[RC-IV] |
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EL ÚLTIMO PERIÓDICO
Dos hombres uniformados entran en el apartamento. Ambos lucen en la
bocamanga derecha de sus pellizas una insignia, un disco de fondo azul turquesa donde las letras «CS» destacan en relieve de un rojo rabioso.
El hombre más bajo tiene en la mano un teléfono móvil y mira expectante al otro que lleva colgado en bandolera un bulto, una especie de cofre embutido en una funda de cuero negra. La funda deja descubierta una
ventanilla rectangular en la parte superior. El hombre alto concentra su atención en la aguja que a intervalos cada vez más cortos ve avanzar y retroceder en la ventanilla. Cuando la aguja se detiene, el hombre suspira audiblemente y le habla a su compañero:
—La contaminación no es alta, estamos en la franja amarilla. No cierres la puerta y abre ese ventanuco, para que esto se ventile... aunque huela poco me pone de los nervios... ya puedes ir informando de lo que ves en este agujero. Cuando yo te hable, si no te digo lo contrario, ten el telefonino abierto...
—Bueno, hay poca cosa: una especie de armario pequeño del que sale una tabla que hace de mesa...
—Eso se llama buró; la tapa que lo cierra es lo que sirve de mesa...
—Está bien... pues en la tapa que hace de mesa hay un ordenador portátil abierto y a su lado una grabadora. Al lado, hace de mesa una caja de cartón grande, de embalar; encima hay una impresora, seguramente la que estaba dentro de la caja...
—Vale, pero sé más breve, di lo que ves y guárdate tu opinión
—Bueno, sólo quería ayudar...
La mirada cargada de desprecio que le fulmina el hombre alto le hace enrojecer, traga saliva y continúa casi tartamudeando:
—Hay... está, quiero decir... en la pared de la ventana un sofá cama sin recoger, sin hacer de sofá, quiero decir... y en la de enfrente unas tablas de madera llenas de libros y revistas... hay también libros amontonados en el suelo... una silla con ruedas delante del buró, un teléfono antiguo encima... y también un periódico... creo, creo que es todo...
—¿Y al lado de la silla? ¿eres ciego o estúpido?
—¡Ah sí!, perdona, la papelera... perdona...
—Vale, la aguja roza el verde. Pon en marcha la grabadora
—Pero la cinta está al final, a tope
—Pues a qué esperas: rebobina, ponla en marcha y deja el móvil a su lado. Ahora es la cinta lo que tienen que escuchar, no a ti
—¿Y qué tal, si no t'importa, si nos quitamos la pelliza? Sudo como...
—Ni se te ocurra. Cuando se suda los poros de la piel están abiertos, pero si quieres coger lo que tu sabes...
—No, no... tú mandas, ya m'aguanto...
Después del ruido de fondo de los primeros segundos de recorrido de la cinta, una voz profunda y pausada sorprende a los dos hombres. El más alto alcanza el sofá cama en una zancada; el otro le sigue sin dudarlo. Entre los dos estiran la manta ligera que está revuelta con las sábanas y se sientan encima. Se pierden las primeras palabras. El hombre bajo pregunta con la mirada si debe volver a rebobinar, pero recibe una mueca por respuesta:
» ... ... ... huele raro y además hace calor... voy a salir a averiguar lo que sucede ... si he decidido explicar mi situación de viva voz es porque no he podido hacerlo por escrito ... el jueves empecé a leer el periódico como siempre por la última página y el sitio de mi columnista preferido lo ocupaba otro ... otro conocido que a mi me carga ... pero no le di más importancia ... tampoco estaba el viernes y supuse que había pescado la gripe ... sin embargo me pareció muy raro el lunes que no había noticia de su falta ... porque ese periodista es lo que se dice un pilar básico del diario ... ... en otra ocasión cayó enfermo y las notas de cómo iba su enfermedad aparecían un día sí y otro también ... por eso antes de llamar a la redacción volví a revisar el periódico a conciencia ... por si había pasado por alto algún comentario de otro redactor ... pero no había ... y entonces noté que faltaban también artículos de otros columnistas y que el periódico traía cuatro páginas menos ... ... entonces llamé ... encontré la línea ocupada pero eso no me extrañó ... seguro que muchos otros lectores estaban llamando pensé ... pero media hora después de mil intentos casi seguidos me pareció demasiado el bloqueo ... entonces llamé al otro periódico de alcance nacional ... bueno hay más pero apenas cuentan ... saltó un contestador automático pidiéndome el nombre y dándome dos minutos para hacer mi pregunta ... antes de colgar indignado solté nervioso lo primero que se me ocurrió ... sabe alguien ahí qué coño pasa ... fue lo que dije ...
