1966-71, Diario 1966-71, 1972
[fechas de la primera edición en alemán]
« No soy Stiller» :: © 1969 Ed. SEIX BARRAL S.A. -Barcelona -Dep. Legal B. 15640 - 1969
–¡Yo no soy Stiller! – Día tras día, desde mi llegada a esta cárcel, que más tarde habré de describir, lo digo, lo juro e insisto en reclamar whisky, sin el cual me niego a hacer ninguna declaración. Porque sin whisky, lo sé por experiencia, no soy yo mismo, sino que tengo tendencia a sucumbir a todas las buenas influencias posibles y a representar un papel, que a ellos quizá les pareciera bien, pero que no tiene nada que ver conmigo. Porque en la situación absurda en que me hallo (me toman por un ciudadano de su pequeña localidad, desaparecido), lo único que importa es no dejarme influir por lo que digan, estar alerta frente a todos sus amables intentos de meterme en una piel ajena y mantenerme incorruptible hasta llegar a la grosería, si es precioso, digo: puesto que lo único que importa es no ser otro que el individuo que, por desgracia, soy en realidad, no cesaré de reclamar a gritos que me traigan whisky, cada vez que alguien se acerque a mi celda.
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«Digamos que me llamo Gantenbein» :: ISBN 84-322-0420-X-
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El hombre es tanto más caballeroso cuanto más desprecio se ve obligado a disimular… La mujer obligada a la comedia por la vanidad del hombre, representa su desenlace en placer aunque éste no exista; el hombre nunca sabe con seguridad qué es lo que realmente ha ocurrido para la mujer; es el hombre el que se entrega, y no la mujer; es eso lo que hace que el hombre sienta desconfianza… La diferencia biológica: la mujer puede ayuntarse en una noche con diez hombres, y el hombre no puede hacerlo con diez mujeres. Debe estar bien calentorro; ella, en cambio, puede hacerlo sin mayor calentura. Así, ella bien puede ser una puta, sin contrapartida del macho. Lo que a ella le seduce no es la apostura del hombre, ni siquiera su personalidad; a la mujer le basta con sentirse bella ella misma; lo que la seduce es su imagen reflejada en la pasión del hombre, la confirmación de su atractivo, el poder que tiene sobre el espíritu y la fuerza masculina... La mujer es persona antes de que la amemos, a veces también después; cuando la amamos, es una maravilla, y por lo tanto inconsistente.
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«El hombre aparece en el Holoceno» :: ISBN 84-204-2520-6
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Sin memoria no hay saber. [...] Si existirá Dios en el momento en que ya no haya un cerebro humano que pueda imaginar una creación sin creador…[...] No basta con que el señor Geiser subraye con el bolígrafo … lo que vale la pena saber; al cabo de una hora uno se acuerda sólo de un modo vago; los nombres y las fechas, sobre todo, no se graban; el señor Geiser tiene que escribir a mano, en una hoja de papel, lo que quiere que no se le olvide, y pegar la hoja en la pared; chinchetas hay suficientes en la casa.[...] Envejecer se envejece en todas partes. [...] No es para tomar una copa, sino para comprar cerillas –cerillas de reserva– que el señor Geiser ha ido al pueblo de al lado, y en la taberna ha olvidado comprar cerillas. Por lo visto hay neuronas que fallan. [...] Dejando aparte el hecho de que lo que está impreso se lee mejor que la letra de un viejo –aunque el señor Geiser escribe despacio con letra de palo–, tanto tiempo no tiene el ser humano.
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El segmento áureo, por ejemplo, no es muy importante, y el número de habitantes que tiene el cantón de Tessino, la altitud del Matterhorn (4.505 metros sobre el nivel del mar) o cuándo llegaron los vikingos a Islandia es algo que el señor Geiser puede retener. Tan esclerosado no está uno. Tiesas sólo quedan las hojas si se utilizan cuatro chinchetas por hoja, pero no hay tantas chinchetas. Así que no hay nada que hacer, las hojas se abarquillan, y si uno abre la ventana y se origina una corriente de aire, se arma un gran revuelo de hojas por toda la pared.
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En Islandia hay morrenas del último período de la Era glaciar que hoy en día aún no están cubiertas, valles enteros llenos de piedras y que van a ser siempre desiertos. Sin Land Rover estaría uno perdido. Hay glaciares que cuelgan sobre el mar. Uno de ellos, el VATNAJÖKUL, es más grande que todos los glaciares de los Alpes juntos.
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Hay volcanes que están cubiertos por glaciares; el HEKLA es el único que actualmente echa humo. Otro, un volcán nuevo, ha surgido en el mar; una isla de ceniza y basalto; los primeros habitantes, cuando la lava se ha enfriado, son aves que se alimentan de peces; sus excrementos son el principio de un oasis que pueden habitar los hombres, hasta que otra lava lo asfixie todo. Probablemente serán los peces quienes van a sobrevivimos, y las aves.
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De una cosa u otra se olvida uno siempre.
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