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   DEUTSCHLAND nochmals

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por Alfonso A. Virella 
Alicante —marzo 2011—


Jede Nation spottet über die andern, und alle haben recht (*)
Arthur Schopenhauer (1788-1860)

     A principios de setiembre del pasado año leí en el periódico ABC que 'la primera economía europea necesita incorporar al menos 500.000 inmigrantes al año para garantizar su fortaleza económica y contener su envejecimiento'.
Suelo evitar la lectura de entrevistas, opiniones y coloquios protagonizados por el contingente que a partir de 1960 embarcó (embarcamos) en la estación del Norte ─hoy de Príncipe Pío─. Sin embargo, esta nueva llamada de Alemania (**) despertó mi interés, y pienso que en el equipaje de quienes la escuchen no pesarán demasiado las líneas que siguen.

Vaya por delante que la excepción confirma la regla, pero lo cierto es que el bagaje cultural que 'cargaban' aquellas maletas de cartón era liviano, rozaba el analfabetismo, lo cual condicionó radicalmente las facultades de discernir y juzgar de sus portadores. Tras años y más años de permanencia en la RFA, sus comentarios se reducen a casuística, incongruencias y banalidades. No conocen ni a un autor, ni un hecho histórico, ni político, ni el texto de una canción tradicional y quizás sea lo más grave que malinterpretan el idioma. Confunden la realidad, pero se les llena la boca cuando se menciona la palabra Alemania, de la que verdaderamente saben tanto como si hubiesen vivido en Vietnam... Curiosamente, estas 'situaciones' parece que portaban el 'efecto boomerang', manifiesto en muchos de los teutones que residen desde hace décadas en nuestras costas, a quienes conozco bien. De ellos, los que se creen más listos terminan resultando peores que el resto.

En cualquier caso, la intención (die Absicht) que me ha movido a redactar este breve comentario es dejar constancia de lo 'positivo' que el tránsito por 'el país de los gigantes de la Filosofía' puede aportar a quien sepa aprovecharlo.

    Para empezar, no puedo decir que fuese mal recibido. Eso sí, procuré adaptarme pronto, aprender el idioma y no dar la nota, tanto en el comportamiento como en el vestir, las estridencias, etc. El resultado fue que me aceptaron en recintos y locales donde no querían extranjeros altisonantes. En mis horas libres rehuía el contacto con mis compatriotas españoles, andaba siempre mezclado con nativos, aprendiendo sus costumbres y las letras de sus cánticos, interesándome en indagar el porqué de sus aficiones y conductas.

Porque no es cierto que por entonces nos discriminaran, que no tuviéramos las mismas oportunidades, sino más bien que el grueso de nuestra tropa no tenía cualificación alguna. Comencé de peón en la metalurgia, pero ya en 1960, en la misma fábrica que me empleó, trabajaba algún español como fresador, tornero o ajustador, era apreciado por la dirección y cobraba un buen jornal.
El calificativo Gastarbeiter o trabajador invitado se usaba para referirse a nosotros, no únicamente en fábricas y tugurios sino también en periódicos y revistas. En siniestras épocas anteriores, los trabajadores (forzados) que utilizaba la industria alemana eran denominados Fremdarbeiter (Fremd = extraño, desconocido) y seguramente se pretendió suavizar (eufemizar) el término anterior. Pero esto no podía saberlo un emigrante que jamás leyó tres líneas seguidas en alemán.

Tal como se ha dicho después en el periódico, la mayoría tenía los pies aquí y la cabeza allá. Hay que comprender que buena parte de aquellos viajeros habían dejado atrás mujer e hijos, quienes a su vez dependían mensualmente del giro para subsistir y no estaban en condiciones para entregarse alegremente al día a día o noche a noche berlinés, ni a gastarse un solo marco más de la cuenta. Los que así lo hicieron, sumieron a los suyos en la desesperación y la pobreza; más de un caso me tocó vivirlo de cerca.
En fin, la tajante afirmación de que allí "habla inglés hasta el frutero" no puedo compartirla, si bien los que han cursado estudios suelen tener por supuesto un buen nivel. Por contrapartida, millones de currantes no pasan de los conocimientos lingüísticos que podamos tener nosotros.

    Medio siglo nos contempla. Hoy nos toca acoger a una inmigración masiva y resulta que no nos diferenciamos tanto de los demás. El epíteto "sin papeles" me suena incluso peor que Gastarbeiter.
Schopenhauer estaba en lo cierto.
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     (*) Cada nación se burla de las otras y todas tienen razón
    (**) 'Deutschland ruft nochmals', es decir, 'Alemania llama de nuevo'

  A.A.V. 
 

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