—¡Corta, rápido, corta! Aprieta la pausa y rebobina... avanza hasta donde ha dicho "hacer mi pregunta"
—Ahí, párate ahí, ¿ves que no se identifica?
—¿Y qué pasa?
—Ya, que no entiendes nada, pues pasa que pensó que así no lo íbamos a encontrar... ¡estúpido, listillo, te ha lucido el pelo! Y tú qué esperas: aprieta otra vez el play...
» ... ... colgar indignado solté nervioso lo primero que se me ocurrió ... sabe alguien ahí qué coño pasa ... fue lo que dije ... entonces me volvió la sensación incómoda que me rondaba por la cabeza mientras repasaba y releía hoja tras hoja ... una o dos noticias ví que la papelera estaba limpia y supongo que la mancha amarillenta del fondo siempre estuvo ... como el dinosaurio de Monterroso ... y es que nunca me doy cuenta de las cosas a la primera y pensar entonces eso me llevó a la solución del problema ... reactivé el portátil pinché de inmediato en el monigote ... bueno ... en el icono del periódico que destaca en mi lista de favoritos ... salté de la edición güeb a la impresa y en la pantalla apareció la portada ... idéntica a la de papel ... entonces me sentí aliviado ... pero aliviado de qué ... me pregunté ... lo que tenía que buscar era el periódico del viernes ... así que el ratón para pinchar en los números anteriores ... la pantalla quedó en blanco pero enseguida escupió el odioso cartelito de conexión perdida ... reinicié toda la operación otra vez ... y una tercera ... sin éxito ... pensé que si mandaba un correo múltiple a la gente de la tribu de enganchados permanentes alguien respondería ...abrí mi buzón ... el mensaje tenía que sonar muy urgente ... empezar con sos ... aunque fuera vulgar funcionaría seguro ... con las yemas de los dedos en la posición canónica para el teclado cuerty ... lancé...

—¡Joder!, ¿qué dice este tío?, ¿canino, curti?
—¡Qué bruto eres! Lo primero, en vez de cortar de golpe, aprieta el pause. Ahora rebobina y entérate cuando lo repita. No ha dicho canino sino canónica, que es cosa de la iglesia. Y lo del teclado es por el inventor de las máquinas de escribir
—¡Qué gilipollez!
—¡Eso! Pues deja de hacerte preguntas, ya te he dicho que te guardes tu opinión... íbamos por teclado... dale atrás y para... un toque más adelante: ¡ahí!
» ... lancé la orden mental a mi anular izquierdo para que pulsara la letra ese ... no tuve respuesta ... en la pantalla blanca parpadeaba el cursor ... mi dedo no se había movido ... pensé que tenía que haber pulsado a tiempo la tecla de mayúsculas extendiendo el meñique derecho ... era una idea estúpida ... lo sabía ... pero ya estaba realmente descentrado ... respiré hondo ... manos a la obra me dije y ordené a mis dedos que actuaran a la vez ... ni uno solo se movió ... el alceimer ataca a mis manos exclamé medio sollozando ...
—¿Y ahora por qué has parado tú?
—Para que estén seguros de que ha dicho Alzheimer. Lo de las vacas locas; eso les va a encantar...
—No lo entiendo... tampoco lo del periodista
—No importa. Basta que sepas que los periodistas son peligrosos, y el que le gusta a este tipo es el peor de todos
—Pero dijiste que ya estaban controlados todos cuando...
—Mejor te callas... terminemos este rollo de una vez
—¿Retraso la cinta?
