Sloterdijk, Peter
Karlsruhe 1947 —
Filósofo y catedrático, profesor de Filosofía y Estética en la Karlsruhe Hochschule für Gestaltung.
Desde la publicación en 1983 de «Kritik der zynischen Vernunft», Crítica de la razón cínica, su nombre y obra acaparan grandes elogios y frecuentes criticas. En sus ensayos destaca la profundidad de análisis sobre las obras de Nietzsche y Heidegger. Se ha ocupado también de música, poesía francesa, psicoanálisis, arte y antropología, sin dejar de lado la política.
Libros principales (fechas de la edición española):
Eurotaoismo, 1989; En el mismo barco, 1994; Normas para el parque humano, 2000; Crítica de la razón cínica, 2003; Experimentos Con Uno Mismo, 2003; Si Europa Despierta, 2004; Esferas I: Burbujas, 2004; Esferas II: Globos, 2004; Esferas III: Espumas, 2006; El Sol Y La Muerte, 2004; Sobre La Mejora De La Buena Nueva, 2005; Derrida, Un Egipcio, 2007 y En El Mundo Interior Del Capital, 2007.
«Crítica de la razón cínica» :: ISBN 9788478446599
[...] La crítica ilustrada del fenómeno religioso se concentra de una manera estratégicamente inteligente en los atributos de Dios y sólo secundariamente aborda la delicada «pregunta de la existencia». En el fondo no se trata de si «hay» Dios; lo esencial es lo que piensan los hombres que afirman que Dios existe y que quiere esto o lo otro.
Consiguientemente, de lo que se trata en primer lugar es de averiguar lo que se pretende saber de Dios aparte de su existencia.
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Tiene que haber muchos tontos para que los listos sigan siendo unos pocos
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... la Iglesia oficial cae constantemente en la parodia del Estado y se convierte en un aparato de coacción de proporciones fabulosas. El padre de la Iglesia san Agustín racionalizó y perpetuó esta esquizofrenia por los siglos con su doctrina de los «dos Reinos» —el Reino de Dios y el reino de lo terrenal—, doctrina a la que todavía se aferra el monje agustino Lutero.
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el catolicismo, como un resto arcaico, se eleva, con su doctrina y con su organización absolutista, a un ordenamiento socialliberalmente atenuado. Pero el catolicismo es sólo antimundano, en el sentido de que mantiene su perverso pacto con las potencias centrales estatales tal y como lo concertó con el Imperio romano de Occidente, con el feudalismo del norte de Europa y con el absolutismo de los siglos XVII Y XVIII.
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... efectivamente, existe una conciencia proletaria del trabajo que se diferencia claramente de la burguesa. En esta conciencia, una experiencia archirrealista pretende crearse «desde abajo del todo» una expresión política: uno se mata a trabajar la vida entera y, sin embargo, no se consigue nada; a veces ni siquiera llega para comer, mientras que la riqueza total de la sociedad sigue creciendo sin cesar. Se nota, efectivamente, en la arquitectura, en el sistema de vida de los dominadores, en la construcción de las ciudades, en el nivel militar, en el consumo de lujo de los otros. El trabajador no participa en el crecimiento de la riqueza aunque consuma su vida en producida. Tan pronto como el trabajador diga Yo, esto no podrá seguir siendo así por más tiempo.
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En el momento en que los hombres se hacen maduros para la verdad por encima de sí mismos y de sus circunstancias sociales, los que detentan el poder han intentado desde siempre hacer pedazos los espejos en los que los hombres reconocerían lo que son y lo que sucede con ellos.
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... la política es ayer y hoy, más que nunca, lo que los quínicos de las decadentes comunidades urbanas griegas experimentaron: una amenazadora relación de necesidad entre hombres, una esfera de sospechosas carreras, de dudosas ambiciones, un mecanismo de alienación, el plano de la guerra y de la injusticia social: en pocas palabras, aquel infierno que se cierne sobre nosotros debido a la existencia de otros capaces de poder.
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La sugestión comienza en el político mismo, y su propia conciencia es el primer destinatario del convencimiento sugestivo. Al principio, el orador, se dice, debe concentrarse, es decir, engavillarse autosugestivamente y hacerse uno con la presunta sencillez y univalencia de sus tesis. En un nivel de lengua coloquial, semejantes fenómenos se expresan diciendo que uno empieza a creer en las propias mentiras. Hitler disponía de esta capacidad autosugestiva en una medida tan extraordinaria que él, seguro de su causa, se podía permitir el lujo de dar su receta.
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A la luz de la reflexión, el fenómeno de la estupidez se arranca al pensamiento de la cotidianidad y se clarifica teoréticamente. En ello se manifiesta un caso especial del sometimiento y de la tozudez. El engaño no sería nada sin una disponibilidad al engaño altamente acuciante en la denominada víctima. Ya un escrito de la época moderna, el Narrenspiegel de Sebastian Brant (1494-1533), llama a esa estructura por su nombre: Mundus vult decipit ergo decipiatur. El mundo quiere ser engañado, luego debe ser engañado. De esta manera, reconoce la teoría del loco y del burlado en este elemento activo y autónomo (vult) que actúa desde el primer momento. La stultitia no es inocente; más bien contiene un aspecto de falsa ingenuidad que está adherido en aquel que se deja considerar como loco. Esto se manifiesta en una risa agresiva: reírse de alguien es un fermento de la tradición satírica europea.
«Experimentos con uno mismo» :: ISBN 84-8191-570-X
[...] la misión del escritor no es ser inofensivo. Tengo la sensación de que hemos dejado de comprender qué es un escritor y qué es lo que hace si realmente se consagra a su trabajo. Los escritores son experimentadores, su trabajo consiste en seguir la pista de esas sustancias peligrosas llamadas temas, los temas profundos de su época. Estos temas son procesados, descompuestos, filtrados, invertidos, recompuestos. Se trata, eo ipso, de un trabajo arriesgado, no se domina ningún problema sólo pertrechado con buena voluntad.[...]
[los escritores] tienen la obligación de explorar las obscenidades, las zonas de penumbra, de desplazar y manipular todas las sustancias explosivas de las que huye la conciencia cotidiana. Es un peligroso síntoma de decadencia en la opinión pública el hecho de que hasta los críticos, esto es, los intelectuales mediáticos, hayan dejado de comprender qué es lo que hace un autor cuando experimenta y pone a prueba los aspectos explosivos de las materias peligrosas.[...]
de la «Entrevista con Fabrice Zimmer » :: Magazine Littérarie (mayo 2000)
[...] ¿Qué es finalmente el fascismo sino la política del resentimiento en estado puro? Para evitar que se desarrollen las corrientes micro y macro fascistas que existen en la sociedad, sería necesario que el intelectual se convirtiese a otra manera de hacer y de pensar; que acepte su responsabilidad social que consiste en impedir que los decepcionados adopten la política de lo peor. Eso es todo lo contrario a lo que se ha visto hasta ahora y todavía recientemente en Austria con el ascenso de Jörg Haider. Hace doce años que voy con regularidad a Austria y hace doce años, Heider era no más que un pequeño político de provincias, ciertamente elocuente pero tímido, timorato, sin importancia ni porvenir. Y fue la izquierda cristiana quien, conduciendo una especie de campaña electoral permanente contra él, a través de una estrategia absolutamente idiota de diabolización, le entregó su energía, fabricó su nuevo poder. El ascenso de Haider es, pues, un ascenso irresistible en las condiciones de la ingenuidad, pero absolutamente resistible desde el momento en que se salga lúcidamente de una lógica bivalente, maniquea, de una visión paranoica del mundo.
