Montero, Rosa



Madrid, 1951 —
Escritora y periodista. Redactora-jefa del Suplemento Dominical de «El País» de 1980 a 1981. Premio Mundo de entrevistas (1978), Premio Nacional de Periodismo (1980), Premio Grinzane Cavour -Italia- (2005).
Novelas: Crónica del Desamor, 1979; Te trataré como a una reina, 1983; Amado amo y Temblor, 1990; La función Delta, Te trataré como a una reina, 1993; Bella y oscura, 1993; La hija del caníbal, 1997; El corazón del Tártaro, 2001; La loca de la casa, 2003; Historia del rey transparente, 2005.
 


«Bella y oscura » :: ISBN 84-322-3104-5
 
»La quemazón del desear era totalmente nueva para el liliputiense, de modo que transportó el deseo en la boca durante cierto tiempo, dándole vueltas y mordisqueándolo sin saber qué hacer con él; y el deseo iba desprendiendo una agüilla acre y ácida que le iba abrasando la lengua poco a poco. Hasta que al fin, todo llagado y dolorido, el enano soltó una lágrima, se agarró bien a loS cabellos del gigante y dejó salir al deseo, que se escurrió silbante entre sus labios y le hizo decir las primeras palabras de la Tierra: "Quiero que me digas que me quieres."
»Entonces los cielos se rasgaron con un estruendo bárbaro, los pájaros cayeron muertos sobre el suelo, las panteras degollaron a los corderos. Los ríos se tiñeron de sangre y el horizonte fue devorado por la noche primera. Quiero decir que así perdimos el Paraíso y no con esas tonterías de la manzana: la palabra nos hizo desdichados y humanos. A partir de entonces comenzó a escaparse el tiempo, y ya no hubo más criaturas dobles, sino pobres personas asustadas y solitarias como tú y como yo, seres incompletos, siempre en busca del alma gemela que perdimos. Así surgieron los sexos, como evidencia de nuestra humanidad, esto es, de nuestras limitaciones; como estigma por la mutilación del otro. y por eso cuando amamos lo hacemos con tanta desesperación, porque nunca podremos poseer ni entender al ser amado como nos poseíamos y entendíamos mutuamente los gigantes y los enanos del Edén. Ya no somos un todo, sino sólo una parte.
»La gente no suele recordar este principio de las cosas, aquel tiempo sin tiempo en el que estábamos unidos y éramos felices. Pero los liliputienses, para nuestro martirio, sí conservamos la memoria, quizá porque aún estamos demasiado cerca, genéticamente, de aquella gente menuda del Paraíso, o porque en nuestras carnes se castiga el error del primer enano. Y es un castigo cruel, eso te lo aseguro; porque no hay nada tan desgarrador como recordar la dicha y saberla perdida.

«Crónica del desamor » :: ISBN 84-7444-023-8
 
«No aguanto más esto, Ana, en mi oficina son unos hijos de puta, me explotan, me matan, me revientan, me odian porque no soy como ellos, porque tengo ojeras de vida nocturna, porque no llevo sujetador, porque estoy viva. Mierda de mundo, me iré de aquí, Ana, me iré y no volveré más.»

EL PAÍS: «Tragedia» 16 mayo 2006
 
Hace algún tiempo, mientras viajaba en un atestado trenecito por los Andes peruanos, alabé la belleza de un bebé de meses, y su madre, una india quechua que apenas sabía castellano, intentó regalármelo. [...] Esta estremecedora anécdota es un perfecto emblema de la tragedia de los indígenas andinos, seres dulces y humildes que han sido explotados bárbaramente a lo largo de la historia. Analfabetos, paupérrimos y olvidados de todos, sus vidas son de un dramatismo sobrecogedor. Incluso sus músicas festivas, como los huaynos, son tristísimas.
Digo todo esto al hilo de la llegada de Evo Morales al poder, y del paternalismo compasivo con que fue recibido por gran parte de la sociedad española. Porque sin duda hubo paternalismo, por muy bien intencionado que fuera, en la manera en que se le justificó su famoso jersey. También hubo una mala conciencia inevitable, porque en verdad es atroz que nosotros tengamos tanto y otros tengan tan poco. Por último, emocionaba sentir el ensueño romántico de la justicia histórica y la esperanza de que los desheredados de la Tierra se hicieran dueños de su destino.
Pero la realidad es obcecada. Los sueños románticos son tan mentirosos como las películas de Hollywood, y a menudo los soñadores sociales terminan siendo peligrosos. Porque no se pueden crear paraísos en este mundo, y aquellos que intentan imponerlos construyen infiernos. Lo malo no son las pérdidas (pequeñas) de Repsol, sino ver a Morales besándose con un cacique demagógico como Chávez y con un dictador senil como Castro. Y aún me inquieta más esa foto de Evo en una planta de gas con un cartel que dice: “Nacionalizado. Propiedad de los bolivianos”. Porque la historia ha demostrado que cada vez que los medios de producción y el poder pasan supuestamente a manos del pueblo, el pueblo controla cada vez menos no sólo la riqueza y la vida pública, sino también su propia libertad y la vida privada. Ojalá me equivoque, pero todo esto da miedo, y sobre todo pena.

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