Nabokov, Vladimir


San Petersburgo 1899 — Lausana 1977.
Hijo de aristócratas rusos, aprendió francés, inglés y alemán ya en su infancia. Exiliados por la revolución bolchevique, Vladimir fue becario en el Trinity College y estudió Filología (inglesa, aleman y Románica) y cursos de Zoología. Al estallar la segunda guerra mundial emigró a los Estados Unidos. En Nueva York fue contrado como entomólogo. Después ejerció la docencia en varias universidadesy sus cursos fueron extraodinarios éxitos.
Obras principales:  Mashenka o María, 1926; El ojo, 1930; La defensa, 1930; Cámara oscura, 1932; Gloria, 1932; Desesperanza, 1936; Invitación a una decapitación, 1938; La verdadera vida de Sebastián Knight, 1941; Barra siniestra, 1947; Pnin, 1957. Su obra maestra fue  Lolita, 1955. En Pálido fuego, 1962, arremetió contra el American Way of Life; Ada o el ardor, 1967; Objetos transparentes, 1972 y Mira los arlequines, 1975.
En Lecciones sobre literatura, (post. 1980), muestra su dominio sobre la obra de Dickens, R. L. Stevenson, Joyce y Jane Austen. En esa línea didáctica es autor también de un Curso sobre el Quijote.


«Lolita» :: ISBN 84-934674-1-3
 
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.
¿Tuvo Lolita una precursora? Naturalmente que sí. En realidad, Lolita no hubiera podido existir para mí si un verano no hubiese amado a otra niña iniciática. En un principado junto al mar. ¿Cuándo? Aquel verano faltaban para que naciera Lolita casi tantos años como los que tenía yo entonces. Pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante.
[...]
[...]
Ninguno de los dos vivirá, pues, cuando el lector abra este libro. Pero mientras palpite la sangre en mi mano que escribe, tú y yo seguiremos siendo parte de la bendita materia, y me será posible hablarte desde aquí, aunque estés en Alaska. Sé fiel a tu Dick. No dejes que otros hombres te toquen. No hables con desconocidos. Espero que quieras a tu hijo. Espero que sea varón. Ojalá que tu marido te trate siempre bien, porque, de lo contrario, mi espectro se le aparecerá, como negro humo, como un gigante demente, y le arrancará nervio tras nervio. Y no tengas lástima de Clare Quilty. Tenía que elegir entre él y Humbert Humbert, y quería que éste viviera, al menos, un par de meses más, para que tú vivieras después en la mente de las generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. y ésta es la única inmortalidad que tú yo podemos compartir, Lolita mía.

«Curso de Literatura Europea» :: ISBN 84-226-8894-8
 
El tiempo y el espacio, el color de las estaciones, el movimiento de los músculos y de la mente, todas estas cosas no son, para los escritores de genio (por lo que podemos suponer, y confío en que suponemos bien), nociones tradicionales que pueden sacarse de la biblioteca circulante de las verdades públicas, sino una serie de sorpresas extraordinarias que los artistas maestros han aprendido a expresar a su manera personal. La ornamentación del lugar común incumbe a los autores de segunda fila; éstos no se molestan en reinventar el mundo; sólo tratan de sacarle el jugo lo mejor que pueden a un determinado orden de cosas, a los modelos tradicionales de la novelística. Las diversas combinaciones que un autor de segunda fila es capaz de producir dentro de estos límites fijos pueden ser bastante divertidas, pese a su carácter efímero, porque a los lectores de segunda les gusta reconocer sus propias ideas vestidas con un disfraz agradable. Pero el verdadero escritor, el hombre que hace girar planetas, que modela a un hombre dormido y manipula ansioso la costilla del durmiente, esa clase de autor no tiene a su disposición ningún valor predeterminado: debe creados él. El arte de escribir es una actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el sustrato potencial de la ficción.  

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