«La agresividad en la sociedad industrial avanzada» :: ISBN 84-206-1337-1
Como definición provisional de «sociedad enferma», podemos decir que una sociedad está enferma cuando sus instituciones y relaciones básicas, su estructura, son tales que no permiten la utilización de los recursos materiales e intelectuales disponibles para el óptimo desarrollo y satisfacción de las necesidades individuales. Cuanto mayor es la discrepancia entre las condiciones humanas potenciales y las reales, mayor es la exigencia social de lo que yo denomino super-represión, esto es, la represión exigida no por el desarrollo y preservación de la civilización sino por los intereses creados que tratan de mantener una sociedad establecida. Tal super-represión añade (por encima, o más bien por debajo, de los conflictos sociales) nuevas tensiones y conflictos en los individuos. Manipulados comúnmente por el funcionamiento normal del proceso social, que asegura la adaptación y la sumisión (miedo a perder el trabajo o el
status, ostracismo, etc.), no se necesitan especiales medidas coercitivas respecto a la mente. Pero en la sociedad opulenta contemporánea, la discrepancia entre las formas de existencia establecidas y las posibilidades reales de libertad humana es tan grande que, a fin de prevenir un estallido, la sociedad tiene que asegurar una coordinación mental de los individuos más efectiva: tanto en sus dimensiones inconscientes como en las conscientes, la psique es sometida a una manipulación y control sistemáticos.
«El hombre unidimensional» :: Dep. legal B.2326-1969
Si los individuos están satisfechos hasta el punto de sentirse felices con los bienes y servicios que les entrega la administración, ¿por qué han de insistir en instituciones diferentes para una producción diferente de bienes y servicios diferentes? Y si los individuos están precondicionados de tal modo que los bienes que producen satisfacción también incluyen pensamientos, sentimientos, aspiraciones, ¿por qué han de querer pensar, sentir e imaginar por sí mismos? Es verdad que los bienes materiales y mentales ofrecidos pueden ser malos, inútiles, basura, pero
Geist* y conocimiento no son argumentos convincentes contra la satisfacción de las necesidades.
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* = espíritu, inteligencia; rem.: Geistesleben = vida intelectual,
i.e.: lo opuesto a la contemplación de la basura televisiva (n. mía)
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En los comienzos de la era fascista, Walter Benjamin escribió:
Nur um der Hoffnungslosen willen ist uns die Hoffnung gegeben.
[Sólo gracias a aquellos sin esperanza nos es dada la esperanza].