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Cuando estoy muy loca hay tres cosas que hacen que me calme, pintar o cocinar, –ambas cosas me gustan en la misma medida–, y escuchar música. Hoy no podía ir a pintar al taller porque se me ha roto el cerramiento y entra demasiado frío. Después de varios días más veraniegos que primaverales se ha venido el frío otra vez.
Cociné entonces, mucho y variado. Y está bien, porque a pesar de que somos sólo dos, siempre cae un tercero, sobre todo ahora que mi hijo mayor está viviendo cerca de Lomas, pero trabaja acá: entonces siempre pienso que puede caer, y no me equivoco, viene. Está terminando su casa que queda a seis cuadras de la mía, pero la crisis económica hizo que debiera suspender, todavía le falta bastante, pero posiblemente antes de navidad estará habitable y se vendrán, y poco a poco irán terminando.
En cuanto a la música, hoy pensaba en mi madre. Era una mujer very british (de las victorianas) y sehr deutsche (de las prusianas), una mezcla complicada para poder demostrar afecto, emociones. Sin embargo la emocionaba profundamente la música. Todos los años sacaba abono en el Colón y no se perdía concierto. En realidad sacaba dos localidades –siempre era platea, fila 14, punta de banco y la de al lado– y nos llevaba a mi hermana o a mí. A mi hermana le gustaba el ballet. A mí no me gustaba nada. En realidad creo que como yo era terriblemente inquieta, el tener que estar inmóvil y callada durante esas dos horas era una tortura. Pero la música me fue penetrando ya que también todo el día estaba encendida la radio con el dial clavado en Radio del Estado, que en aquellos tiempos sólo emitía música clásica. Y cuando aparecieron las radios a transistores también, sólo que la llevaba consigo, escaleras arriba y abajo, al jardín, hasta al baño si estaba escuchando algo que le gustaba mucho.
Ahora pienso que la música debe de haber sido su consuelo. Lo pensé anoche cuando sentí la necesidad de escuchar música. No tengo un equipo adecuado, pero conseguí unos parlantes bastante buenos para la PC que suenan aceptablemente bien. Entonces busqué entre los CD y puse algo de Beethoven, pero no era eso, y después la Sinfonía Haffner y tampoco y me acordé del CD que me regalaste con las partitas de Bach y la Sonata N° 3, activé la repetición y la dejé sonando hasta que me fui a dormir.
A veces el entorno te abruma, la realidad te abruma. He pasado malos momentos con mi hijo menor que tuvo una recaída en su depresión y si bien ya sé cómo es esto, sé que lo medican y poco a poco sale a flote, en el momento me desespera verlo sufrir, no puedo evitarlo, y eso me impide leer, escribir, hasta conversar, y entonces pinto, o cocino, o escucho música. También estoy muy conmovida por Carlos, mi amigo del alma, al que le han diagnosticado cáncer de pulmón. Está haciendo todo lo que debe hacerse, y afortunadamente puede.
 Pero dejemos las pálidas y hablemos de las cosas lindas de la vida como las flores anaranjadas de taco de reina que veo treparse (yo hago que todo trepe) por el caño de la pérgola y los jazmines blancos que han explotado de golpe. Te diré que a distancia has influido en mi vida. Cuando hablé del jardín y me sugeriste que lo acompañara con fotografías te contesté que mi jardín era un asco, que lo que describía era lo que veo más arriba, pasando el muro, y era cierto. Entonces decidí hacer algo para hermosearlo porque las flores de que hablo están, y los jazmines perfuman pero están entre medio de todas las porquerías que junto con mi alma de ciruja, (palabra que no está en el DRAE) pero que más o menos sería la persona que revisa la basura y se la lleva para hacer otra cosa, que por lo general no hace sino que se limita a acumular, y cirujeo sería la acción del cirujear. En realidad no llego a tanto como revisar la basura, pero sí levantar lo que encuentro. Bien, no sin dolor, eliminé muchas de las cosas acumuladas, las puse en la calle y como no se las llevaron ni siquiera los cirujas, las fui embolsando y así se las han llevado los basureros. Todavía falta, y mucho, pero estoy encaminada. Además hice puntear y remover la tierra para plantar un pasto brasilero, la grama bahiana, que es parecido al césped. No pienso cortar las enredaderas que siguen tapizando las medianeras, pero sí disciplinarlas un poco. Ya ves.
La tarde está calma, ha dejado de llover y hace frío, de todos modos estoy bien abrigada pero con la puerta que da al fondo abierta porque no me gusta el encierro. (Así son las bronquitis que me pesco después). Las últimas palomas están comiendo las semillas que les he tirado y por fin tengo cierta paz. _________
(*) No sé si allá, –si será universal–, pero aquí, en Buenos Aires, en los viejos bares colgaba enmarcado un edicto policial que nunca leí, pero que estaba encabezado así, con letras mayúsculas: DEL ALCOHOL Y OTRAS INTOXICACIONES.
_______ S.O.
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