«Ulises» :: ISBN 84 08 01672 5
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Ssss. ¡Dth, dth, dth! ¡Imagínese, tres días quejándose en la cama, un pañuelo con vinagre alrededor de la frente, el vientre todo hinchado! ¡Puah! ¡Simplemente espantoso! La cabeza del chico demasiado grande: fórceps. Doblado dentro de ella tratando de salir a tientas, buscando la salida. A mí eso me mataría. Suerte que Molly sacó el suyo en seguida fácilmente. Tendrían que inventar algo para evitar eso. Vida con arduos dolores. La idea del sueño crepuscular: a la reina Victoria le dieron eso. Tuvo nueve. Buena ponedora. La vieja que vivía en un zapato tenía tantos hijos. Supongamos que él fuera tuberculoso. Sería hora de que alguien pensara en eso en vez de tomar el pelo con lo que había en el seno pensativo de la plateada efulgencia. Estupideces para embaucar a los tontos.
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Su sonrisa se desvaneció mientras caminaba; una pesada nube ocultaba el sol lentamente, sombreando la áspera fachada del Trinity. Los tranvías se pasaban unos a otros, llegando, saliendo, sonando. Palabras inútiles. Las cosas siguen igual, día tras día; pelotones de policía que salen y entran: tranvías que van y que vienen. Esos dos lunáticos dando vueltas por ahí. Dignam acarreado. Mina Purefoy con el vientre hinchado sobre una cama quejándose para que le saquen a tirones un niño. Uno nace cada segundo en alguna parte. Otro muere cada segundo. Desde que di de comer a los pájaros, cinco minutos. Trescientos se fueron al otro mundo. Otros trescientos nacidos, lavándolos de sangre, todos son lavados en la sangre del cordero, berreando ¡meeeeeec!
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Apoyado sobre mi chaqueta tenia su cabello, insecto en un matorral mi mano bajo su nuca, me vas a despeinar toda. ¡Oh maravilla! Fresca y suave de ungüentos su mano me acarició: sus ojos sobre mí no me rehuyeron. Arrebatado sobre ella estaba yo, los labios llenos completamente abiertos, besé su boca. Am. Suavemente puso en mi boca el pastel caliente y masticado. Pulpa asquerosa que su boca había amasado dulce y agria con saliva. Alegría: yo la comí: alegría. Vida joven, los labios que se me daban haciendo mimos. Labios tiernos, calientes, pegajosos de jalea de encía. Flores eran sus ojos, tómame, ojos complacientes. Los guijarros cayeron. Ella estaba inmóvil. Una cabra. Nadie. Arriba sobre los rododendros de Ben Howth una cabra caminando firmemente, dejando caer pasas de Corinto. Cobijada en helechos ella reía en cálido abrazo. Salvajemente me acosté sobre ella, la besé; ojos, sus labios, su cuello estirado, palpitante, amplios senos de mujer en su blusa de velo de monja, gruesos pezones erguidos. Le metí mi lengua ardiente. Ella me besó. Recibí sus besos. Rendida agitó mi cabello. Besada me besó. Yo. Y yo ahora.
Pegadas, las moscas zumbaban.
Sus ojos bajos siguieron el silencioso veteado de la tabla de roble. Belleza: se curva: curvas son belleza. Diosas bien formadas, Venus, Juno: curvas que el mundo admira. Las puedo ver en la biblioteca del museo de pie en el vestíbulo redondo, diosas desnudas. Ayuda a la digestión. No les importa lo que el hombre mira. Todas para ser vistas.
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Cuando la revista Little Review de Nueva York publicó Ulises por entregas, apareció la censura y confiscó e hizo destruir los números que contenían los capítulos 8, 9 y 12. Los tres párrafos que anteceden pertenecen al capítulo 8 [Lestrigones]; del mismo son los únicos que fui capaz de señalar y considerar "responsables" de haber podido excitar el furor de los censores.
«Letters»*
My intention was to write a chapter of the moral history of my country and I chose Dublin for the scene because that city seemed to me the centre of paralysis. I have tried to present it to the indifferent public under four of its aspects: childhood, adolescence, maturity and public life. The stories are arranged in this order. I have written it for the most part in a style of scrupulous meanness and with the conviction that he is a very bold man who dares to alter in the presentment, still more to deform, whatever he has seen and heard.
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* [Letters 11.134] «James Joyce A to Z» ISBN 0-7475-2409-2.
El párrafo antecedente de la carta de Joyce a Grant Richards, escrita en mayo de 1906, expone los motivos que lo llevaron a escribir los relatos de Dublineses. Lo he traducido en el artículo leer a Joyce (ADENDA).