—No hace falta, lo del Alzheimer quedó claro
» ... la descarga histérica me ayudó ... inspiré profundamente y decidí probar con cualquier otra palabra: auxilio por ejemplo era tan buena como sos y sin mayúsculas ... entonces ... nada más lo pensé ... el meñique izquierdo el que debía de pulsar la letra a se me quedó como una alcayata ... en el estómago los cereales del desayuno parecían hervir ... ya empezaban a buscar el camino de vuelta por el esófago ... los pude contener sabiendo que la catástrofe sería completa si vomitaba sobre el teclado ... me concentré hasta el máximo cerré los ojos y conseguí levantar las manos un centímetro ... ... desde esa posición dejé a los dedos moverse a su aire pulsando letras al azar ... ... solté despacio el aire ... aborté la vomitona y con ello el ataque de pánico ... abrí los ojos ... unas decenas de letras y signos me devolvieron el resuello pero también a la situación de confusión ... dentro del chorro de letras sin sentido dos grupos de cuatro decían hijo y roer ... me devané los sesos tratando de encontrar un significado oculto a lo que no podía ser más que producto del azar ... me saqué de la cabeza como pude la imagen de saturno ... la espantosa pintura de goya ... y me decidí a ensayar de nuevo tratando esta vez de escribir hijo ... recoloqué los dedos sobre las teclas, volví a cerrar los ojos y ordené al índice de la mano derecha que se desplazara hacia la izquierda para pulsar la hache y al anular que lo siguiera con la letra i ... inútil intento ... con dos dedos agarrotados estaba peor que antes... a duras penas controlaba ya el pánico ... me faltaba aire pero hice un esfuerzo ... eché la cabeza hacia atrás y quedé mirando a la mancha del techo que seguía allí ... así pasé unos minutos ... puede que menos ... y entonces concluí que mi miedo era infantil ... nada me dolía y notaba como desaparecía el agarrotamiento de los dedos en cuanto los retiraba de las teclas ... o si les dejaba tocarlas sin ton ni son ... ... por tanto concluí que la explicación de todo está fuera de casa ... y para empezar puede que en la misma redacción del periódico ... ... así que dejo el portátil abierto a internet ... por si llega un correo durante mi ausencia ... si tardo en volver o no regreso la cinta le servirá a cualquiera para meterse a investigar ... hoy es martes y trece ... son las diez de la mañana ... corto y cierro «
—¿Eso es todo?
—Está claro que sí
—Entonces habrá que destruir la cinta ¿no?
—¡Calla!, pásame el móvil
—Toma
— ... dicen que dejemos todo como estaba ... el ventanuco y la puerta cerrados ... que no rebobinemos la cinta ni toquemos la papelera ... que Águeda la descontaminará el sábado y limpiará el techo ... ¡la commedia e finita!
—¿Eso es que nos podemos ir a casa ya?
—No corras tanto. Toma, guarda el móvil. Ahora tenemos que pasar por el pabellón de reclutamiento. Nos darán instrucciones para los nuevos, lo que tenemos que enseñarles. Han llegado por docenas. Queda menos de un mes para las elecciones. Antes de dos semanas tienen que callar todas las críticas al presidente: ¡Cómo sea!, no olvides que esa es la consigna
—Y si se contagian otros que no dicen nada malo...
—Eso pasa siempre. A ver si te enteras que esas son las víctimas laterales. Siempre las hay
—Si tú lo dices... pero si son demasiadas... como pasó en el periódico... cuando fumigamos...
—Si no cierras la boca pediré que te degraden. No volverás a salir conmigo. Métete en la cabeza que ya no fumigamos, que no volverá a pasar... y además, si pasa ¿qué pasa?... pues sencillamente que habrá más periodistas que dejen de escribir...
—¿Y luego?
—Pues luego irán desapareciendo los periódicos. Siempre quedará el «Correo Social», el nuestro, el último. ¿No ves que su emblema es la insignia «CS», que es también nuestra consigna? ¡Cántala!
—¡CÓMO SEA!
—Otra vez
—¡CÓMO SEA!
—Eso es todo lo que necesitas saber. Larguémonos de aquí. ¡Vamos!, ¡echando leches!
***
FAB