Hacia el día 10 del mes de junio pasado recibí el siguiente correo de Sonia Otamendi:
Una joven fotógrafa de Quilmes tomó estas magníficas fotografías con las que ilustré el texto de Barone. Si te gusta podrías ponerlo en ANTELESPEJO.
La negativa era impensable. Sonia lo sabía muy bien y ahora el lector puede comprobarlo: he transcrito el texto de Orlando Barone cargado con la primera y la última de las ocho espléndidas fotos de Alejandra Falcone, y finalmente he volcado el mismo escrito en el soporte de © Microsoft Power Point, acompañado en este caso por todas las imágenes.
Es cierto lo que escribía Sandra Russo hace unas semanas: que conocimos antes a los sioux que a los mapuches. Es decir: crecimos y crecemos ficcionados por Hollywood. Continuándola a Russo, uno podría decir que los indios que nos mostraba y muestra nuestra historia son malos. Siempre aparecen en malones y secuestrando bellas blancas para hacerlas cautivas. Acechaban en las pampas y montes con sus lanzas, y atacaban al hombre civilizado que nada más quería posar su voluntad de trabajo sobre esa tierra gratuita que Dios ofrecía. El único indio bueno que nos enseñan es Ceferino Namuncurá: un chiquillo patagónico mapuche hijo de un cacique, que de creer en dioses paganos pasó a creer en Dios, en la Iglesia y en los blancos que generosamente los invitaron a civilizarse. Recién casi un siglo después la jujeña Milagro Sala surge como una imagen de india buena, pero por causas más terrestres y revolucionarias de las que carecían aquellos indios conversos.
Y tuvo la culpa Osvaldo Bayer con su “Patagonia rebelde” al removernos la inculcada idea de que la patriótica Conquista del Desierto fue la conquista a mansalva de los nativos que lo habitaban. Hoy los pueblos originarios —nombre que aglutina e identifica a tobas, huarpes, comechingones, wichis, guaraníes y mapuches y etc.— están ya en el obelisco. Un mutuo asombro corre de uno y otro lado.
El de los pueblos aborígenes de la caravana con sus ojos conmovidos ante esta ciudad alta, exótica, y sin horizonte. Y el asombro de los residentes urbanos —de nosotros, los beneficiados de la campaña del desierto— al ver esas etnias del National Geographic, pero vivas.
Para entender esa nueva inclusión en la historia de quienes fueron borrados de ella como de sus territorios, se tendrá que transformar dentro de uno aquellos cánones e influencias anacrónicas de abuelos y de padres, de libros y maestros. Abrir el manual cerrado de la cultura para ingresar capítulos omitidos largamente.
Lo que hoy está ocurriendo es como un movimiento de introspección colectiva extraordinario. Aún asumiendo el rechazo de quienes siguen recluyéndose en prejuicios. Porque hoy los argentinos nos vemos desafiados a mirarnos en el espejo entero. A compartir aquella imagen que bajaba de los barcos – o después de los aviones— con esta otra que brota de la tierra desde una antigüedad que torna reciente nuestra estadía blanca.
Los pueblos originarios no llegaron aquí a exhibir ante el turismo su pintoresquismo ni mansedumbre resignada. Entre ellos nuevos liderazgos se proponen ambiciosas reivindicaciones. ______________
Carta abierta leída el 21 de Mayo de 2010 en Radio del Plata. FUENTE: orlandobarone.blogspot.com
Fotografías de Alejandra Falcone _______________
Archivo pps [•] <<<
NOTA: La cadencia de aparición de las diapositivas del archivo pps es acorde con el tiempo necesario para leer los fragmentos del texto que acompaña a cada una. De todos modos se puede repetir con facilidad el visionado de cualquiera de ellas, o abreviarlo pasando con un click a la siguiente. Por supuesto es recomendable la exposición a "pantalla completa". |