Nueva York 1843 — Londres 1916.

Eminente y prolífico literato [hermano del también eminente filósofo William James, 1842 - 1910] reflejó en sus obras el contraste entre la "educación" norteamericana y europea, –la italiana especialmente. A los 12 años estudió en Europa y a los 15 regresó a los Estados Unidos, para terminar regresando a Europa e instalarse en la aldea de Rye –Sussex, Gran Bretaña–. A lo largo de cuatro décadas de carrera literaria escribió veinte novelas, más de un centenar de relatos cortos y un abundante "corpus" de periodismo crítico literario e incluso un acercamiento, de poco éxito, a la dramaturgia. Existen publicadas más de tres mil cartas de su vasta correspondencia. Un año antes de su muerte obtuvo la nacionalidad británica.
Obras principales: Daisy Miller, 1878;
The portrait of a Lady, 1881 —Retrato de una dama, 1881—;
Washington Square, 1881 –id. 1881;
The Aspern Papers, —Los papeles de Aspern, 1888;
The Turn of the Screw, –Otra vuelta de tuerca, 1898; The Awkward Age, –La edad ingrata, 1899;
The Ambassadors, —Los embajadores, 1903;
The Beast in the Jungle, –La bestia en la jungla, 1903;
The Golden Bowl, –La copa dorada, 1904.
A su obra narrativa hay que añadir el
ensayo (calificado de mítico)
The art of fiction –El arte de la ficción– [ed.española:
El Futuro de la Novela.], que completó con diversos prólogos añadidos por la póstuma
New York Edition.
Entre las
películas basadas en sus obras destacan:
La heredera, 1949 de William
Wyler–;
La habitación verde, 1978 de François
Truffaut–;
Las bostonianas, 1984 de James
Ivory–;
Otra vuelta de tuerca, 1985 de Eloy
de la Iglesia–;
Retrato de una dama, 1996 de Jane
Campion–.
«El futuro de la Novela » ISBN 84-306-2079-6
El arte de la ficción
La única razón de existir de una novela es que ciertamente intenta representar la vida.
Gustave Flaubert
Su caso era una condena porque casi no sentía más que la dificultad de su vocación. Tenía muchos aspectos extraños, pero éste era el más extraño, tanto que si razonáramos a partir de su dificultad ante su trabajo, dificultad registrada en sus cartas y en otras partes, deberíamos esperar como consecuencia sólo las cosas más insignificantes.[...]
... con frecuencia vemos a Flaubert maldiciendo sus temas mismos, deseando no haberlos elegido, escarneciéndose por haberlo hecho, y odiándolos en el acto mismo de ponerse a escribirlos.
Emile Zola
El tono de
L'Assommoir es, en cuanto a mera «persistencia», insuperable: una corriente profunda y uniforme que lleva consigo triunfalmente todos los objetos representados. Nunca se acorta ni disminuye su caudal, y nada se pierde, se hunde ni se enreda; la marca de la marea alta de la sinceridad, de lo genial, como lo he llamado, se mantiene indefectiblemente.
Turgenev y Tolstoi
Turgenev es en grado peculiar lo que cabe llamar un novelista para novelistas, una influencia artística extraordinariamente valiosa e inextirpablemente establecida. La lectura de Tolstoi (una maravillosa masa de vida) es un acontecimiento inmenso, una especie de accidente espléndido, para cada uno de nosotros.[...]
Tolstoi es un reflector vasto como un lago natural; un monstruo uncido a su gran tema (¡la humanidad toda!) como un elefante podría estar uncido, para fines de transporte, no a un carruaje, sino a una cochera. Su caso es prodigioso, pero su ejemplo para los demás es deplorable: sólo puede extraviar y engañar a los discípulos no elefantinos.
Joseph Conrad
Actualmente, no es frecuente que una construcción depurada reciba los aplausos, pero Mr. Conrad ha conseguido que la suya logre ese milagro... salvo, por cierto, en la medida en que el milagro ha sido cosa y el éxito otra.
[...]
El procedimiento ha sido, en la medida en que tres palabras pueden aquí ser útiles, el de multiplicar sus creadores, o, como nos gusta decir ahora, sus narradores, haciéndolos casi más numerosos y muy categóricamente más esenciales que las criaturas y la narración misma, en las cuales, por la ley general de la literatura de ficción, esperamos que se pierdan tales agentes.
«Daisy Miller» ISBN 0-486-28773-4
1 - Les Trois Couronnes
... she gradually gave him more of the benefit of her glance; and then he saw that this glance was perfectly direct and unshrinking. It was not, however, what would have been called an immodest glance, for the young girl's eyes were singularly honest and fresh. They were wonderfully pretty eyes [...]
2 - Rome
The place had never seemed to him more impressive. One-half of the gigantic circus was in deep shade, the other was sleeping in the luminous dusk. As he stood there he began to murmur Byron's famous lines, out of 'Manfred'; but before he had finished his quotation he remembered that if nocturnal meditations in the Colosseum are recommended by the poets, they are deprecated by the doctors. The historic atmosphere was there, certainly; but the historic atmosphere, scientifically considered, was no better than a villainous miasma.
[…]
'I don't care,' said Daisy, in a little strange tone, 'whether I have Roman fever or not!' Upon this the cab-driver cracked his whip, and they rolled away over the desultory patches of the antique pavement.
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1 - Las Tres Coronas
... gradualmente, ella fue mirándole con más atención, y él comprobó que su mirada era directa y franca por completo. Sin embargo, no era lo que se podría llamar una mirada atrevida, puesto que los ojos de la muchacha eran singularmente honestos y limpios. Eran unos ojos maravillosamente hermosos [...]
2 - Roma
El lugar nunca le había parecido a él tan impresionante. Una mitad del gigantesco circo en total oscuridad mientras la otra dormía en penumbra luminosa. Allí plantado empezó a recitar en murmullos las famosas líneas del 'Manfred' de Byron, pero antes de terminar la cita recordó que si bien las meditaciones nocturnas en el Coliseo son recomendadas por los poetas, son en cambio desaconsejadas por los médicos. La atmósfera histórica lo envolvía, ciertamente, pero desde la perspectiva científica la atmósfera histórica era tan buena como un miasma maligno.
[...]
'No me importa', dijo Daisy en un tono algo raro, 'si tengo la fiebre Romana o no'. Y sin más, el cochero restalló su látigo y se alejaron dando tumbos por los baches del viejo pavimento.

El film
«Retrato de una Dama», basado en la novela homónima [The Portrait of a Lady], fue dirigido por Jane
Campion en 1996, con Nicole
Kidman en el papel de
Isabel Archer y John
Malkovich en el de
Gilbert Osmond.
En el recorte, imagen del primer plano más inquietante de la película