Russell, Bertrand

Ravenscroft (Gales), 1872 – 1970
Se formó íntegramente en Cambridge, donde después impartió clases al igual que en las universidades de Pekin y de Estados Unidos. En 1900 conoció a Peano y se familiarizó con su obra. Al año siguiente empezó a trabajar en su obra principal 'Principia mathematica' en la que redujo las matemáticas a una rama de la lógica. 1912 en Cambridge fue un año de intensa relación con Wittgenstein. En 1918, involucrado en movimientos pacifistas cumple condena de seis meses de cárcel. Viaja por todo el mundo: España (Barcelona), Rusia, China, Estados Unidos... En 1931, al morir su hermano Frank, hereda el título de conde de Russell. En 1950 recibe el Premio Nobel de Literatura. En 1962 actúa de mediador en la crisis de los misiles de Cuba y en las de India y China. En 1963 se crea la «Fundación Bertrand Russell para la Paz». En 1966 anuncia la creación de un Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra y rompe públicamente su carné del Partido Laborista.
Obras principales :
La filosofía de Leibniz, 1901; Principia Mathematica, –manuscrito terminado y entregado en Cambridge– 1910; Los problemas de la filosofía, 1912; Misticismo y lógica, 1915; Caminos hacia la libertad: socialismo, anarquismo y sindicalismo, 1919; Teoría y práctica del bolchevismo, 1920; Análisis de la mente, 1921; El ABC de la relatividad, Ícaro o el Futuro de la ciencia y Lo que yo creo, 1924; Fundamentos de Filosofía y Porque no soy cristiano y otros ensayos, 1927; El matrimonio y la moral, 1929; La conquista de la felicidad, 1930; Elogio de la ociosidad, 1932; Los documentos Amberley, 1935; Mi desarrollo mental 1943; Historia de la filosofía occidental, 1945; La sabiduría en Occidente, 1946; El impacto de la ciencia en la sociedad, 1952; Satán en los suburbios, 1953; La evolución de mi pensamiento filosófico, 1958; Autobiografía, 1960; El futuro del hombre, 1961; Crímenes de guerra en Vietnam, 1967. 


«Fundamentos de Filosofía» :: Dept. Legal B. 29401 - 1972
 
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Cuando de seres humanos se trata es difícil lograr datos tan seguros como cuando se trata de animales. Las madres humanas no permitirían que sus hijitos padecieran hambre, y que se les encerrara luego en una habitación con un plátano que sólo pudieran alcanzar poniendo una silla sobre una mesa y un taburete sobre la silla, y trepando después con riesgo de romperse los huesos.
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 En los verdaderos comienzos del habla no existe la imitación de los mayores, sino el descubrimiento de que los sonidos producidos espontáneamente alcanzan resultados apetecibles.
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La idea de que la percepción revela por sí misma el carácter del objeto es una grata ilusión, y de una clase, por añadidura, que es de todo punto preciso superar si es que nuestra filosofía ha de ser algo más que un agradable cuento de hadas.
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Cuando uno dice que ve una estrella porque ve la luz que de ella procede, habla con la misma falta de corrección que cuando dice que ve Nueva Zelanda porque ve un neozelandés en Londres.
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La duda es una forma de pensamiento, por lo tanto el pensamiento existe. Traducir esto en la forma «pienso», equivale a dar por sentadas muchas cosas que un previo ejercicio del escepticismo debiera haber enseñado a Descartes a poner en duda [...] Descartes creía en la «sustancia», tanto en el mundo mental como en el material. Él creía que no podría existir el movimiento a menos que algo se moviese, ni el pensamiento si no había algo pensante.

«La conquista de la felicidad» :: ISBN 978-84-674-5132-0
 
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Los animales son felices siempre que tienen salud y comida suficiente. Parece que a los seres humanos les debiera ocurrir lo propio; pero en el mundo moderno no es así, por lo menos en la mayor parte de los casos. Quien sea desgraciado estará dispuesto a admitir que no constituye un caso excepcional. Quien sea feliz pregúntese cuántos amigos suyos lo son. Y después de pasar revista a sus amigos, estudie el arte de leer las expresiones de sus caras, tome nota de los humores de quienes encuentra en el curso de un día corriente.

     En todas las caras que me encuentro,
     veo huellas de flaqueza y de dolor,

dice Blake. Varía la calidad, pero la desgracia se nos presenta en todas partes.

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Yo creo que muy pocos hombres elegirán ser desgraciados si ven una posibilidad de ser felices. No niego que exista esa clase de hombres, pero no son lo suficientemente numerosos como para darles importancia. Por lo tanto, yo supondré que el lector prefiere ser feliz a ser desgraciado. No sé si yo podré ayudarle a conseguirlo; pero, a fin de cuentas, el intento no le va a producir daño alguno.
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El secreto de la felicidad es éste: que tus intereses sean lo más amplios posible y que tus reacciones hacia cosas y personas interesantes sean amistosas en vez de ser hostiles.


«Mi desarrollo mental» :: ISBN 978-84-674-5132-0
 
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Por regla general, los niños o los adultos felices tienen probablemente menos pasiones destructivas, por lo que necesitan menos control que los desgraciados. Pero no creo que los niños puedan ser felices mediante la falta de orientación, ni que pueda promoverse un sentido de compromiso social si se permite el ocio total. La cuestión de la disciplina en la infancia, como todas las cuestiones prácticas, es de grado. La infelicidad profunda y la frustración instintiva pueden producir un intenso rencor contra el mundo, transformándose, a veces por caminos muy retorcidos, en crueldad y violencia.

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