«Der Waldgang» :: ISBN 3-608-95235-7
Man sieht den Menschen in eine Lage kommen, in der von ihm verlangt wird, Urkunden zu schaffen, die auf seinen Untergang berechnet sind. Und was für belanglose Dinge bestimmen heute oft den Untergang.
[...]
In einer Millionenstadt leben zehntausend Waldgänger, … Das ist eine gewaltige Macht. Sie ist zum Sturz auch starker Zwingherren hinreichend…
Daraus erklärt sich das riesenhafte Wachstum der Polizei.
[...]
Waldgänger ist also jener, der ein ursprüngliches Verhältnis zur Freiheit besitzt, das sich, zeitlich gesehen, darin äußert, daß er dem Automatismus sich zu widersetzen und dessen ethische Konsequenz, den Fatalismus, nicht zu ziehen gedenkt.
[...]
Man kann sich jedoch nicht darauf beschränken, im oberen Stockwerk das Ware und das Gute zu erkennen, während im Keller den Mitmenschen die Haut abgezogen wird
________
La emboscadura :: ISBN 84-7223-850-4
(versión española de A. Sánchez Pascual)
Vemos como el ser humano está llegando a una situación en la cual se le exige que él mismo genere unos documentos que están calculados para provocar su ruina. Y son a menudo cosas tan irrelevantes las que hoy en día provocan la ruina.
[...]
En una ciudad de un millón de habitantes, viven diez mil 'emboscados', … Esto representa un poder enorme. Basta para derribar incluso a tiranos muy poderosos… Esto es lo que explica el gigantesco incremento de la policía.
[...]
Un emboscado es, pues, quien posee una relación originaria con la libertad; vista en el plano temporal, esa relación se exterioriza en el hecho de que el emboscado piensa oponerse al automatismo y piensa no sacar la consecuencia ética de éste, a saber, el fatalismo.
[...]
No podemos limitarnos a conocer en el piso de arriba la verdad y la bondad mientras en el sótano están arrancando la piel a otros seres humanos como nosotros.
«Eumeswil» :: ISBN 84-322-1913-4

[...] el amor es anárquico, el matrimonio no. El guerrero es anárquico, el soldado no. El homicida es anárquico, el asesino no. Cristo es anárquico, Pablo no. Claro está que, por ser lo anárquico lo normal, también estuvo presente en Pablo y también a veces brotó poderosamente de su interior. Pero esto no son contradicciones sino gradaciones. La historia universal se mueve mediante la anarquía. En suma: el hombre libre es anárquico, el anarquista no.
[...]
No debe confundirse… al solitario con el partisano. El partisano lucha en la sociedad, el solitario tiene su guerra particular. Tampoco debe confundirse, por otra parte, al solitario con el anarca, aunque hay momentos en que son muy semejantes y apenas diferenciables desde el punto de vista existencial. La diferencia está en que el solitario ha sido expulsado de la sociedad, mientras que el anarca ha expulsado a la sociedad de sí. Es y sigue siendo un hombre libre bajo cualquier circunstancia.
[...]
En Eumeswil hay tiranía, pero no despotismo. El déspota disfruta humillando a los hombres; es algo innato –y sigue su impulso incluso cuando va en contra de la razón de Estado y de su propio interés.
[...]
¿Por qué son tantos los que buscan la carrera de pequeño funcionario? Sin duda, porque tienen una idea razonable de la felicidad. Se conocen las normas y los tabúes. Se sientan en su sillón: ante sí desfilan los demás con sus deseos, sus tributos. El tiempo fluye mansamente. Se está ya casi en el Tibet. Y además la seguridad. Ningún Estado puede prescindir de estos funcionarios, por muy fuerte que sea el oleaje.
[...]
El pobre, en la medida en que no tiene una mente parasitaria, quiere estar lo más lejos posible del Estado, sean cuales fueren los pretextos con que éste le ofrece sus servicios. No quiere escuelas, vacunas ni servicio militar obligatorios; todas estas cosas han multiplicado hasta límites aberrantes el número de los pobres y, con ellos, la pobreza.
[...]
Hay juristas y también teólogos que han defendido la pena de muerte como recurso supremo de la justicia. Otros la rechazan como inmoral. Los dos cuentan con buenos argumentos. Los dos invocan la estadística, que puede utilizarse en el sentido que se desee. Habría que mantenerse alejado de las cifras.
Al anarca, la controversia le trae sin cuidado. Para él es absurda la conexión de muerte y castigo. En este aspecto, está más cerca del criminal que del juez, porque un criminal de categoría, sobre el que cae la vara de la ley, no está dispuesto a reconocer la sentencia como una expiación, sino que cree que la culpa es su propia insuficiencia. Se reconoce, pues, no como persona moral, sino como persona trágica.
[...]
Se anhela, se reconoce, se elige, sobre todo en las situaciones extremas, un salvador, un caudillo, un padre. A no tardar, el electo pasa a ser el elegido. Los infelices, los abrumados, descargan su peso en él; le entregan jubilosos su libertad.