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   «... el Dorado para todos»

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por J.A.G.    
Aranjuez (Madrid) —mayo 2009—



     Más de 7 años atrás, en la silla incómoda de una oficina de su banco de entonces, junto a su pareja, discutía con la mujer encargada de su cuenta corriente, desde más de otros 7 años atrás, sobre si le iban a aprobar la petición de hipoteca o no. Era que no, le decía Mª José, y el caso es que no lo entendía porque si fuera por ella habría aprobado la hipoteca en el mismo momento en que Javier, el peticionario, se presentó en la oficina a pedir la información sobre las condiciones que ofertaban en este tipo de producto bancario. Era el Banco «G». Javier tenía la cuenta allí desde hace años, tenía un buen trabajo y su pareja también, una niña de su anterior matrimonio y una nueva en camino. Ya era hora de sentar la cabeza y comprar vivienda. Era el año 2002, todo crecimiento y optimismo del ladrillo, pero aún no el globo gigantesco que llegó a ser los años siguientes. Hasta la gran explosión. Era un buen momento para comprar. El jefe de la pareja de Javier, Ángela, trabajaba de director en una constructora pequeña, integrada en un gran grupo español internacional. Él le dijo a Ángela, en un momento-café en la empresa, que si iban a comprar que se decidieran cuanto antes, que en poco tiempo iban a subir de forma exagerada los pisos, las casas, los locales, todo. Por eso, y porque tenían ganas de un hogar, se decidieron a ir a su banco y aquella mujer les dijo que no, que su jefe no aprobaba la operación. Tras una primera reacción de cierto bloqueo de la pareja y de su asesora bancaria, se sucedieron las explicaciones. Nada que Ángela y Javier esperaran oír. Mª José cambio el tono, el timbre, la postura y la expresión de la cara y les dijo:

«Lo que va a ocurrir en los próximos meses y creo que años, es culpa de nosotros, los bancos. Todo se va a desinflar y lo que esperamos es que pueda hacerse despacio, poco a poco, sin explosiones dramáticas para la mayoría de la población. Hemos inflado, la banca quiero decir, el precio del ladrillo, porque hace unos años decidimos que como el euribor iba a estar muy bajo por la directriz de Bruselas, la única manera de seguir obteniendo enormes beneficios año tras año era aprobar todas las hipotecas que nos pidieran, a 30, 40 o 50 años si hacía falta, a cualquier persona, sin respetar la regla de prudencia del 30% de los ingresos del peticionario como tope para aceptarla... en definitiva dimos el pistoletazo de salida, junto con los políticos por supuesto, para que surgieran constructores y empresas e inversores privados y públicos y la madre que nos parió a todos, de debajo de las piedras. El Dorado para todos, pero sobre todo para nosotros, que conocíamos las reglas. Ahora sabemos que esto se va a hundir, unos meses más, unos pocos años, pero esto va a explotar, todo es ficticio, el valor esta inflado al menos en tres veces  lo real o más, y tenemos que dejar el barco. No podemos daros la hipoteca.»

     Ángela y Javier se levantaron y se fueron de allí. No tuvieron que cancelar su cuenta corriente en aquel banco. Mª José lo hizo por ellos sin que se lo pidieran. Se fueron a otro banco, el que tenía la subrogación de la constructora de su nueva casa y firmaron la hipoteca de 150000 euros. A los pocos meses su casa ya valía del doble en el mercado libre. Corría el año 2003 y se empezaba a hablar de la burbuja inmobiliaria, pero suavemente. En 2008 vieron como algún que otro político decía que no se esperaban que la crisis llegara, que no había crisis.
Angustia En 2009 oyeron a mucha gente decir que no era esperable que esto fuera a ocurrir de forma tan profunda y dramática, y que lo peor está por venir. Deberían haber hablado con Mª José, de aquella simple oficina bancaria, la única persona que sabía que todo esto era mentira, la única decente para decirlo ¿o había más?

     Hoy he recordado aquella historia mientras paseaba con una amiga antropóloga e investigadora social. Le he preguntado por su diagnóstico sobre lo que cree que va a pasar. Me esperaba un no sé, nadie lo sabe, pero no, me dijo secamente: «la clase media va a desaparecer en su gran mayoría al final de año, se va a pasar hambre y miseria, y vamos a vivir varios años de pobreza como la que tú y yo no hemos conocido en la vida.»
Ojalá mi amiga no sea como Mª José, ojalá no me haya dicho la verdad.

_______J.A.G. 

«Angustia»
de Sonia Otamendi

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